Thursday, September 01, 2011

Perdí dos semanas leyendo a William Blake


De las 258 páginas que tiene el libro Obra Poética de William Blake que compré hace dos semanas, debo decir que para mi ¿sorpresa? ¿indignación? me gustaron sólo cuatro poemas. Sé que la literatura no es un partido de fútbol y que no tiene sentido valorar lo que leés de acuerdo a un resultado numérico, pero la verdad es que siento que perdí tiempo que podría haber ocupado en cosas más significativas.
Uno de los cuatro poemas es Gwin, Rey de Noruega, un poema épico cuya extensión y mi vagancia a la hora de copiarlo me prohibe reproducirlo acá. Me he dado cuenta que los poemas épicos me gustan. Tengo historia con la épica: los primeros textos literarios que leí cuando era chico (amén de un libro con obras de teatro de Alejandro Casona que conservaba mi mamá de sus años de secundaria) fueron poemas épicos y libros sobre mitología. De ahí viene, creo, también, mi amor por las historietas de superhéroes, que para mí son la mitología del siglo XX en adelante, y lo más épico que podemos encontrar en el arte de entretenimiento de masas... salvo tal vez por las películas de cowboys, que por otro lado ya están un poco desfasadas con los gustos modernos.
Los dos poemas que sí puedo reproducir son los que siguen:

*

El pequeño vagabundo

Madre amada, madre amada, la iglesia está yerta,
y la taberna es grata, placentera y tibia.
Puedo decir, por otra parte, dónde me tratan bien,
aunque tal trato nunca será bien visto por el cielo.

Si en la iglesia nos diesen un poco de cerveza
y un fuego grato para entibiar nuestras almas
cantaríamos y rezaríamos el día entero.
Nunca querríamos alejarnos de la iglesia.

Así el párroco podría predicar, beber y cantar.
Todos nos sentiríamos dichosos como pájaros en primavera
y la modesta dama contrahecha, que siempre está en la iglesia,
no tendría hijos patizambos ni repartiría ayunos y latigazos.

Y Dios, como un padre, se regocijaría al ver
a sus hijos tan apreciables y dichosos como Él.
Ya no reñiría al diablo,
sino que le besaría, dándole bebida y vestido.

*

El tigre

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes, en qué cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
¿Y al comenzar los latidos de tu corazón?
¿qué mano terrible? ¿Qué terrible pie?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras
osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?

*

El primero me hacer recordar el tiempo en que estaba compilando la Antología Básica del Vicio, y si algún día vuelvo a intentar armar esa recopilación de poemas acerca de drogas, mujeres y alcohol,  lo meto de cabeza.
El segundo es el clásico de Blake, su poema más conocido, y lo merece. Es realmente muy bueno. El procedimiento estilístico de las preguntas es eficiente porque son preguntas imposibles de contestar, casi las únicas preguntas que vale la pena hacer.
Y el otro poema que me gustó, aunque no sé si es justo darle ese nombre, es el llamado Proverbios del Infierno, que es en realidad algo así como los Greatest Hits de Blake: todos los buenos versos que seguro tenía desperdigados por ahí puestos uno detrás del otro sin casi ilación, sin casi un tema que los una. Es bueno, es efectivo, es denso, es polisignificante, pero depende mucho del laburo del lector verlo como un solo poema, la cohesión en sí del texto como algo unívoco, que apunta al mismo lugar, depende cien por ciento de la relaciones que el lector genere en su cabeza porque si somos honestos tenemos que decir que la gran mayoría de los versos son simplemente frases felices que Blake juntó porque se le ocurrió. Es efectivo, vuelvo a decir, y de ahí salen casi todos los versos del Blake que conocemos, que han sido citados por otros escritores o tomados como refranes, pero en realidad es una trampa de Blake. El viejo truco deponer toda la carne al asador a ver qué sale.
El resto es horrible. Supongo que es así porque lo que leí es una traducción, supongo que la poética de Blake debe apoyarse en la cadencia oral del inglés, el ritmo de los textos, los efectos sonoros, la combinación de palabras, la aliteración y ese tipo de cosas. De otra forma no puedo entender cómo textos que hablan acerca de nada, o que retratan postales mundanas, intrascendentes, o son como pequeñas cancioncitas o rondas sin mucho sentido, pueden ocupar el panteón de la poesía en lengua inglesa. Tampoco veo muy claro eso de que Blake haya sido un poeta inspirado, un visionario, un iniciado en lo esotérico, porque salvo Las bodas del Cielo y el Infierno, el libro donde están los Proverbios, no hay misticismo en el resto del libro. De hecho, hay mucha queja centrada en lo comercial (en su trabajo como grabador y dibujante), en el dinero, en las falsas amistades. Me hizo acordar a Llinás: a Blake también todos lo perjudican, todos lo traicionan, todos los malos artistas obtienen el reconocimiento que debería ser para él que es un capo absoluto. De pena leer un libro entero, de más de ciento veinte versos, ocupado de cabo a rabo por insultos a quienes considera estafadores, envidiosos, interesados, malos amigos y malos artistas; sacándose, claro está, a él mismo de todos esos conjuntos humanos. Los ingleses le llaman a eso “self-rightgeousness”, palabra compuesta que define a las personas que se creen del lado de todo lo justo, bello y bueno, y se separan así de los simples mortales. Hay mucha self-rightgeousness ahí afuera hoy mismo, lo cual  equivale a decir que hay mucha pelotudez ahí afuera.
Salvo esas cuatro perlas que nombré, fue un laburo arduo y nada bonito terminar el libro. Borges hubiera dicho que no había necesidad, que leer un libro debe ser un placer y no un martirio o una obligación. No me acuerdo dónde sostiene eso de que si empezás un libro y no te gusta tenés que dejarlo en seguida, pero es obvio que no estoy de acuerdo con eso (es casi lo único en lo que no estoy de acuerdo con Borges; citando a Watkins, “soy lo menos parricida que hay”, no necesito decir que escritores evidentemente maravillosos son una mierda sólo para armar revuelo y hacerme el copado), y también es obvio que no pasé por la lectura de doscientas y algo de páginas que me parecieron malas porque me gusta hacerme mala sangre. Lo hice porque hasta que no llegás a la última página no podés estar seguro de que todo es malo, porque siempre cabe la posibilidad de que el último poema o el último cuento hagan valer la pena todo un libro. Y fue más o menos así, porque los Proverbios están casi al final.
¿Cuatro poemas redimen a un libro entero? No sé, pero voy a tratar de recordarlos y olvidarme del resto y de mis dos semanas perdidas.


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Thursday, August 18, 2011

Sobre héroes y aliens


Anoche vi Repo Men. Horrible película. Una decepción, dado que trabajan dos buenos actores como Jude Law y Forrest Whitaker, y un tipo que nunca molesta como Liev Schreiber. La dirección no es del todo mala así que no me queda otra que achacarle su nivel de asquerosidad al guión.
La idea en sí es buena, digna de la mejor ciencia-ficción, o sea, llevar una situación actual a su extremo pero no anularla por reducción al absurdo sino darle vida, pensar en sus repercusiones y los problemas que generaría y cómo afectaría a seres humanos normales, reales, que no puedan sino vivir en esa realidad extrema y absurda pero que para ellos es el único mundo posible.
En este caso, la realidad dicta que los órganos del cuerpo pueden ser emulados por una compañía (el monopolio es algo que le resta verosimilitud a la historia) que, como pasa con cualquier otro bien de compra-venta en EEUU, si no lo pagás en tiempo y forma y la empresa agota los avisos de deuda y los apremios legales, envía a los Repo Men (los Confiscadores) a tu casa para quitártelo quieras o no.
Lo primero que me causó impresión es que la película muestra mucha sangre, pero si se tiene en cuenta la trama, creo que es en realidad la sangre necesaria, así que no puedo decir que eso esté mal.
Lo que está realmente mal, pero mal mal, es la forma en que las personalidades de los protagonistas, sobre todo del héroe de la historia, van variando a lo largo del film sin el menor motivo: primero parece tranquilo, calmado, indiferente; después lo muestran en sus días como soldado, como un bardero irresponsable que busca cualquier excusa para pelear; después como un padre de familia disfuncional; después como una persona humanitaria (en una escena que hace recordar mucho el principio de Los Increíbles, con el superhéroe frustrado detrás de un escritorio). Peor la corto acá porque si sigo enumerando las inconsistencias del guión estoy hasta pasado mañana.
De lo que me di cuenta con esta película es que el héroe típico de los blockbusters yankis es el héroe del egoísmo, el héroe que reacciona sólo cuando lo tocan a él, el héroe que ve el mal sólo cuando el mal le arranca un pedazo a mordiscos. Y eso no es un héroe para nada.
Creería que un héroe es alguien que hace lo correcto y se enfrenta a la injusticia aún sin sacar ningún rédito y sin ser afectado por ella, que actúa guiado por una ética superior y no por la conveniencia. Si luchas contra el sistema o la persona o la empresa que te perjudica no sos un héroe, sos un ser humano racional actuando como un ser humano racional, haciendo lo posible por mejorar tu calidad de vida y tu bienestar, defendiéndote de eso que te ataca como cualquier, ya no ser humano, sino como cualquier animal lo haría. Pero esas son las personas a las cuales las películas simplonas elevan a la categoría de héroe.
Braveheart, Corazón Valiente: William Wallace pretender una vida tranquila, sin meterse en problemas con los ingleses que viven a costa de sus compatriotas, hasta que los ingleses matan a su esposa clandestina. Nace un héroe.
The Patriot, El Patriota: otra vez Mel Gibson. Benjamin Martin quiere olvidar la guerra, vivir son tranquilo con su familia sin enfrentarse a los ingleses hasta que los ingleses matan a su hijo.
Gladiador: Maximus es el mejor general del Imperio Romano, el favorito del César, vive para la conquista y la grandeza de Roma, hasta que el nuevo emperador masacra a su familia y lo da por muerto a manos de los que eran sus subordinados. Nace un héroe.
Avatar: Jack Sulley participa como sujeto en un experimento para manipular clones modificados genéticamente que simulan cuerpos extraterrestre a fin de conquistar un planeta alienígena; vive con los nativos, se encariña con ellos, es aceptado como parte de su sociedad, entonces, cuando los líderes del complejo industrial-militar para el cual trabaja planean destruir a los aliens, él siente que va a destruir a su gente, a su pueblo, siente que lo están atacando a él, a lo que eligió ser. Nace un héroe.
Repo Men: Remy trabaja como Confiscador de órganos artificiales, con lo cual no tiene el menor problema moral, hasta que sufre un accidente, deben implantarle un corazón artificial que no puede pagar y termina enfrentándose con sus propios compañeros. Nace un héroe.
Los comics tampoco están libre de culpa. Y eso que, desde mi punto de vista, si en algún lugar se puede encontrar todavía el heroísmo puro y arquetípico hoy en día es en los comics de superhéroes. Pero este tipo de héroe que actúa sólo come reacción contra el mal que lo afecta existe también ahí.
Spider-Man: Peter Parker obtiene poderes por la picadura de una araña radioactiva y trata de sacara provecho de ellos para ganar dinero, no se preocupa por ayudar a otros con esos poderes, hasta que un ladrón que antes había dejado escapar mata a su tío Ben. Nace un héroe.
No parece raro que esa noción de héroe se haya gestado, o al menos haya sido llevada a su máxima potencia en el modo de expresión cultural y de entretenimiento más masivo del mundo, que es el cine, en Norteamérica, la capital del individualismo y el consumismo: “me convierto en un héroe cuando me tocan a mí, cuando amenazan mi bienestar, mi comodidad o mi vida”, “me convierto en un héroe cuando me lleva a actuar el egoísmo, no una ética subyacente y desinteresada”, “me convierto en un héroe cuando sólo pienso en mí”.

Otra cosa que me preocupa un poco es la actitud de las películas yankis acerca de los extraterrestres, de lo cual me di cuenta el mes pasado cuando mi hermana menor ganó dos entrada para ver Transformes 3, y que se terminó de asentar en mi conciencia cuando miré hace un par de semanas Battlefield: Los Angeles, que para ser justos es más una película bélica que de invasiones extraterrestres. Igual, es una mala película, sea cual sea el género al que se la adscriba. Y siempre que pienso en la actitud de EEUU hacia sus conquistas militares indignas, mentirosas, sin justificativo moral alguno, me acuerdo de una frase de Kurt Vonegut, cuando dijo que ganar la segunda guerra mundial fue lo peor que pudo haberle pasado a Estados Unidos como país, porque la maldad manifiesta de los nazis, encarnada en los campos de concentración, le dio la sensación a los yankis de haber peleado contra el mal puro y que (maniqueísmo mediante) eso significaba que ellos, hicieran lo que hicieran, de una vez y para siempre, habían quedado convertidos en el bien puro. Y como esa justificación de a poco, gracias a décadas de revisionismo y su propio proceder, que fue demostrando que no eran lo opuesto al mal por ser el bien, sino que los males son varios y que, en todo caso y casi con seguridad, son simplemente un mal de una pureza distinta, creo que están tratando de buscar una justificación a futuro. Cuando veo esas pelícuals de aliens que sólo quieren destruir, que vienen por los recursos de la tierra y para conseguirlos planean borrar al ser humano de la faz de la tierra sin siquiera un aviso previo, lo que leo entre líneas es “sí, somos el mal, pero cuando los salvemos de los extraterrestres vamos a ser el bien de nuevo, o por lo menos vamos a ser el mal menor, y ahí van a agradecer todas las guerras impías que empezamos por conveniencia y que no fueron otra cosa que prácticas, guerritas de prueba, para prepararnos para esta gran batalla por el destino de la humanidad”.
Pero, como siempre digo, cabe la posibilidad de que yo esté totalmente equivocado y que esto que dije sean puras idioteces.

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PD: ¿No he visto buenas películas en estas últimas semanas?
Sí. Rango. Una película de animación. Lo cual no me asombra para nada.


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Wednesday, July 20, 2011

¿Quién es Montt?


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Ayer compré el libro ¿Quién es Montt?, del humorista chileno homónimo. Es un poco caro, 49 mangos, pero ya he dicho varias veces que gasto mucho más en comics que en libros. De hecho venía de comprar Mundo Anillo de Larry Niven en un canje a 15 pesos, pero creo que la diferencia es que la historieta es un medio visual y por eso se valora más la calidad del papel, de la impresión, que el libro sea nuevo y esté en perfecto estado, mientras que como en un libro lo único que importa es el texo, mientras se pueda leer, puese estar impreso en papel higiénico amarillento que lo disfrutás y lo aprovechás igual.
Como sea, Montt es buenísimo.
El libro es un poco corto, por ahí es demasiado 50 mangos por algo que se lee en una hora, así que supongo que de ahora en adelante lo seguiré en su glo (que dejó ahora como link). Pásense, más de una risa les va a sacar seguro.

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Tuesday, July 05, 2011

Ser escritor

Vagando por los blogs de conocidos de conocidos llegué a una entrada donde un colega aspirante sostenía que la denominación de escritor se debería aplicar a toda persona que escriba de forma constante (“con cierta frecuencia”), sin importar la calidad de lo que produzca (“lo puede hacer bien, mal o regular”), sin ningún tipo de sanción externa, es decir, conservando el título de escritor sin importar qué pase.
No estoy de acuerdo. Nunca estuve de acuerdo. Mi opción de búsqueda es la contraria: no la pretensión de bajar más al ras del suelo el mote de escritor sino encontrar una palabra para llamarnos a quienes estamos todavía en el camino. En un camino eterno, sin meta final alcanzable, que son los únicos caminos que vale la pena recorrer.
Hay muchas personas para quienes tener algo que decir y poder ponerlo por escrito lo transforman en un escritor. No es así. Que puedas escribir señala que pasaste con cierto éxito por la primaria, nada más. Que tengas cosas para decir significa simplemente que tu cerebro funciona de forma aceptable y genera ideas, que cumple con el cometido fisiológico de un cerebro sano y desarrollado. Eso no alcanza para hacer a un escritor.
Para otros, sentir la necesidad imperiosa de dejar salir algo de su interior a través de la escritura los convierte en escritores. Tampoco es así. Cuando me junto a comer asado con mis compañeros de trabajo y paso varias horas bajando una cerveza tras otra, a las cinco de la mañana ya siento la necesidad imperiosa de dejar salir algo de mi interior, pero eso no significa que nadie merezca que le saque una foto a mi charquito de vómito y se la muestre con orgullo de padre primerizo como nadie merece que le ofrezca disfrazada de texto literario mi catarsis y mis neurosis.
Hay personas que creen que escribir bien es escribir “literariamente”, escribir estrictamente, coma por coma, como se considera acá y ahora que debe escribir un escritor. No es así para nada. Ni a palos. Escribir así termina siendo predecible, vació, sin vida y cansador. Un texto confeccionado desde este punto de vista suele organizarse de la siguiente manera: cliché-conector-cliché, frase hecha-conector-frase hecha. Porque en el mismo momento en que un texto cercano en el tiempo comienza a considerarse literario ya deja de serlo. La literatura es un sistema que funciona corriendo los límites concéntricos de varios círculos que conforman subsiguientes divisiones en círculo-periferia: cuando algo está cerca del centro pierde su efecto como literatura el día de hoy. Con el tiempo puede volver como un clásico pero, con los pies firmes en el hoy, literatura es lo que no ha sido literatura aún o (desde una concepción de la historia basada en el eterno retorno) lo que fue literatura hace tanto tiempo que ha perdido su relevancia y tiene la posibilidad de regresar para ganarla otra vez frente a nuevas generaciones, a nuevos lectores, desafiando las nuevas reglas de la literatura, siendo la periferia de una nuevo centro.
Partamos del punto de que ser escritor es ante todo y en principio un hecho y un acto estético. Ni moral ni ideológico ni basado en la personalidad o en la pose. Es un acto estético que requiere un reconocimiento externo (y hasta una sanción, tal vez) porque existe algo llamado público que es el otro extremo del circuito de la comunicación, el extremo que completa la sucesión emisor-mensaje-receptor. No sé por qué en otras artes no cuela eso de “pinto para mí”, “actúo para mí”, “dirijo para mí”, “compongo para mí”, pero cuando alguien dice “escribo para mí” no suena tan pelotudo y suena incluso hasta cool. Aunque sea una pelotudez grande como mi cabeza. El público, el receptor, no sólo está ahí fácticamente sino que debe estar ahí para darle sentido (en varias acepciones de la frase) a lo que el emisor produce. Y debe ser un receptor con la capacidad de evaluar estéticamente lo que lee. No un amigo, no tu mamá o tu novia. Alguien a quién el texto lo afecte estéticamente y lo juzgue desde ese punto de vista y no contaminado con otras consideraciones. Ser buena onda no te hace buen escritor. Ser comprometido no te hace buen escritor. Mostrarte como una persona preocupada por las injusticias del mundo no te hace buen escritor. Ser “polémico” (palabra vaciada de sentido si las hay) no te hace buen escritor. Defender los intereses de la izquierda no te hace buen escritor. Defender los intereses de la derecha tampoco. La única condición que debe cumplir un ser humano para ser considerado un escritor es que sus textos sean estéticamente valiosos y sus ideas no caigan en el cliché. Belleza e innovación, de eso se trata la literatura a nivel estético. La temática puede ser violenta o revulsiva o triste o decididamente macabra, pero el texto en sí, la sucesión de palabras y sonidos y ritmos e imágenes, debe apoyarse en la belleza y la innovación. Si lo que producís no es bello o no es nuevo, pensalo dos veces antes de seguir escribiendo. Si no es ni bello ni nuevo, ayudá a salvar los bosques y las selvas tropicales dejando de desperdiciar papel.
¿Tenemos que bajar de su pedestal el oficio de escritor? No. Y ahí está el otro punto importante: se trata de un oficio, no de una profesión ni de un trabajo, es una mezcla de esas dos cosas con vocación y capacidad. Comparar a un escritor con un médico o un albañil o un zapatero me parece erróneo porque el médico no sigue diagnosticando después de muerto, un albañil no sigue construyendo después de muerto ni un zapatero sigue arreglando zaparos después de muerto, mientras un escritor sí continúa produciendo sentido tras morir gracias a esa extensión de su pensamiento que es el libro. A eso se debe en parte la sacralización de la literatura, a que, si hay en libro algo que valga la pena conservar, recordar, incluir en el tesoro cultural de la humanidad, la voz del escritor preservada en papel burla las barreras del tiempo, de la propia mortalidad.
Entonces, de nuevo, ¿tenemos que bajar de su pedestal la palabra escritor? Y la respuesta es, de nuevo, no. O, al menos, mi respuesta es no. Creo que debemos seguir manteniendo la palabra escritor en la lontananza, en el infinito, en ese lugar al cual nunca se llega porque mientras te vas acercando a él se va corriendo hacia atrás, haciéndose inalcanzable. Y por una razón muy lógica y muy sencilla de comprender: porque los seres humanos solemos no dar el cien por ciento, porque cuando estudiamos para zafar con lo justo solemos terminar reprobando, porque cuando jugamos para empatar solemos terminar perdiendo de forma bochornosa. No creo que debamos permitirnos desbarrancar a la acción y al hecho al arte y a la pretensión de escribir literatura de la esfera sagrada en la que se encuentra porque sólo manteniéndola ahí vamos a poder esforzarnos el máximo imaginable, sólo haciendo imposible alcanzar en plenitud la categoría de escritor lo que resulte del esfuerzo de escribir algo con sentido va a valer la pena.
¿Es importante la sanción de público? Desde cierto punto de vista, sí. Empezando por el hecho de que si hay un público que opina sobre tu obra eso significa que la socializaste, que la sacaste al ruedo. Alguien que se dice escritor y nunca recibió una crítica es como alguien que se dice un donjuán y nunca se levantó una mina; es ridículo, no tiene asidero. Bukowski dice en una de sus novelas algo así como: los escritores que publican y venden un número razonable de libros creen que son buenísimos; los escritores que publican y venden pocos libros creen que son buenísimos; los escritores a quienes nadie los publica y no tienen plata para autopublicarse no creen que son buenísimos, creen que son maravillosos, unos genios incomprendidos tapados por los competidores literarios que tienen miedo de que su inconmensurable talento los opaque y por eso no les dan la oportunidad de mostrar sus textos.
El público, las críticas del público, te sacuden esa boludez. Las críticas fundadas, que salen del “me gusta” o “no me gusta” o “a mí me pasó algo parecido” o “estoy completamente de acuerdo con todo lo que decís” o “te vas a ir al infierno por lo que escribiste”, las que se apoyan en conceptos estéticos y te marcan fortalezas y errores en el manejo de las palabras, los resortes argumentales, la caracterización de personajes, el armado de la trama (en narrativa) o la utilización de las metáforas y el ritmo (en poesía), son las mejores herramientas con las que cuenta un escritor que se toma en serio su oficio y pretende mejorar.
La otra herramienta insoslayable es el tiempo. Dejar descansar los textos, no mostrarlos en seguida, no es una opción o una estrategia: es una necesidad. En este blog no se postean textos con pretensiones literarias escritos el día anterior por respeto al posible público. Los textos están ahí, esperando el momento en que esté seguro de que tienen la suficiente validez estética como para que el tiempo que otra persona tarde en leerlos no se sienta como tiempo perdido sino como tiempo invertido.
Para finalizar y para dejarlo claro: que pueda tener todas estas teorías acerca de lo que es y no es, lo que debe y no debe ser un escritor, no significa que yo crea serlo. Mi autopercepción es que soy un tipo que escribe. Que escribe lo mejor que puede, intentando potenciar sus capacidades, intentando no faltarle el respeto al público ni redundar descaradamente ni en forma ni en contenido. Y que tal vez no logre ninguna de esas cosas.
¿Cuándo voy a ser un escritor? El día que me paguen por escribir, el día que las editoriales se peleen por mi contrato, el día que mi apellido remita automáticamente a la imagen de un libro, el día que sea traducido a otros idiomas, el día que alguien me pare en la calle y me diga “Su último libro me cambió la vida”. El día que lo que escribo sea más importante para otros que lo que hago.
Lo más probable es que eso nunca pase y que, por otro lado, yo siga leyendo a personas que alcanzaron todas esas metas y que con sus textos colaboran para que mi vida sea mejor y más llena de significado.

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Monday, July 04, 2011

Por la camiseta… o por la remera


No me gusta el fútbol. No me gustan los deportes en general. Debe ser porque no sirvo para ninguno. Eso significa que el fútbol no es importante para mí. Ni para alegrarme ni para deprimirme porque River descendió a la B, aunque mi papá trató de hacerme de River desde bebé y tengo fotos que lo prueban. Eso es una suerte, supongo. Que el fútbol no sea importante para mí, quiero decir. No me gustaría estar triste o cargar a otro que ya se siente mal sin mi chiste por algo tan intrascendente como un partido de fútbol. Mi emotividad se reserva para lo que sí me parece trascendente, que es el arte. Solo hay dos cosas relevantes en la vida, creo: el arte y, más importante aún, vivir; generar sentido desde tu creatividad y, más importante aún, generar sentido desde tus actos y tus decisiones.
No me caben las camisetas. No me caben las banderas ni las remeras. No me parece que nadie deba identificarse con logros con los que en realidad no tienen nada que ver. Nadie debería sufrir o alegrarse por hazañas que ocurren a miles de kilómetros de distancia y son realizadas por personas a quienes nada los une.  Los hinchas no dirigen los partidos ni los juegan, cuanto mucho alientan y desean, lo cual, a no ser que creamos en la magia simpática como la describe Frazer y como la concebían los pueblos pre-racionales, es igual a decir que no hacen nada. Y no entiendo cómo se puede poner tanta emotividad en algo en lo que no tenés ninguna intervención.
No comparto tampoco del todo que los chicos anden por la calle con remeras de bandas. No me parece mal, pero es llevar tu identidad afuera de vos mismo, armarte con pedazos de otros, con pedazos extraídos desde el exterior, cuando lo que hace falta es armarte desde dentro, con lo que vos mismo creás o generás. ¿Querés ponerte le remera de una banda? ¡Joya! Aprendé a tocar un instrumento, formá tu banda y ponete tu propia remera. ¿Amás el fútbol y querés usar la camiseta de un equipo? ¡Joya! Armá un equipo y usá tu propia camiseta y transpirala y dejá todo en la cancha.
Sé que no es exclusivo de Argentina pero en este país se desperdicia demasiado tiempo y energía en ocuparse de la vida de los demás, de los logros de los demás, de las desgracias de los demás; tiempo que podría servir para potenciar la vida propia y los propios proyectos. Sería hora de cambiar eso un poco, de que la vida pase por uno mismo y no por lo que hacen otros.

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Saturday, June 25, 2011

Megamente - de Tom McGrath


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Tengo poco tiempo, así que van unas consideraciones cortitas:

1.-¿Por qué desde Toy Story el 90% de las películas de animación son mejores que el 90% de las películas con actores? (Nota: si no lloraste al final de Toy Story 3 sos un robot creado por una secta que adora a Phillip K. Dick y todavía no lo descubriste).

2.-Pedazo de banda de sonido. Nunca escuché tanto rock'n'roll en una película de animación. Y no boludeces, rock del bueno: AC\DC, Guns’n’Roses, ZZ Top (una versión de un tema de ZZ Top en realidad).

3.-Hay más canciones copadas que hablan de ser malo que canciones copadas acerca de ser bueno. Las canciones acerca de ser bueno suelen ser música religiosa, por eso debe ser que no son copadas.

4.-Me gustó mucho más que Los Increíbles (que en su tiempo me decepcionó un poco después de todas las expectativas que habían creado), y creo que se debe a que esa película estaba basada en el arquetipo de los Cuatro Fantásticos y Megamente está basado en el arquetipo de Superman, y como soy fan de DC me pega más. Hagan lo que hagan reversionando a Superman tiene sentido, tiene contenido, tiene significado. Ha soportado tres versiones dentro del Universo DC, cinco orígenes, un montón de elseworlds, películas, dibujos animados, series de televisión, comics basados en las películas, dibujos animados y series de televisión (pero que cambian un poco los hechos contados en esos formatos que adaptan), y ninguna de esas modificaciones le ha hecho mella a su capacidad de generar sentido.

5.-Emanuel Horvilleur es una mierda (no tiene nada que ver con Megamente, pero justo están pasando eso en la radio).



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Sunday, June 05, 2011

Tarantino no se ablanda





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El fin de semana pasado enganché sin querer el programa Iconoclasts, creo que del Travel & Linving, donde pasaban un día juntos Quentin Tarantino y Fiona Apple. Los dos son algunos de mis artistas favoritos, aunque tengo que reconocer que de Fiona Apple escuché solamente Tidal, pero las cinco primeras canciones de ese disco son maravillosas y ella debe ser la cantante que más me gusta, aunque seguro hay un par más.
Pero lo que me dejó pensando fue una frase de Tarantino. Hablaba de los directores que "lo habían perdido" con el tiempo y decía que la creatividad declina como el cuerpo cuando se envegece, que nada mejora sino que "se pone blando", en una clara metáfora sexual enfatiazada por el gesto de doblar el brazo con la mano formando un puño. O sea: cuando ya no se te para, no podés crear nada con fuerza, con punch, con sentido, con vitalidad. Eso decía Tarantino.
Yo lo agarré más o menos para otro lado. Creo que tu arte es como un objeto amoroso (miles de personas lo han dicho antes que yo, ya sé), que si sos pintor tenés que desear pintar tanto como deseás hacer el amor con la mujer que más te atrae en el mundo, que si sos escritor tenés que desear escribir un poema, un relato, una novela, como deseás hacer el amor con la mujer que más te atrae en el mundo, que si sos músico tenés que desear componer una buena canción como deseás hacer el amor con la mujer que más te atrae en el mundo. Si no, no sos un artista. Sino estás pelotudeando y el arte no está para pelotudear. El entretenimiento está para pelotudear, Bailando por un sueño y los programas de chismes están para pelotudear. El arte no.


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Wednesday, May 25, 2011

Piloto de Guerra - de Antoine de Saint Exupery

Como ya lo he dicho, por suerte, la lista de buenas novelas que leo no para de crecer. La genialidad se puede encontrar en cualquier parte por más prejuicios que tengamos a la hora de sacar un libro de la biblioteca; y me refiero a que Saint Exupery era para mí simplemente y nada más que el escritor de El principito, el hombre que había popularizado eso de que lo esencial es invisible a los ojos (frase con la cual no sé si estoy de acuerdo, dicho sea de paso), y no entendía por qué tantas personas lo consideraban un gran escritor (sobre todo Finzi, reconocido dramaturgo neuquino y profesor de Literatura Europea en la UNCo, quien incluso organizó unas jornadas dedicadas a Saint Exupery hace unos años, cuando yo era joven e inocente) ya que la literatura infantil no suele ser el reducto de los grandes escritores. Como suele pasar, me olvidé que no es raro encontrar una joya hundida en medio del barro y me concentré en el barro mismo. Porque el barro de hecho está ahí: Madonna, Araceli González y tantos otros que no se toman la literatura infantil en serio producen basura a diestra y siniestra (esperen un par de años y seguramente Belén Francese va a tener también su propio librito infantil), pero también hay buenos escritores que bajan un cambio para adecuarse a la temática o al mensaje que quieren expresar y se toman la literatura infantil con el debido respeto, haciendo hincapié en la parte de “infantil” pero sin olvidar le parte de “literatura”.
Por suerte, también, nunca faltan buenos libros baratos. Este libro fue rescatado del supermercado Norte, que ahora es Carrefour y antes era Tía, de una mesa de saldos hace muchos muchos años, junto con Steinbeck, Hesse, P. D. James, Huxley un par de gigantes más en tamaño pocket, en el tiempo en que un buen libro en un supermercado te salía 5 mangos y en un canje 2 pesos. Tiempos que no volverán, por supuesto.
Creo que de todas las novelas cortas que he leído Piloto de guerra es la que más se acerca a eso que llamamos la perfección. Es, de verdad, un libro casi perfecto. Tengo sólo dos críticas que hacerle: primero, el final. Tengo que decir con todo el dolor del alma que a la novela le sobre una oración, que la última oración está de más y estropea todo el punch que podría haber tenido el final. Es una verdadera lástima, pero habría que analizar si tal vez en francés no es mejor así, no creo que Saint Exupery pueda haber cometido un error tan obvio y tal vez no sea un error sino un defecto inevitable del traspaso a otro idioma, por similar que sea el español. Y la otra crítica es más bien conceptual o ideológica: Saint Exupery pierde casi todo un capítulo demasiado cerca del final (cuando el relato debería cobrar mayor tensión y dinamismo, una vez que ya fue presentada la trama y el desarrollo debería embestir como un tren hacia la conclusión) explayándose acerca de una teoría muy cristiana acerca de cómo los buenos sentimientos de las personas, que devienen de su relación con dios, pasaron a encarnarse en la humanidad y después, en un última caída, se aplicaron sólo al individuo: así se explicaría que se sienta compasión y se ayude a una persona-X que está en problemas mientras nadie se preocupa o se conduele por la situación de miles y miles de personas que sufren, porque las buenas intenciones y los buenos sentimientos que provenían de la relación con dios ya no pueden ser dirigidas a los hombres como un todo sino sólo como un individuo. No estoy en desacuerdo con el desarrollo lógico de la idea, sólo me falla el inicio del recorrido: creo que los buenos sentimientos se experimentaron hacia otro ser humano, luego hacia la humanidad como un todo (cuando la raza humana dejó de reaccionar sólo antes estímulos concretos y descubrió los conceptos abstractos y aprendió a unificar lo que es distinto basándose en unas pocas características comunes, que es la única forma de afirmar que pese a los miles de millones de particularidades de personalidad, valores y capacidades, los seres humanos somos lo mismo), luego eso se ubico en un dios y luego, sí, pasó como Saint Exupéry lo relata, pero no se trata de una caída sino más bien de un regreso. Hubiera sido bueno para todos que el retorno se detuviera en la humanidad, pero el efecto del péndulo rara vez puede evitar ir de un extremo al otro y volver al mismo lugar de origen del impulso inicial.
Salvando esas dos pequeñas manchas, el libro es perfecto. Es mi clase de libro, por decirlo así, prescinde casi por completo de la descripción para centrarse en la acción, los diálogos y las repercusiones internas (pensamientos y sentimientos), los cambios que se generan en el protagonista-narrador cuando el paso del tiempo y los sucesos los afectan; muestra como de un segundo al otro todo puede al mismo tiempo seguir siendo lo mismo en el mundo exterior pero algo totalmente distinto en la percepción, y cómo para nosotros, los seres humanos, lo que realmente importa, lo que realmente es el mundo, es nuestra percepción y no la realidad fáctica.
El libro no es muy largo: unas 200 páginas de pequeño tamaño con letra bastante grande e interlineado de 1 y medio. Con el suficiente tiempo alguien podría leerlo en una tarde. Pero me parece que es mejor tomarse el tiempo para saborear la prosa (precisa, concisa, ágil y verdaderamente hermosa), las situaciones, las ideas, los cambios de percepción del personaje y sobre todo las muchas frases profundas y perfectas que escribe Saint Exupery. Me quedo sobre todo con una: el narrador sostiene que la edad cronológica no importa, que cuando algo es nuevo y nos encontramos sin armas frente a eso que se nos enfrenta nos sentimos indefensos, inexpertos e ignorantes como un bebé que empieza a vivir y no sabe todavía muy bien qué es esto de la vida; que un ser humano, por adulto que sea, conserva dentro suyo esa parte recién llegada al mundo, y reflexiona que “vivir es nacer muy lentamente”. Maravilloso.

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Saturday, May 07, 2011

De cómo conocí a Saint Exupery gracias a que me la re mandé en el trabajo

Hace mucho que quiero escribir pero por un lado casi no tengo tiempo y por el otro me falta el marco para encuadrar mi situación actual.
Por suerte, se define fácilmente, con una sola frase: me la re mandé.
O sea, siempre dije que tenía el mejor trabajo del mundo, o al menos el mejor que puede conseguir una persona como yo, sin un título y sin capacidades de interacción social normales. Entonces, después de 14 años y monedas, hice lo que cualquier estúpido haría: lo dejé, pensando que en otro lado iba a estar mejor.
Hay atenuantes: laburar de noche es bastante desgastante, las horas de sueño no te alcanzan por más tiempo que duermas (cuando era más chico, vivía solo y no tenía hijos, había días en que dormía las 14 horas del día que me quedaban libres, descontando las 8 del laburo, una para ir desde el departamento y otra para volver), todos tus horarios se descontrolan, solés comer porquerías y tu carácter no es el mejor porque vivís con sueño y vivir con sueño es vivir irritado, de mal humor, lo que sumado a mi irritación y mi mal humor natural hacía que la tarea de ser padre se me hiciera cuesta arriba. Porque a los nenes los tenés que tratar bien, tenés que demostrarles cariño todo el tiempo porque ellos no tienen la culpa de tus problemas, pero se te hace difícil cuando la cabeza te explota y de lo único que tenés ganas es de dormir la siesta para robarle un poco más de descanso al día.
Y el segundo atenuante es la gente, los pacientes (o lo clientes, según como uno lo quiera ver): desafío a cualquiera a trabajar catorce años en atención al público y conservar su amor por la humanidad intacto. Ya lo dijo el amigo Dostoievski en Los hermanos Karamazov: todavía es posible amar a tus semejantes, pero de lejos.
Y eso es lo jodido, las dos razones por las cuales cambié de horario y de sector en la clínica son válidas, y lo que yo quería obtener del cambió lo obtuve: estoy más despierto de día y dejé de atender al público, lo cual me llena de alegría. Ahora paso por la recepción a cualquier hora y veo las colas o los amontonamientos de personas con cara de urgencia furiosa y no quisiera estar ahí por nada del mundo.
Y el día. Vivir el día. Es algo que para la mayoría de los seres humanos no sería destacable, pero para mí no podría ser más raro. Hace unas semanas pasé, tipo cuatro de la tarde,  frente a la biblioteca en la que están ordenadas mis historietas y revisé los lomos buscando algo para leer, y la luz no me lastimó los ojos. ¿Entienden a lo que voy? Tres meses atrás la luz de las cuatro de la tarde me lastimaba los ojos, la luz del día no estaba hecha para mí, me era hostil. ¿Saben lo que se siente que la luz del día este hecha para vos después de más de una década de sentirla tu enemiga?  Para mí la luz era antinatural, en el sentido de que iba en contra de la segunda naturaleza de la costumbre, de toda la organización horaria de mi vida. No era problema de la luz, sino de que yo vivía al revés, de que ella era buena para la gente diurna y yo no lo era.
Bueno, esas son las cosas positivas que saqué del cambio. Ahora, todo lo demás es una porquería.
Lo que yo pedía fue simple: trabajar de día en un sector sin atención al público, No hubo nada más específico que eso, pero sabía que había quedado vacante un lugar en la farmacia y que era muy posible que terminara ahí. Y terminé ahí, con la tarea de sistematizar (informatizar) la farmacia, de ingresar en un sistema informático que a nadie le gusta y con el que nadie quiere laburar cada ampolla y cada comprimido de medicación que entra y sale de la farmacia.
El primer problema fue la guita: sacando el porcentaje que te pagan de más por laburar de noche (ya que es un horario insalubre) y sacando las horas al 50 y al 100 (porque recepción es un lugar donde no hay domingo ni feriado que valga, se labura de lunes a lunes salvo los francos, que caen el día que se pueda) mi sueldo bajó un montón. Demasiado. De hecho, este mes ni siquiera voy a retirarlo del cajero porque con los restos que me quedan de las tarjetas impagas de los dos meses anteriores ya le pertenece al banco, así de corta.
Nunca me voy a olvidar las primeras señales: yo llegué a la farmacia con la mejor, para quedarme, con mi mate y mi grabadorcito, pero resulta que después de unas semanas me prohibieron tomar mate (ahí sólo se debe laburar, sin interrupciones como engañar la panza con agua caliente con gusto a yuyo) y me prohibieron escuchar música porque, según la jefa, lo que yo escucho es “¡Horrible, horrible!” (era Guns ‘n’ Roses y Bon Jovi y cosas así, The Doors, temas de las películas de Tarantino… tampoco es que caí con Slipknot o los temas más podridos de System of a Down)… y eso ya debería haberme decidido, porque un laburo donde no se puede tomar mate ni escuchar música no es un laburo piola ni por las tapas. Después me comí un ataque de histeria de mi jefa y el ambiente de trabajo se volvió irrespirable... porque, de yapa, la culpa del mal clima de trabajo se me endilgó a mí cuando lo único que hice fue quedarme parado escuchando cómo me trataban de inútil… bueno, hay que decir que desde ese día dejé de hablarle salvo para hacerle alguna pregunta absolutamente necesaria en lo estrictamente laboral y que cuando no hay otra persona ahí no vuela una mosca y lo único que se escucha es el tac-tac de mis dedos aporreando el teclado de la pc. Después (contrario a lo que me habían prometido desde un principio) me prohibieron cambiar de horario o de turno, siquiera en caso de un imprevisto o una urgencia familiar; de 6 a 14 sin rechistar, de frente march, pierna derecha pierna izquierda. Fue algo periódico, como si fuera tachando de a una las posibilidades de estar mejor por tal o cual motivo y me quedó saldo negativo en todos los aspectos: más laburo por menos guita, más presión, mal clima de trabajo, sin posibilidad de cambiar los horarios o los francos.
Y otra cosa para remarcar es que me la paso las 8 horas laburando. Laburando en serio, sin parar. Hay días en que se me agarrotan los tendones de las muñecas de estar todo el tiempo escribiendo en el teclado y tengo que parar porque literalmente no puedo apretar una tecla, mientas que antes, en la recepción de noche, tenía tiempo para leer y escribir y corregir y pensar. Sí, porque para pensar se necesita tiempo y tranquilidad, cosa que en el laburo o en casa, cuidando de dos nenes, no puedo conseguir por uno u otro motivo.
Para ser claro, TODO, pero TODO lo que he escrito en estos 14 años, todo lo que he corregido y preparado para socializar (para ediciones artesanales, antologías, lo que fuere), salvo alguna anotación de alguna idea suelta, lo he hecho de noche en el laburo. Por eso sobre todo sabía que era el mejor laburo del mundo. No era sólo lo que me daba para comer y dormir bajo techo sino que era mi tiempo para mí, mi tiempo para crear.
De la misma forma, salvo algunas excepciones, todo lo que he leído lo he leído en el laburo, mientras esperaba que cayera algún paciente. Mi record personal es haber leído Rayuela en tres noches a los 22 años. Tres noches especialmente tranquilas, claro.
Ahora todo eso se terminó. Ni media chance de escribir algo. Ni tiempo para darle forma a una idea o actualizar el blog. Ni música ni películas para inspirarme. Ocho horas dándole a las teclas para hacer algo que nadie espera realistamente que salga bien pero para lo que se necesita un boludo para echarle la culpa cuando salga mal. Sin poder leer tampoco. Pero el tema es que yo puedo estar sin leer, así que empecé a llevarme libritos de formato chiquito, pocket, y unos minutos al día me escapo, voy al baño o me escondo en algún lugar donde no haya nadie, y leo un poco. Va lento, pero al menos el mes pasado pude leer completo Piloto de Guerra de Antonie de Saint-Exúpery, una de las mejores novelas que he leído. Y ahora arranqué con La Fuerza Bruta (Of mice and men) de Steinbeck, que Borges definió como "un libro brutal". Veré qué onda, porque aunque Borges era único cuando quería ser conciso, la verdad es que muchas veces se dejaba ganar por su gusto por la exageración.
Lo que sí es seguro es que, por suerte, en literatura sí es cierto que lo bueno puede venir en frasco chico.

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Scott Pilgrim – de Edgar Wright






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Una de las preguntas que más he repetido estas últimas semanas es “¿Viste Scott Pilgrim?” y todas las respuestas que he recibido son una variante de “¿Qué es eso?”
A ver: Scott Pilgrim es la adaptación de una serie de novelas gráficas escritas y dibujadas por Brian Lee O’Malley, la primera de las cuales me regalo mi hermana unas semanas atrás, y se nota al toque la fidelidad de la adaptación y lo acertado del casting, cómo clavaron a todos los personajes, cómo los actores que los interpretan son igualitos.
Pero, más importante, al menos según mi opinión, Scott Pilgrim es nuestra película generacional, como lo fueron Grease o Footloose o El Club de los Cinco para otras generaciones, está llena de las cosas que fuimos disfrutando a medida que crecíamos en los ochenta y principio de los noventa: los videojuegos, Seinfield, los amigos, tu propia banda de grunge, la onda vegetariana, las compras por internet, el mejor amigo gay, las películas de acción donde los dobles hacían todo el laburo real, el skate… en Scott Pilgrim está todo lo que te puede hacer sentir “cómodo”, “en casa”, para permitir que te metas en la historia.
Esto me lleva dos reflexiones: primero, lo que determina una generación no es lo que creés, lo que pensás, sino lo que hiciste en común, lo que viviste, la vida, eso que, como lo decía Lennon, es lo que pasa mientras estás ocupado en otras cosas. Segundo: la otra película que creo define la generación a la que pertenezco es Alta fidelidad, basada en un libro del escritor inglés Nick Hornby y protagonizada por John Cusack, fácilmente uno de mis tres o cinco actores favoritos (definición de actor favorito: un tipo al que le creo cuando actúa, a quien le creo que es el personaje y me olvido que es el actor-X actuando), y lo que tienen en común los protagonistas de las dos películas es que, a pesar de las buenas intenciones y de las turbulencias emocionales que atraviesan, son ambos unos tarados, cosa de la que los demás personajes se dan cuenta y se lo recalcan a cada rato. Pueden sacar libremente sus conclusiones acerca de eso, pero creo que el alto nivel de identificación lo dice todo.
Creo que mi generación, gracias al psicoanálisis, la sobreexplotación del concepto de trauma y el ensanchamiento ad infinitum de la extensión temporal de esa adolescencia inventada un par de siglos antes, vino al mundo con una especie de “licencia para ser imbécil”, como una especie de ejército de 007s de la inmadurez emocional. No digo que antes los jóvenes y adultos jóvenes no fuesen así, sino que no tenían permiso para serlo y por eso estaban forzados a disimularlo mejor.
Como sea, Scott Pilgrim y Rob Fleming son dos tipos emocionalmente inmaduros con una fijación especial por la música y con la característica de centrar sus vidas en esas cosas que a los demás, a las personas “serias”, les parecen una pérdida de tiempo. Eso nos define a las personas de mi generación y de las contiguas con intereses afines, que estamos más pendientes de la música, los comics, los videojuegos, los muñecos (sí, también me siento identificado con el protagonista de Virgen a los cuarenta… pero ese es otro tema… además tengo solamente 33) que de parecer maduros o de madurar realmente, ya que estamos.
Hablando de la película en sí, Scott Pilgrim está muy bien filmada, el mundo que crea resulta creíble a pesar de su artificialidad y el extrañamiento que produce (un mundo de videojuego en el cual, cuando ganás una batalla, tu contrincante queda reducido a moneditas como en un fichín, donde las ondas sonoras pueden generar un monstruo que luche contra el monstruo de tu banda contrincante, donde tu novia puede sacar un mazo gigante de su morral), las relaciones son creíbles y chistosas, te deja algunas cosas qué pensar con respecto al amor y las relaciones. El saldo es muy bueno si estás en la sintonía mental correcta para verla. Porque, hay que decirlo de una vez, es una película para frikis. Por suerte a todas las personas a quienes se la grabé son frikis o son de mi familia (lo que es decir tres cuartos de lo mismo), así que ha gozado de gran aceptación. Mi hermana incluso la exhibió en un evento de animé, o sea que la socializó con otros frikis, y al parecer les gustó.
Otro punto de contacto entre las dos películas de las que vengo hablando es la banda sonora. La de Alta Fidelidad, a tono con el personaje principal, que es un melómano dueño de una tienda de vinilos, probablemente sea la mejor banda de sonido de la historia (con perdón de Tarantino) y trae dos de los temas perennes, infaltables en la banda sonora vital de cualquiera a quien le guste la música: Dry the rain de The Beta Band, y Shipbuilding de Elvis Costello. La banda sonora de Scott Pilgrim bebe más de grunge, el rock alternativo y el pop-rock noventoso, muchos de los temas fueron escritor por Beck y en el soundtrack de la película están las dos versiones, la de Beck y la de la banda en la cual Scott Pilgrim toca el bajo. Y sí, me hice fan de Sex Bob-Omb al toque (en el comic es un viaje porque O’Malley te pone los acordes para que toques los temas en la guitarra). Ah!, también hay una canción de Black Francis (el líder de Pixies, pero sería mejor que hubiese aportado un tema instrumental: la música es buena pero se nota que la letra la quiso meter con calzador y es una verdadera porquería) y el que creo fue el descubrimiento musical del film para mí, el tema Teenage Dream de T-Rex, la canción con más arreglos que he escuchado después de Rapsodia Bohemia.
Para terminar, otro rasgo de complicidad con los frikis es que en Scott Pilgrim aparecen casi todos los actores que se están caracterizando por anotarse en todas las películas sobre comics que se filman: Thomas Jane (Punisher), Mary-Elizabeth Winstead (actuó en una de Disney sobre una secundaria de superhéroes o algo así), Chris Evans (La Antorcha Humana de los 4F, el próximo Capitaán América, también protagonizó Push, que todavía no vi pero me dijeron que es bastante mala). Brandon Routh (el Superman de Superman Returns y el próximo Dylan Dog)… falta Nicholas Cage y pueden poner los fideos…
Y si creciste en los 90s y tenés sangre en las venas, te vas a enamorar de Ramona Flowers. No de la actriz, la he visto en otras películas y no me mueve un pelo, pero Ramona Flowers es un personaje que nació para que la ames, la conozcas, salgas corriendo y la recuerdes toda la vida.


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Se vienen los Huérfanos


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La nueva banda de mi hermano Damián se llama Huérfanos de Amor. La forman él, Daniel (o Pelado), grossísimo guitarrista oriundo de General Roca, y Nicolás (alias Enano), ex baterista de la extinta Menage, la anterior banda de mi hermana Ariadna (quién también, como no podía ser de otra forma, viene cociendo algo en silencio).
Tengo unos videos que grabé de su primer recital en Roca. Ya tocaron en Neuquén y Regina también. Si no fuera tan inútil los subiría a youtube para que vieran lo buenos que son. Es increíble el ruido que meten los tres solos. Pero era de esperarse, es la misma idea que estuvo detrás de la formación de Cream: si juntas a tres personas buenas en lo suyo el resultado no puede sino ser bueno.
El rango estilístico que manejan es muy amplio: desde Divididos y Soda Stéreo a temas de Animé pasando por Hendrix y System of a Down. Y temas propios, así, de entrada.
Desde esta tribuna virtual que tan pocos visitan le dedico a Huérfanos de Amor el saludo vulcano: “Larga vida y prosperidad”.

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Tuesday, March 15, 2011

Querida vida - de Julio Llinás


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Con mucha probabilidad este sea el libro que más vacío me ha dejado tras su lectura en varios años, el más inflado comparando sus metas con su verdadera trascendencia y profundidad (no llega al nivel de vacuidad de un Cohelo, pero tampoco hay que pedirle que le gane por KO al campeón). Lo compré contento en Topsy a 13 mangos porque leí en la universidad la novela Circus de Llinás, que me gustó bastante, pero esto es, a falta de una palabra técnica, una porquería.
Con la excusa de contar retazos de su vida e hilvanar ideas sueltas acerca de la literatura, descarga una anécdota sin sentido tras otra, una andanada de veneno contra algún otro escritor tras otra, sin decir nada que valga la pena leer, que pueda llevarte a una idea propia, a una pequeñísima revelación, a un detalle que te haga más fácil la tarea de escribir. Sus comentarios y estampas de vida se desplazan en el rango que va desde el puterío de vedettes literarias hasta la nada absoluta.
La única historia que me gustó es aquella en la que cuenta que al caducar su visa de estudiante en París, siendo latinoamericano, la única opción de "trabajo" que le quedaba era ser artista callejero, y al no saber tocar ningún instrumento empezó a bailar tango en un cabaret con una ex amante; ahí lo vio un emabajdor que le dio trabajo como telefonista y solucionó sus problemas de dinero justo cuando su compañera, según él, comenzó a "sabotearme en pleno baile".
Así es Llinás, así ve la vida: todos lo odian, todos lo sabotean, todos lo menosprecian o envidian o perjudican.
Otra historia cuenta cómo, en reuniones literarias, la esposa de Sábato pasaba a los demás asistentes (como en la primaria) papelitos que decían: "Hablen de Ernesto que si no se deprime". Así es exactamente como me imagino a Sábato pero la anécdota me parece insultante e innecesaria.
Cada uno puede aventurarse en esa selva de pesimismo, autolástima y mala onda si lo desea, ayer vi varias copias de libro a 14,90 en Jumbo, pero mi consejo es que no lo toquen ni con la punta de un palo de dos metros de largo.


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Thursday, March 10, 2011

Currículum Literario

Empecé a escribir a los 14 años pero no mostré nada hasta los 16, cuando le llevé dos cuentos a mi profesor de Literatura de Cuarto, que también era cura y el director del colegio. Eran dos relatitos que no llegaban a la carilla. Uno se trataba de un chico que mataba a su familia guiado por la voz en el espejo de un ser deforme que era él mismo (el chico se había quemado la cara en un accidente y culpaba por ello a todos al mismo tiempo que no lo aceptaba); y el otro era la historia de una monja que tenía relaciones sexuales para prevenir una enfermedad del aparato reproductivo. El pobre hombre la pasó fea para, por un lado, alentarme a seguir escribiendo y, por el otro, desalentarme a escribir ese tipo de cosas.
También a los 16 empecé a escribir poesía, como dice la canción, "por razones románticas".
Cuando terminé la secundaria ya era claro que lo único a lo que le veía sentido era la literatura, así que vine a Neuquén a estudiar letras. Desde la primera clase nos dijeron que estudiar letras no te ayuda a escribir mejor, y tienen razón, pero te ayuda a conocer muchos buenos escritores: a algunos los leés y con otros te tomás unas cervezas e intercambiás libros y críticas.
Publiqué un par de libros artesanales de poesía y microrrelatos. Gané un par de premios y menciones. Publiqué en un par de antologías, diarios y revistas. Lo que no he hecho ni pienso hacer nunca es pagar para publicar: para eso existen los concursos o de última la autoedición. No importa si son hojas A4 dobladas encuadernadas en cartulina, lo que importa es el texto.
Por un tiempo formé parte del que, creo, fue el mejor grupo de poesía de Neuquén del lustro pasado. Me echaron de una patada en el culo (patada diferida en tiempo y espacio, a larga distancia y a largo plazo), porque no ser lo suficientemente cool para un poeta y porque no tener la más mínima onda sobre el escenario. No puedo discutir ninguna de las dos razones porque de hecho si hay algo que no soy es cool y si tengo onda es cero o negativa. Así que está todo más que bien con los motivos, pero la forma en que me descartaron me generó un rechazo frente a todo lo que significa el “mundillo literario”. Como dicen las mujeres en las parodias y las sitcoms: “no es lo que dijeron, es cómo lo dijeron”.
Así que, bueno, como mi salida del circuito coincidió con la noticia de que venía mi hijo Santiago, decidí tomarme tres años sabáticos durante los cuales no aparecí en ningún encuentro, lectura, presentación de libros o lo que fuese y, mientras, avancé varios textos largos y mandé un folletín de ciencia ficción a mis amigos por mail.
Todo eso va a ser publicado a acá próximamente, junto con lo nuevo que vaya produciendo.

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PD: Un abrazo a TomásWatkins, Pablo Yoiris y Héctor Kalamicoy por mantener el contacto durante el ostracismo. Les debo una ronda de TEG.

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Tuesday, March 08, 2011

A quien pueda interesarle

Ayer cumplí 33 años.
Hoy aviso formalmente que estoy de regreso (aunque muchos nunca supieron que me retiré porque nunca supieron que alguna vez formé parte).
De hoy en más el blog se pone más literario, más autopromocional y, espero, más interesante para quien tenga algo que ver con la literatura en Neuquén y la Patagonia.
Nos vemos por ahí.
Literalmente.

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Wednesday, February 16, 2011

GH 2011

Estuve de vacaciones. Con los nenes dando vuelta todo el día no habia tranquilidad suficiente para mirar una película así que miré mucha tele. Y, lo admito con vergüenza, miré mucho Gran Hermano, o los clips de Gran Hermano en Zapping (...uy!, capáz que eso es peor).
Justo enganché la salida de una flaca llamada Giselle que me rompió las pelotas porque al salir le pegó feo a otro flaco, básicamente le dijo que era una persona de porquería, y después la ví en los debates sosteniendo el discurso "Sí, porque yo soy re espiritual, soy zen, soy paz y amor, soy todo luz, le doy luz a los demás, acepto a todos como son, no juzgo a nadie" y otra larga santa de estupideces. Estupideces viniendo de ella, claro, no per se. Estoy seguro de que en el mundo hay mucha gente que responde a la descripción que ella hace de sí misma pero también estoy seguro de que esas personas no lo dicen, no se vanaglorian de eso y no lo usan como escudo para decirle barbardades hirientes a los demás.
Desde chico tengo una regla que he verificado una y otra vez: lo que alguien dice de sí mismo, en plan definición (en plan "yo soy... tal cosa") sin que se lo preguntes, sin que sea una respuesta, es SIEMPRE mentira; tal vez no adrede, tal vez no para engañarte, sino para compartir su propio autoengaño. En criollo: tal vez esa persona cree realmente que es así como lo dice, pero esa creencia no lo convierte en realidad. Todos intentamos darnos una identidad positiva y a veces al no poder encontrar un punto real donde anclarla lo inventamos.
Además, cualquier persona realmente espiritual sabe que los seres humanos somos basura, basura noble, con grandes posibilidades de grandeza que rara vez aprovechamos, pero basura al fin.
Los brujos hablan de El Abismo que se debe cruzar para llegar a las zonas luminosas, altas, creativas, dadoras de vida, del alma y el cosmos, y El Abismo no es otra cosa que la basura, la oscuridad, la maldad, del alma y del cosmos. Todo viaje de descubrimiento pasa por El Abismo, por eso toda persona espiritual es conciente de su parte oscura, negativa. Quien pretenda conocerse pero desconozca su parte maligna no hizo nunca una viaje espiritual: guradó la carpa, la bolsa de dormir, el equipo para mate, la garrafita, y se quedó en el traspatio de su casa creyendo que era el Amazonas.

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Tuesday, January 11, 2011

KICK-ASS - DE Matthew Vaughn


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En los últimos tres días miré Kick-Ass cinco veces. Supongo que eso es un índice de lo mucho que me gustó. Dos de esas veces la miré con personas que no leen comics y me dí cuenta cómo para ellos es una comedia guarra, algo del tipo de lo que hacen los hermanos Farrelly (Loco por Mary, Irene, yo y mi otro yo, esa de los hermanos siamese con Matt Damon que no sé cómo se llama) o los hermanos Wayans (Scary Movie y todas las películas que parodias éxitos de cada género), mientras para mí... bueno, no digo que sea una tragedia ni un drama, pero ciertamente le veo momentos trágicos y dramáticos, aunque reconozco que copiar, por ejemplo, la escena de la azotea de Spiderman no ayuda a alejar la sombra de la parodia. Pero será porque yo adhiero a la ética superheróica (o vigilante) en todas sus vetas posibles mientras para ellos el sólo hecho de ponerse un traje (¿el solo hecho de ayuda a los demás de forma anónima y desinteresada y poniendo el cuerpo en ello, no llamando al 0800 de Greenpeace y dando el número de tu Mastercard?) es una ridiculez.
Como sea, la película me gusta, me emociona, me hace reír (en las partes premeditadamente graciosas, no a lo largo de todo el metraje) y me deja con ganas de una segunda parte.
Veo muchos errores, veo escenas completas copiadas de otras películas donde creo que se traspasa el límite entre el homenaje y el afano descarado (sobre todo afanos a Spiderman, El Transportador y Kill Bill, y debe haber otras que se escapan). Pero pese a eso el resultado final es para mí satisfactorio.
Es la tercer adaptación de un comic de Mark Millar después de Ultimate Avengers y Wanted, y creo que es la mejor. Ultimate Avengers es buena y Wanted es un asco monumental, pero no sé si eso es culpa de Millar. A Wanted le quitan lo mejor, que es la idea de que en ese mundo (en nuestro mundo) los malos ganaron y nadie lo sabe.
Mark Millar es un imbécil, no como autor sino como persona, pero como ya descubrí con escritores, los imbéciles pueden tener buenas ideas. Millar conjuga la imbecilidad de un García Márquez, con su seguridad de que es lo más grande que le pasó a la literatura, y las ganas de figurar en todos lados y tener prensa todo el tiempo de un Saramago (los dos enormísimos escritores, ya lo dije, a pesar de sus actitudes personales), y eso es lo me jode, que el tipo es bueno pero no tan bueno como él cree y seguro que no merece toda la prensa que él mismo se garantiza tener, busca y genera. Pero así y todo puede crear algo que, al menos a los freakies de los comics, nos puede emocionar.
De la mitad hacia delante la película difiere mucho del comic, precisamente porque se empezó a filmar cuando el comic iba por la mitad, así que los guionistas tuvieron más o menos los lineamientos de cómo seguía la historia pero nada más. Los finales son parecidos pero no iguales y, la verdad, no sé con cuál me quedo, los dos me gustan.

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Monday, December 27, 2010

Fin de año en el zoológico

            La primera sino la única ley acera de las personas es que los seres humanos somos basura. No algunos, no ciertos seres humanos, ni siquiera la mayoría: todos los seres humanos, después de cierta edad, somos basura.
            La diferencia está simplemente en saberlo o no, en hacerse cargo o no. Prefiero a las personas que se hacen cargo de esa cualidad de su ser porque ese es el inicio necesario, el primer paso absoluto, para poder al menos intentar cambiar. Las personas que se creen perfectas no ven la necesidad de transformarse, de mejorar. Las personas que se creen buenas no se cuestionan la validez o la moralidad de sus acciones porque, total, si ellos son buenos, si están revestidos de una moral sin fisuras, sus actos también deben ser por transitividad perfecta e incontestablemente buenos. Creo que el extremo más molesto de esa actitud es el de las personas religiosas, quienes están seguras de que sus acciones son justas (o están justificadas) porque dios está de su lado. Así es fácil, así cualquiera actúa sin pensar y hace barbaridades y dice cosas que hieren a los demás, total dios los respalda, es una presencia temida y permisiva como ese hermano mayor con el que los niños débiles mantienen a raya a los niños violentos mediante la amenaza de acusarlos: "Si me tocás, mi hermano mayor Dios te va a cagar a trompadas... aunque sea todo bondad y eso..."
            En lo que me toca (o en lo que me va a tocar el día que sea un escritor de verdad), detesto, aborrezco, me da asco, tanto la literatura que transmite que está todo bien en el mundo, que el universo "se confabula para cumplir tus sueños" (¿escuchaste Cohelo, pedazo de mamón, ladrón de porquería?) como la que tranquiliza las conciencias de quienes carecen de autoconocimiento y/o abundan en negación, diciéndoles que o bien toda la humanidad o bien el selecto grupo al cual ellos pertenecen son buenos o, peor, son "los buenos", porque la primera estafa al menos tranquiliza todas las conciencias por igual pero la segunda opone a los buenos y virtuosos contra los malos y amorales o simplemente (una hallazgo de Lost) contra "los Otros" (sí, ya sé que Lost se lo debe haber robado a algún filósofo que lo dijo antes en forma de teoría, pero ¿qué esperan de mí?, soy un simple gil que lee comics y mira series de ciencia-ficcón, mis conocimientos llegan hasta ahí nomás), y toda oposición en términos de grupos, de sectores, que exista entre seres humanos deriva indefectiblemente en enfrentamiento, en violencia.
            Les deseo a todos alcanzar el conocimiento íntimo de que todos somos basura porque es el primer paso para dejar de serlo. Les deseo una excursión sin guía por las peores miserias, traumas, temores, bajezas y obsesiones de su propia personalidad, seguidas de la aceptación y de la certeza de que son más fuertes que todas ellas juntas. Con la parte oscura de cada uno pasa lo mismo que ocurre en esas leyendas urbanas donde pequeños caimanes van a dar a las alcantarillas y crecen en soledad hasta convertirse en cocodrilos gigantes: si dejás tus miserias solas y a oscuras, olvidadas, no hacen sino crecer. Hay que sacarlas a la luz, hacerlas visibles al menos para uno mismo, conocerlas, reconocerlas, desmitificarlas, identificar sus fortalezas y debilidades para saber cómo vencerlas en el caso de ser necesario.
            Cada ser humano guarda bestias carnívoras y hambrientas dentro. Cada ser humano es el cuidador de un zoológico y debe estar todo el tiempo atento, pendiente, tenso ante la posibilidad de que los animales escapen y debe hacer todas las reformas, tomar todas las precauciones posibles para impedirlo. Pero cuando las personas no saben que los animales están ahí, cuando creen que su zoológico está desierto o que en las jaulas sólo hay bichitos pequeños e inofensivos, el desastre está servido.
            Existe otra posibilidad también: que el cuidador esté tan pagado de sí mismo, tan convencido de que desempeña siempre sus funciones con una eficiencia intachable, que se quede todo el tiempo dormido, se vaya, se descuide, se pierda, deje a los animales salir, hacer daño y regresar sin darse cuenta, sin poder verlo o siquiera considerarlo porque no entra en su cabeza la posibilidad de fallar, de equivocarse, de ser un inútil cuidando fieras.
            Yo sé que si son concientes de la importancia de su misión no fallaron demasiado, no fallaron adrede y aprendieron de sus errores.
            Buena suerte manteniendo los animales a raya también el año que viene.


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