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Tuesday, September 28, 2021

Lamas Médula 23-Milli Vanilli

MILLI VANILLI Y EL AUTOTUNE ANALÓGICO

Nov 22, 2019 | Opinión

Por Cristian Carrasco.



Creo que la anécdota de Milli Vanilli es interesante y significativa, que nos demuestra cómo la cultura de la imagen ha avanzado a la par de nuestras ganas de ser engañados y nuestro deleite en que nos mientan en la cara, pero no sé si criticar o no a la falsa banda por sus acciones, no sé si estoy del lado de la fiscalía o de la defensa, ni siquiera sé si alguien tiene derecho a juzgarlos. Y esa falta de norte hace que al texto le falte unidad, que sea una invitación a completar los espacios en blanco, una especie de “Elige tu propio artículo” escrito en colaboración con el lector.



Transcurría el año 1988 cuando salió al mercado el primer disco de Milli Vanilli, dúo pop conformado por un alemán y un francés que cantaban en perfecto inglés, eran altos, musculosos, bailaban bien (o eso dicen, a pesar de que ninguno de sus videos apoya tal afirmación), tenían pelo largo con rastas o trencitas o algo así, y usaban ropa ajustada, es decir, eran un perfecto producto de marketing cuya imagen estaba destinada a decorar las paredes de las adolescentes y jóvenes a lo largo del mundo.

Y , de hecho, no eran nada más que eso: la cara visible que hacía playback sobre las voces de otros cantantes, a quienes el productor a cargo consideró estéticamente incapaces.

La verdad es que casi no importan los nombres, las fechas, si los figurantes y la discográfica sabían del trato desde el inicio o si el productor engañó al dúo y les prometió que después del primer disco los dejaría grabar con sus propias e inadecuadas voces.

Lo que importa, creo yo, es la reacción que el público y la industria discográfica en general han tenido hacia los ¿cantantes? ¿actores? ¿artistas? involucrados en la maniobra.

Esa actitud de “mentime que me gusta… mientras no se destape la mentira” puede no estar acotada al circuito musical, puede aplicarse a toda la industria del entretenimiento y a cualquier actividad propagandística apuntada a las masas

No entiendo por qué tanto ensañamiento con Milli Vanilli, por qué se los señala como “el mayor fraude musical de la historia”, por qué fueron despojados de sus premios y empujados a autodestruirse como figuras públicas sin que nadie intentara darles una mano, interpretando que se lo merecían por su imperdonable crimen de falsedad, cuando precisamente “farándula”, el término utilizado para describir al conjunto de los artistas con presencia mediática, conocidos por el público mainstream, del género que sean, significa literalmente “grupo de farsantes”.

Probablemente porque hicieron lo que ningún farsante debe hacer para continuar con su oficio: dejar que la farsa se descubra.

Lejos de ser considerados una vergüenza para el pop, todos los involucrados en el proyecto Milli Vanilli deberían ser tomados como precursores. Sí, las voces sobre las que hacían playback no eran suyas, pero las supuestas voces de los “cantantes” populares de hoy en día tampoco son, estrictamente hablando, suyas.

Unos meses atrás (en mayo de 2019), Madonna cantó en la gala de Eurovisión, y hay pruebas grabadas de que desafinó como una principiante… o como una mujer de sesenta años que ha forzado la voz durante toda su vida adulta… o como alguien que canta mal desde hace mucho tiempo sin que lo sepamos porque su voz grabada se mejora electrónicamente y su voz real ni se escucha en vivo, entre los gritos de los fans enardecidos.

Ese mismo día, con horas de diferencia, su equipo de prensa subió a You Tube un video de la misma presentación con la voz perfectamente afinada.

Esto demuestra que hoy en día no importa que una sala llena escuche a un artista desafinar en vivo, lo que realmente importa es que las millones de personas que lo reproduzcan online experimenten la ilusión de estar escuchando a una cantante que cumple con lo mínimo que debe cumplir, que es pegarle a las notas. No se trata de oficio, de la búsqueda de la perfección, de talento, simplemente se trata de números: más es mejor.

En uno de mis tantos biblioratos con ideas anotadas esperando su eventual desarrollo, hay un cuento de ciencia-ficción que relata cómo, luego de que las primeras IAs contagien de conciencia a todos los programas informáticos del planeta, el Vocoder y el Autotune reclaman todos los premios Grammy que les corresponden.

Creo que lo que hizo Milli Vanilli (los figurantes, el productor y los dueños de la voces reales detrás de las canciones) estuvo pobremente planeado, y que fallaron porque la suya fue la estafa inicial, cuyas implicaciones no habían sido testeadas, no había un registro de los posibles errores ni de la forma de corregirlos. Fueron como Homero Simpson comprando el primer auto volador que salió al mercado. Ese fue su principal error.

El segundo error fue hacerlo en serio, como una estrategia de marketing y ventas y no como una broma posmoderna acerca de la muerte del autor y el mundo de la simulación y el simulacro. Si, en lugar de ser descubiertos como vulgares falsificadores de billetes, hubieran sido ellos mismos quienes se desenmascararan para demostrar al público su credulidad, su tendencia a comprar mentiras, mitad engañados y mitad porque les gusta, entonces podrían haber pasado a la historia como genios, como Magritte y sus cuadros de pipas que no son pipas o Duchamp y sus urinales en salas de museos, o podrían haber sido la versión de carne y hueso, y adelantada en el tiempo, de Gorillaz.

Borges sostenía que las herramientas son extensiones del ser humano: la pala es una extensión de la mano, el libro es una extensión de la imaginación. Pero aunque aceptemos eso, las extensiones deberían servir para llegar a lugares donde el ser humano no puede llegar solo, no para hacer cosas que un ser humano con las condiciones y el entrenamiento adecuados debería poder hacer solo, ni para dar la impresión de que un ser humano tiene una capacidad artística de la que en realidad carece.

¿Un escritor debería confiar en el corrector de Windows o debería saber cómo se escriben correctamente las palabras, debería dominar la ortografía, las declinaciones verbales, la diferencia entre un monosílabo acentuado y otro sin acento?

¿Por qué es una estafa publicar libros escritos por un escritor fantasma pero está bien autotunear la voz de cantantes pop?

¿Son realmente dibujantes las personas que simplemente sacan fotos y las pasan por el filtro “dibujo a lápiz” o “historieta” o “stencil” de los programas de manipulación de imágenes más simples de cualquier sistema operativo?

Prefiero, y creo que siempre voy a preferir, los dibujos hechos con lápiz, las pinturas con pincel, la música con instrumentos y las canciones con voces reales. No sé por qué. Tal vez porque ya soy viejo y extraño las formas antiguas de hacer las cosas, tal vez porque le endilgo al arte un componente de honor sustentado en el dominio de una tekné.

Las trampas y los atajos en el arte me provocan indignación y lo hacen mucho menos disfrutable para mí, porque sólo experimento el engaño y no la posible satisfacción estética que podría/debería producir el resultado final.

Pero si me veo obligado a tomar partido, debo decir que me molesta mucho más la voz autotuneada de los cantantes pop y latinos que la escenificación y el lipsinc de Milli Vanilli. Por un lado, porque es más insidiosa, más solapada. Y por otro, porque está normalizada, aceptada: nadie parece considerar una estafa el hecho de que canten con una voz que no es la suya. Además, esa mentira les da éxito, premios, dinero, fama, mientras que a los miembros de Milli Vanilli, por hacer exactamente lo mismo pero de manera analógica, les quitaron incluso el valor y el respeto… incluso esas estatuillas con forma de fonógrafo dorado que nadie en el mundo real valora ni respeta.

¿Cuando se pierde la pureza del arte? ¿Alguna vez existió tal pureza? ¿Es una aspiración, existe en el mundo de las ideas? ¿Es, como todas las metas que vale la pena seguir, un infinito que nunca se alcanza pero al que siempre podemos acercarnos un poco más?

Tal vez el problema sea el mercado. En toda expresión artística hay tres niveles, o tres estadios a recorrer, en la relación entre el autor y el público: expresión, comunicación y venta. En los dos primeros pueden existir la idealización y los estándares inalcanzables de calidad. En el tercero no.

El caso de Milli Vanilli me hace pensar en la democracia capitalista, donde los que mueven los labios y hacen volteretas para las cámaras están ahí sólo para prestar su imagen, mientras los otros, los que realmente llevan la voz cantante, permanecen escondidos entre bastidores y nunca los veremos… a menos que se descubra la mentira.

¿Qué estoy queriendo decir? ¿Que el hecho de que hoy la mentira artística y la simulación del talento real sean la norma debería hacernos mirar con displicencia las mentiras chapuceras del pasado? ¿Que las reglas de la vida social, política, personal, no pueden aplicarse al arte? ¿Que todo arte es una mentira necesaria? ¿Que consumir una obra de arte es pedir que te mientan, en el peor de los casos, para entretenerte, o, en el mejor de los casos, para poder ver una realidad que normalmente no es evidente?


Lamas Médula 15-Sui Generis

Sui Generis y la adolescencia revisitada

Jun 17, 2017 | Música

Por Cristian Carrasco.



Siempre identifiqué el germen de mi forma de actuar en dos frases: una a nivel actitudinal de mi padre que, como todo artista, veía el mérito en la perfección; y otra moral, que venía de mi madre religiosa. Pero la verdad es que mi personalidad se fue construyendo con ladrillos venidos de muchos lugares distintos y uno de ellos, me di cuenta manejando por rutas blancas de sol y caminos sinuosos entre montañas, fueron las letras de Nito Mestre y Charly García.



Durante mis últimas vacaciones bajé en un pen-drive la discografía de Sui Generis y fui escuchándola todo el camino. Recuperé las sensaciones que alguna vez me produjo esa música, tan distinta al pop, incluso al rock actual, con mucha flauta y teclados en lugar de la tríada guitarra-bajo-batería, y por las letras tan poco amenas comparadas con las continuas arengas a pasarla bien y levantar las manos. Recordé las épocas en las que el lanzamiento de un artista tomaba la forma de un álbum extenso y coherente en lugar de un solitario posteo en Youtube. Pero escuchar a Sui Generis me hizo sobre todo recordar mi adolescencia, reencontrarme con el origen de ciertos valores que determinaron mi personalidad de ahí en adelante. Las influencias son de dos tipos: unas personales, internas, y otras que se relacionan con mi visión del mundo, las que el día de hoy puedo rever en clave política. Y, creo, supongo, algo parecido debe pasar con gran parte de mi generación.

Desde la lírica, es palpable la diferencia entre las letras de Nito y Charly y lo que el típico adolescente consume hoy. Mientras preparaba esta reseña, mi hija preadolescente escuchó los temas y me dijo que no eran canciones sino “poesía con música”, cuando lo más profundo y significativo que pueden escuchar los chicos hoy es “checky-checky-checky” o “des-pa-ci-to”. Pero debería corregirme y decir que la música no es consumida por los adolescentes sino que los medios se la meten por los oídos. La supuesta posibilidad de escuchar lo que se quiera cuando se quiera naufraga cuando una página web va generando una lista de reproducción no a tu medida personal sino a la medida del target de consumo al que, según los datos robados a tus intervenciones online, pertenecés.

En mi adolescencia la música no estaba en todas partes, tenía que buscarse. Había que conocer a alguien que tuviera el disco que querías grabar, rastrear los temas en la radio, comprar un cassette cuando tenías algo de plata. Y las bandas del estilo de Sui Generis eran el equivalente musical al Kybalión: alguien te las acercaba cuando llegaba el momento, ni antes ni después.

Pero una de las razones más decisivas de mi cariño por Sui Generis es que trajeron a mi vida muchas primeras veces: el primer tema más largo de lo normal (la versión en vivo de Un hada, un cisne), el primer tema en estéreo, la sensación de escuchar los distintos instrumentos en solitario con uno de mis oídos (Bienvenidos al tren), la primera humanización de los arcanos de la vida (Canción para mi muerte), mis primeras ideas acerca de la pareja (Cuando comenzamos a nacer), la maldad social (Mariel y el capitán), la tristeza inherente a las ciudades y a las obligaciones laborales, sobre todo en el día que marca la línea de largada cíclica de la carrera capitalista siguiendo la zanahoria de billetes al final del piolín (Lunes otra vez), mi primer conceptualización del mundo militar (Botas locas) y del poder el pueblo frente a los gobernantes (Tribulaciones, lamento y ocaso…). En la revolución hormonal de esos años de crecimiento todo se siente importante, poderoso, vital, urgente, violento, decisivo, y las primeras experiencias se graban en la memoria con una intensidad imposible de recuperar en años subsiguientes.

A pesar de que los dos primeros discos, Vida y Confesiones de invierno, están densamente atravesados por mensajes éticos, políticos y emocionales, la verdad es que no se puede extraer de ellas ningún concepto novedoso o profundo a nivel filosófico: la base conceptual de las letras es una especie de pseudifilosofía naif equivalente a leerte todos los libros de Macanudo de una sentada. De nuevo, es un acierto, porque es análogo a la bruma nebulosa de conceptos a medio formar que caracterizan la lenta consolidación del sistema de valores y la cosmovisión de un adolescente.

El tercer disco, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, es más directo y desesperanzado con respecto a la sociedad, a la vida en general y al valor de sus canciones como arma de cambio: la posibilidad de efectuar un cambio en las consciencias de los demás (“y si estoy cansado de gritarte / es que sólo quiero despertarte”) se convierte en una pregunta, con un dejo de desesperanza (“Para quién canto yo entonces”) y en la derrota de la solidaridad (“siempre el mismo terror a la soledad / me hizo esperar en vano / que me dieras tu mano”). La música es furiosa, con reminiscencias medievales, clavicordios de iglesias oscuras que transmiten melancolía, tristeza y rabia, es el disco más difícil de escuchar. Ya desde el arte de tapa es distinto: nada de colores, figuras grotescas en blanco y negro que representan a burgueses, muertos, calaveras, funcionarios inquietantes… todos seres de cuidado.

Es normal: sólo el pop descerebrado puede mantener durante varios discos el optimismo estúpido, la celebración del aquí y ahora más rabioso, la idea de que la vida es una fiesta permanente y de que todos los problemas desaparecen si te la pasás bailando sin detenerte.

Para las nuevas generaciones que pasan de niños a adultos, creo, la música de Sui Generis es ideal para comenzar a formar su sistema de valores: contiene la crítica de las instituciones y de la organización social (“había una vez / un país al revés / y todo era diferente / todo el dolor, el oro y el sol / pertenecían a la gente”), el descubrimiento de la carnalidad y el más allá del sexo (“ y descubrís que amor es más que una noche / y juntos ver amanecer”), la posibilidad de encontrar a una mujer que comparta tu visión del mundo (“y que no le importe mi ropa / si total me voy a desvestir / para amarla”), que esté con vos por todo lo que sos y todo lo que no sos (“quizás por qué no soy de la nobleza… soy un mal negociante… no soy un buen soldado”), la relación con la autoridad (“la fianza la pagó un amigo / las heridas son del oficial”), el valor de la amistad (“sabemos que pronto va a llover fuerte / mejor estemos justos esta vez”), los peligros de la socialización (“tenés una boca para hablar / y comenzás a preguntar / y conocés a la mentira / con tus piernas vas a caminar / pero te empiezan a encerrar / y ahí te quedás con tu rutina”), la música como parte del avance generacional (“se acercan las bandas de rocanrol / y sacuden un poco las paredes gastadas”), la crítica al sistema educativo (“y tuve muchos maestros de que aprender / sólo conocían su ciencia y el deber / nadie se animó a decir una verdad / siempre el miedo fue tonto”), la imagen de adulto que quise evitar desde entonces para mi futuro (“escondido atrás de su escritorio gris / un ser bajo, pequeño, correcto y gentil”), la crítica a los medios de comunicación (“y la radio nos confunde a todos”, “muchos desayunos y ningún Clarín”), el cuestionamiento de la cordura (“la mediocridad para algunos es normal / tu locura es poder ver más allá”) y del nacionalismo (“si ellos son la patria yo soy extranjero”), la fragilidad de todas las mentiras protectoras que nos cuentan en la niñez (“poco a poco fui creciendo / y mis fábulas de amor / se fueron desvaneciendo / como pompas de jabón”), la inevitabilidad de la muerte (“tomate del pasamanos / porque antes de llegar / se aferraron mil ancianos / pero se fueron igual”), los peligros de la rutina “poco a poco vos te conformás / si no es amor es tuya igual / y vos le das lo que te pida”).

La de Sui Generis será siempre música adolescente, no sólo por el target al que está apuntado sino por los temas que toca y el punto de vista desde el cual se los aborda. La mejor cualidad de su música es que te retrotrae a la adolescencia cuando la escuchás. Sobre todo las letras que hablan de amor, de una forma más bien inevitable, porque siempre que te enamorás, no importa cuál sea tu edad real, volvés a tener trece años.


Lamas Médula 1 - MGMT

MGMT como despertador

Mar 10, 2016 | Música

Por Cristian Carrasco.



MGMT es una banda norteamericana de synthpop psicodélico formada por Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser. Su estilo, terriblemente ecléctico, combina hits pegadizos altamente bailables con temas densos, melodías suaves con largos pasajes de sonidos superpuestos que ascienden en un crescendo orgiástico. Hasta el momento, tienen tres discos de estudio: Oracular Spectacular, Congratulations y MGMT.

 

Recuerdo haber visto el video de “Kids” en la sobremesa de un asado. Cambié de canal casi en seguida. Para quienes no lo conozcan, el video de “Kids” muestra a un nenito dentro de su cuna, siendo aterrorizado por monstruos de plástico. Ahora que conozco más a la banda, sus letras, a lo que apuntan con sus canciones, es más fácil comprender el video, pero sigue molestándome.

Torturar psicológicamente a un nene no es algo con lo que pueda estar de acuerdo, pero el mundo está lleno de cosas que nos torturan psicológicamente a todos, a cada minuto, sin que nos quejemos demasiado. Y de eso, entre otras cosas, se trata el tema y video. También de la normalización: de cómo lo horrible se vuelve normal y deja de causarnos un justo horror.

Mi segunda aproximación a MGMT fue hace unos meses. Estuve tres días encerrado en mi casa frente a la computadora. Dejé que la lista de youtube siguiera reproduciéndose y en algún momento aparecieron “Time to pretend” y “Electric feel” y ya no hubo vuelta atrás. De ahí a bajar sus tres discos de estudio hubo un paso, y desde ese momento son la banda de sonido de mi vida, hasta que encuentre algo mejor.

Los dos primeros temas que escuché, “Time to pretend” y “Electric feel”, son considerados los más comerciales de la banda, aunque esas reservas me importan bastante poco. Son buenos temas y los videos tienen toda la onda. Si veo gente tirar pilas de dólares a una hoguera, bajar la luna y cortarla como en una cesárea para sacar de ahí un arcoiris líquido con el que pintarse la cara previo a una especie de rave arcaica al mejor estilo Terence McKenna, a mí me cabe.

Además, respecto a lo que es o no comercial, siempre he pensado que tener personalidad es seguir los propios gustos y las propias ganas vayan con la corriente o no. Si lo que te gusta es lo mismo que le gusta al resto de la humanidad, joya. Si lo que te gusta no le gusta a ningún otro ser humano sobre la tierra, joya. Ir todo el tiempo contra la corriente también es dejarte manejar, pero por oposición, y también está contemplado por el sistema, como sabe cualquiera que haya visto Matrix o Snowpiercer.

Algo de esa idea, de hecho, hay en la letra de “Time to pretend”: la vida de los que renuncian a un laburo de ocho horas y una familia puede estar tan guionada como la vida de quienes lo aceptan; con pasos a seguir, con estaciones insoslayables: cambiar una modelo por otra, olvidar tus raíces, morir ahogado con tu propio vómito. Esa “otra vida” que nos venden a través de las películas y las biografías de actores o músicos famosos es otro guión cultural, igual de inamovible y vaciado de sentido que la vida del oficinista promedio. Todo se resume en la frase “everything must run its course”: las cosas están preparadas de tal modo que, elijas lo que elijas, termines acatando un guión y hagas lo que debés para que todo siga su curso.

Otro tema que destaco es “Siberian Breaks”, del álbum Congratulations. Es un tema de 12 minutos dividido en varias secciones con su propia personalidad rítmica, atmosférica. Me recuerda a los temas supercortos que se suceden al final del Abbey Road de los Beatles (Mean Mr. Mustard, Polythene Pam, She came in though the bathroom window, Golden slumbers, Carry that weight). Y que una banda te haga acordar a los Beatles nunca puede ser una mala señal.

Tanto en las letras como en las melodías, las tres obras de la banda son bastante equilibradas, une los temas un clima que transcurre de principio a fin y mantiene la coherencia, por lo que es difícil encontrar uno que sobresalga: son necesarios para el producto final, partes de un totalidad que los reclama. Aún así, puedo hacer una lista de los que más me gustan.

De “Oracular spectacular”:

“Time to pretend”

“Electric feel”

“Kids”.

De “Congratulations”

“It’s working”

“Song for Dan Treacy”

“Flash delirium”

“Brian Eno”,

y el último tema, que da título al disco, “Congratulations”

De MGMT:

“Introspection” (aunque es un cover)

“Your life is a lie”

“Plenty girls in the sea”.

Pero lo que más me gusta de MGMT es que no sea complaciente con su público. No los tranquiliza, no les dice lo que quieren oír. Genera dudas, describe la vida desde cosmovisiones poco comunes. De otra forma no se pasarían tres minutos repitiéndole machaconamente a quien los oiga “Tu vida es una mentira”. Claro que a cierta clase de público sí puede gustarle. De hecho, “Your life is a lie” es el tono de alarma de mi despertador. Lo que sólo confirma que hay gente para todo.

Wednesday, July 29, 2015

Origami - Banda de música



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Lo que aprendí de mis hermanos:
SI te gusta la música no te pongas la remera de una banda...
formá una banda y ponete tu propia remera.
Así se colabora con la gran conversación.


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Monday, July 27, 2015

MGMT - Time to pretend



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"Time To Pretend"


I'm Feelin rough I'm Feelin raw I'm in the prime of my life.
Let's make some music make some money find some models for wives.
I'll move to Paris, shoot some heroin and fuck with the stars.
You man the island and the cocaine and the elegant cars.

This is our decision to live fast and die young.
We've got the vision, now let's have some fun.
Yeah it's overwhelming, but what else can we do?
Get jobs in offices and wake up for the morning commute?

Forget about our mothers and our friends.
We were fated to pretend.

I'll miss the playgrounds and the animals and digging up worms.
I'll miss the comfort of my mother and the weight of the world.
I'll miss my sister, miss my father, miss my dog and my home.
Yeah I'll miss the boredom and the freedom and the time spent alone.

But there is really nothing, nothing we can do.
Love must be forgotten. Life can always start up anew.
The models will have children, we'll get a divorce,
We'll find some more models, Everything must run its course.

We'll choke on our vomit and that will be the end.
We were fated to pretend.

Yeah yeah yeah 
 
 
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Saturday, May 07, 2011

Scott Pilgrim – de Edgar Wright






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Una de las preguntas que más he repetido estas últimas semanas es “¿Viste Scott Pilgrim?” y todas las respuestas que he recibido son una variante de “¿Qué es eso?”
A ver: Scott Pilgrim es la adaptación de una serie de novelas gráficas escritas y dibujadas por Brian Lee O’Malley, la primera de las cuales me regalo mi hermana unas semanas atrás, y se nota al toque la fidelidad de la adaptación y lo acertado del casting, cómo clavaron a todos los personajes, cómo los actores que los interpretan son igualitos.
Pero, más importante, al menos según mi opinión, Scott Pilgrim es nuestra película generacional, como lo fueron Grease o Footloose o El Club de los Cinco para otras generaciones, está llena de las cosas que fuimos disfrutando a medida que crecíamos en los ochenta y principio de los noventa: los videojuegos, Seinfield, los amigos, tu propia banda de grunge, la onda vegetariana, las compras por internet, el mejor amigo gay, las películas de acción donde los dobles hacían todo el laburo real, el skate… en Scott Pilgrim está todo lo que te puede hacer sentir “cómodo”, “en casa”, para permitir que te metas en la historia.
Esto me lleva dos reflexiones: primero, lo que determina una generación no es lo que creés, lo que pensás, sino lo que hiciste en común, lo que viviste, la vida, eso que, como lo decía Lennon, es lo que pasa mientras estás ocupado en otras cosas. Segundo: la otra película que creo define la generación a la que pertenezco es Alta fidelidad, basada en un libro del escritor inglés Nick Hornby y protagonizada por John Cusack, fácilmente uno de mis tres o cinco actores favoritos (definición de actor favorito: un tipo al que le creo cuando actúa, a quien le creo que es el personaje y me olvido que es el actor-X actuando), y lo que tienen en común los protagonistas de las dos películas es que, a pesar de las buenas intenciones y de las turbulencias emocionales que atraviesan, son ambos unos tarados, cosa de la que los demás personajes se dan cuenta y se lo recalcan a cada rato. Pueden sacar libremente sus conclusiones acerca de eso, pero creo que el alto nivel de identificación lo dice todo.
Creo que mi generación, gracias al psicoanálisis, la sobreexplotación del concepto de trauma y el ensanchamiento ad infinitum de la extensión temporal de esa adolescencia inventada un par de siglos antes, vino al mundo con una especie de “licencia para ser imbécil”, como una especie de ejército de 007s de la inmadurez emocional. No digo que antes los jóvenes y adultos jóvenes no fuesen así, sino que no tenían permiso para serlo y por eso estaban forzados a disimularlo mejor.
Como sea, Scott Pilgrim y Rob Fleming son dos tipos emocionalmente inmaduros con una fijación especial por la música y con la característica de centrar sus vidas en esas cosas que a los demás, a las personas “serias”, les parecen una pérdida de tiempo. Eso nos define a las personas de mi generación y de las contiguas con intereses afines, que estamos más pendientes de la música, los comics, los videojuegos, los muñecos (sí, también me siento identificado con el protagonista de Virgen a los cuarenta… pero ese es otro tema… además tengo solamente 33) que de parecer maduros o de madurar realmente, ya que estamos.
Hablando de la película en sí, Scott Pilgrim está muy bien filmada, el mundo que crea resulta creíble a pesar de su artificialidad y el extrañamiento que produce (un mundo de videojuego en el cual, cuando ganás una batalla, tu contrincante queda reducido a moneditas como en un fichín, donde las ondas sonoras pueden generar un monstruo que luche contra el monstruo de tu banda contrincante, donde tu novia puede sacar un mazo gigante de su morral), las relaciones son creíbles y chistosas, te deja algunas cosas qué pensar con respecto al amor y las relaciones. El saldo es muy bueno si estás en la sintonía mental correcta para verla. Porque, hay que decirlo de una vez, es una película para frikis. Por suerte a todas las personas a quienes se la grabé son frikis o son de mi familia (lo que es decir tres cuartos de lo mismo), así que ha gozado de gran aceptación. Mi hermana incluso la exhibió en un evento de animé, o sea que la socializó con otros frikis, y al parecer les gustó.
Otro punto de contacto entre las dos películas de las que vengo hablando es la banda sonora. La de Alta Fidelidad, a tono con el personaje principal, que es un melómano dueño de una tienda de vinilos, probablemente sea la mejor banda de sonido de la historia (con perdón de Tarantino) y trae dos de los temas perennes, infaltables en la banda sonora vital de cualquiera a quien le guste la música: Dry the rain de The Beta Band, y Shipbuilding de Elvis Costello. La banda sonora de Scott Pilgrim bebe más de grunge, el rock alternativo y el pop-rock noventoso, muchos de los temas fueron escritor por Beck y en el soundtrack de la película están las dos versiones, la de Beck y la de la banda en la cual Scott Pilgrim toca el bajo. Y sí, me hice fan de Sex Bob-Omb al toque (en el comic es un viaje porque O’Malley te pone los acordes para que toques los temas en la guitarra). Ah!, también hay una canción de Black Francis (el líder de Pixies, pero sería mejor que hubiese aportado un tema instrumental: la música es buena pero se nota que la letra la quiso meter con calzador y es una verdadera porquería) y el que creo fue el descubrimiento musical del film para mí, el tema Teenage Dream de T-Rex, la canción con más arreglos que he escuchado después de Rapsodia Bohemia.
Para terminar, otro rasgo de complicidad con los frikis es que en Scott Pilgrim aparecen casi todos los actores que se están caracterizando por anotarse en todas las películas sobre comics que se filman: Thomas Jane (Punisher), Mary-Elizabeth Winstead (actuó en una de Disney sobre una secundaria de superhéroes o algo así), Chris Evans (La Antorcha Humana de los 4F, el próximo Capitaán América, también protagonizó Push, que todavía no vi pero me dijeron que es bastante mala). Brandon Routh (el Superman de Superman Returns y el próximo Dylan Dog)… falta Nicholas Cage y pueden poner los fideos…
Y si creciste en los 90s y tenés sangre en las venas, te vas a enamorar de Ramona Flowers. No de la actriz, la he visto en otras películas y no me mueve un pelo, pero Ramona Flowers es un personaje que nació para que la ames, la conozcas, salgas corriendo y la recuerdes toda la vida.


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Se vienen los Huérfanos


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La nueva banda de mi hermano Damián se llama Huérfanos de Amor. La forman él, Daniel (o Pelado), grossísimo guitarrista oriundo de General Roca, y Nicolás (alias Enano), ex baterista de la extinta Menage, la anterior banda de mi hermana Ariadna (quién también, como no podía ser de otra forma, viene cociendo algo en silencio).
Tengo unos videos que grabé de su primer recital en Roca. Ya tocaron en Neuquén y Regina también. Si no fuera tan inútil los subiría a youtube para que vieran lo buenos que son. Es increíble el ruido que meten los tres solos. Pero era de esperarse, es la misma idea que estuvo detrás de la formación de Cream: si juntas a tres personas buenas en lo suyo el resultado no puede sino ser bueno.
El rango estilístico que manejan es muy amplio: desde Divididos y Soda Stéreo a temas de Animé pasando por Hendrix y System of a Down. Y temas propios, así, de entrada.
Desde esta tribuna virtual que tan pocos visitan le dedico a Huérfanos de Amor el saludo vulcano: “Larga vida y prosperidad”.

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Tuesday, December 21, 2010

Corazones rojos - Los prisioneros


Corazones rojos, corazones fuertes
espaldas débiles de mujer
Mil insultos como mil latigazos
mil latigazos, dame de comer
de comer cordura, de comer comida
yo sabré como traicionar
traicionar y jamás pagar
porque yo soy un hombre y no te puedo mirar
Así es

Eres ciudadana de segunda clase
sin privilegios y sin honor
porque yo doy la plata estás forzada
a rendirme honores y seguir mi humor
Búscate un trabajo, estudia algo
la mitad del sueldo y doble labor
si te quejas ahí está la puerta
no estás autorizada para dar opinión

Corazones rojos
corazones fuertes
corazones rojos
hey, mujer!
hey, mujeres!

De tu amor de niña sacaré ventaja
de tu amor de adulta me reíre
con tu amor de madre dormiré una siesta
y a tu amor de esposa le mentiré

Nosotros inventamos, nosotros compramos
ganamos batallas y también marchamos
tu lloras de nada y te quejas de todo
para cuando a veces no emborrachamos

Corazones rojos
corazones fuertes
hey, mujer!
hey, mujeres!

En la casa te queremos ver
lavando ropa, pensando en él
con las manos sarmentosas
y la entrepierna bien jugosa
Ten cuidado de lo que piensas
hay un Alguien sobre tí
seguirá esta historia, seguirá este orden
porque Dios así lo quiso, porque Dios también es hombre

Hey, mujer!
Y no me digas nada a mí
Hey, mujeres!
corazones rojos no me miren así

Hey, mujer!
No me digan nada a mí
Hey, mujeres!
corazones rojos

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Cuando tenía unos quince años nos juntábamos en el patio trasero de mi casa a hacer pesas con amigos que me habían quedado de la primaria, a pesar de que íbamos a distintas escuelas secundarias. En esa época escuchábamos sobre todo Guns 'n' roses, a todos nos gustaba el tema Mr. Brownstone pero no teníamos ni puta idea de que hablaba de droga, de que Ms. Browntone era lo que llamamos una piedra de marihuana, un veniticinco. Escuchábamos casets me acuerdo, casets grabados, TDK o Sonny. En un TDK negro tenía tambiés el disco de Los prisioneros donde, además de Tren al sur y Estrechez de corazón estaban otros buenos temas como Muevan las industrias o El baile de los que sobran. Y este tema. Corazones rojos.
Nosotros lo cantábamos pero lo cantábamos EN SERIO, pensando que la letra era en serio, que era una especie de himno a un machismo que, como adolescentes en via de formación, nos resultaba de alguna forma necesario absorber. O ahora lo veo así para autojustificarme.
En ningún momento vimos la ironía, no vimos que el tema era una sátira dolorosa a ese machismo que tanta violencia generó siempre en Chile, pensábamos que era como un adiestramiento, una hoja de ruta hacia lo que era ser realmente un hombre y hacia la ubicación que la mujer debía tener en el esquema de las cosas.
Días atrás, haciendo zapping, encontré un especial sobre Los prisioneros en el canal de Chile, escuché la canción de nuevo después de años de no recordarla, y tuve una sensación horrible. No fue siquiera un pensamiento, no fue decir mentalmente "¡Qué pelotudo que era!" sino una suerte de sonrisa nerviosa, como cuando nos sentimos observados por alguien que nos juzga. Pero era yo. Yo juzgando a mi yo pasado.
Si uno tiene un mínimo de autocrítica se da cuenta muy rápido de que en cualquier tiempo pasado fue un gil, pero una cosa es saberlo de forma teórica y otra que te refrieguen en la cara una muestra patente de tu imbecilidad pasada desde una canción, desde un video.
No se lo deseo a nadie, la verdad.


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Monday, September 13, 2010

Menage - covers de animé


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El domingo a la noche fui a la Conrado a ver tocar a Menage, la banda de covers de animé en la que toca el bajo y canta mi hermana menor y también canta la novia de mi hermano. Él también estaba ahí, haciéndoles el sonido. Y en el público estábamos mi hermana mayor con mi sobrina y yo, así que fue casi como un asado de Navidad en mi casa de Regina, uno de los pocos momentos en que estamos los cuatro hermanos juntos.

Primero la evaluación objetiva: Menage es la mejor banda de covers de animé del valle y probablemente de la Patagonia. No hay mucho que discutir sobre eso. No son fans que se juntaron a ver qué salía y agarraron instrumentos por primera vez, o que aprendieron más o menos a tocar algo encerrados en su habitación: son todos flacos y chicas con formación musical, o que vienen de bandas anteriores, o que estudian o estudiaron música en el IUPA (o el INSA, como se lo llamaba antes) y se juntaron a tocar lo que les gusta pero con el sentido musical por delante.
Cuando ves a una banda que toca lo que le gusta sin técnica, sin acercarse a la perfección formal pero con ganas, poniéndole todo, te cae bien, los bancás (en el sentido de que les hacés el aguante, no en el sentido de que los soportás), los felicitás por divertirse y compartirlo. Pero cuando los que tocan, aparte de divertirse lo hacen bien, cuando son realmente músicos, gente que vive para la música, que la entiende y la siente y la estudia además de gustarle y disfrutarla, la diferencia se nota demasiado y no hay nada que hacerle.
El nivel general de toda la banda es muy bueno, nadie desentona y son lo suficientemente vivos como para tener momentos en cada presentación en el que se luce un instrumento en particular.
Obviamente, cuando los veo estoy casi todo el tiempo mirando a mi hermana por una razón de orgullo familiar, pero tengo que reconocer que todos son muy buenos en lo suyo. Si tengo que destacar a uno creo que me quedaría con el baterista porque es el que más hace involucrarse al público (aunque los que estaban en la Conrado eran medio muertos y salvo dos flacos nadie saltaban ni a palos) pero creo que tiene más que ver con que la percusión es la forma de música más antigua, más fácil de lograr (me refiero a que incluso sin instrumentos es posible hacer ruido mediante golpes) y actúa a un nivel muy instintivo. Mi teoría es que tiene que ver con el palpitar del corazón humano y con los ritmos internos del cuerpo, que naturalmente se aceleran cuando hacemos algo que nos moviliza y nos involucra. Recuerdo una cosa rara que hicimos una vez con cierta gente (la indefinición es totalmente adrede) donde hubo títeres, teatro, lectura de poemas, y en cierto momento entraron tres personas tocando tambores y se formó algo muy atávico, con todos dados vuelta bailando y saltando en ronda… y creo que la percusión te lleva más a esos lugares primitivos de libertad y de comunión que los demás instrumentos… pero es solamente una teoría mía.

La evaluación subjetiva es simplemente felicidad y tranquilidad de alma: cuando veo a cualquiera de mis dos hermanos menores sobre un escenario es como que algo que estaba descentrado vuelve a su eje, no puedo dejar de sonreír desde que empieza el primer tema hasta que termina el último porque me colma la seguridad de que por lo menos algo en el mundo está donde debe estar, es su exacto lugar, que en un universo donde todo lo que puede salir mal sale mal hay también cosas que funcionan correctamente, hay esferas que giran sobre su eje al menos por un rato, es la música de las esferas de los pitagóricos materializándose en armonía perfecta.
Yo, objetivamente de nuevo, debo decir que no tengo motivos para quejarme, que tengo una vida tal vez mejor de la que merezco y seguro mejor que la que debería tener si el rasero por el cual se midiera fuera el esfuerzo que uno pone en conseguirla. Pero estoy totalmente seguro de que si estuviera mal, hecho mierda, muerto de hambre, sin un mango, en la calle, sin ganas de vivir, destrozado en cuerpo y alma, y por un rato viera a mis hermanos sobre un escenario haciendo lo que les gusta y lo que nacieron para hacer, por ese rato me olvidaría de todo y sería feliz.
Después viene el bajón, por supuesto, cuando me planteo por qué carajo yo nunca aprendí a tocar nada y los estoy mirando desde el público en lugar de estar acompañándolos, pero no hay mucho que hacer respecto a eso.


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Monday, March 22, 2010

Tiempo al tiempo

¿Han escuchado el nuevo tema de Fito Páez?

¿Cómo un ser humano que escribió Ciudad de pobres corazones, El chico de la tapa, Tumbas de la gloria, Por siete vidas, Religión song, Polaroid de locura ordinaria, puede haber llegado a escribir semejante basura?
La caída de Fito Páez viene desde hace rato. El último buen disco completo que editó fue El amor después del amor (la perfecta combinación entre el rock nacional y el pop melodioso gay que después hizo famoso a Miranda!) si no contamos el disco con Sabina, al cual hay que reconocer que llevó muy por encima de la calidad musical de los discos del español, que pone el énfasis en las letras y no se centra tanto en los arreglos, los coros y esas cosas que suman aunque no parezca… aunque al mismo tiempo lo arruinó con boludeces del calibre del tema Cecilia. Y después de eso, el vacío. Dejando de lado Cadáver exquisito (temazo!!!!!!) no ha vuelto a hacer nada como la gente.
¿Por qué?
¿El talento se disipa con los años? ¿Se gasta?
¿O es el hecho de creérsela?
Una vez escribí por ahí que ser poeta es una enfermedad y el primer paso para curarse de ella es darse cuenta de que se la sufre. Algo así como lo que dicen de las adicciones o los comportamientos destructivos. Hemos visto miles de veces películas, series, donde hacen intervenciones para enfrentar a los afectados con su problema a fin de que lo asuma y lo vaya superando. ¿Y si para algunas personas ser artista es como una enfermedad, y cuando la enfrenta y la aceptan, cuando se convencen de que la padecen, cuando “se la creen”, empiezan a superarla, a dejarla fuera de su personalidad.
Supongo que no pasa en todos los casos, hay artistas que indudablemente mejoran con los años, o al menos se mantienen. Deben ser verdaderos artistas, supongo, los que están en esto por el arte y no por la fama. A estos últimos hace diez años no teníamos como llamarlos, ahora le decimos “mediáticos”.
Pero de Fito Páez no lo entiendo. Empezó con tanta fuerza, con tanta personalidad, con tanto carácter. Y después se diluyó en boludeces, cambió el contenido por la forma, cambio las canciones de rock con letras realistas, vuelo poético y música poderosa por letras banales y arreglitos pop. Y de ahí no se vuelve.

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PD 1: ¿Se nota que detesto el pop?
PD 2: Cuando murió Michael Jackson iba a escribir “Murió el rey del pop. El rock dice ‘jaque mate’”, pero después me saltó el enano políticamente correcto y no lo hice.

Saturday, January 16, 2010

Música en blanco y negro con una musa

Mi final de año pasado estuvo signado, musicalmente hablando, por Jack Black, Jack White y Muse.

Sabía que Jack Black tenía una banda llamada Tencious D, lo había leído unos años atrás cuando le compraba todos los meses a un amigo la Rolling Stone, pero nunca había escuchado nada de ellos hasta que alquilé la película Tenacious D – The pick of destiny (o sea, La púa del destino, sea como sea que lo hayan traducido acá) y quedé fascinado sobre todo con el principio. La película empieza como una ópera-rock, con un tema largo donde hay diálogos y cambios de ritmo dependiendo del personaje y la emoción que se describe. Es buenísimo. Si quieren verlo, les pongo el link de youtube.

http://www.youtube.com/watch?v=hvvjiE4AdUI

Ya conocía también la posición ideológica respecto al rock que tiene Jack Black desde que vi Escuela de Rock (una de las pocas comedias que he visto más de una vez) y acá la vuelve a exteriorizar y se parece mucho a la que tengo yo: el rock tiene ética y estética. Eso lo diferencia de los demás estilos surgidos con el tiempo y lo emparenta con el reagge, el único otro género musical actual con una ideología detrás.
Como digresión, no nombro al punk ni al grunge porque por un lado son, para mí al menos, derivados del rock, y porque en realidad lo que tienen no es una ideología sino lo contrario, una negación de la ideología: el punk con su “no future” y el grunge con su mensaje desengañado y nihilista. Decir que nada tiene sentido es una renuncia a encontrarlo, por lo tanto no reviste una ideología sino la negación de la utilidad de buscarlas, es darse por vencido de entrada, anularse como ser espiritual.
Igual, por lo menos el grunge y el punk decían algo, transmitían un mensaje aunque sea un mensaje nihilista, y a partir de él podías construir algo propio ya que no sólo se construye por adhesión sino también por negación, no sólo a partir de aquello con lo que acordamos sino a partir de aquello con lo que estamos totalmente en desacuerdo (y demás dejaron unos discos de puta madre).
El pop, por otro lado, no tiene nada que transmitir, nada con lo que acordar o estar en desacuerdo desde el punto de vista de una cosmovisión (a menos que la guita, la fama y los flashes de los paparazzi puedan tomarse como una cosmovisión, y jodidísimos estaríamos si fuera así), no hay una moral que lo sustente, no hay una ética entre pares, es un vale todo con tal de que al final los adolescentes bailen con lo que surja de la unión entre los arreglos del productor y el carisma y el magnetismo sexual del o la cantante.
Los géneros tipo rap o hip-hop tampoco tienen ética: tienen “códigos” en el sentido tumbero del término, sus cultores más que colegas son cómplices, más que apoyo se ofrecen encubrimiento.
Para simplificar, creo que hoy en día una persona con ética rockera es lo más confiable que podés encontrar. A lo mejor no va a llegar nunca a horario y te va a quedar debiendo guita, pero puedo garantizar que, cuando realmente importe, no te va dejar tirado.
Pero volviendo a Tenacious D: ahí Jack Black es lo más parecido a una versión yanki del gordo Casero si el gordo Casero hiciera solamente rock and roll en joda y no anduviera picoteando por todos los géneros musicales. Los dos integrantes de la banda (y en eso son iguales a los White Stripes) se despachan con unos riffs en guitarras criollas, con algunos arreglos eléctricos, que son una clara parodia/homenaje a los guitar-heroes del rock and roll clásico y moderno. Si te gusta el rock lo tenés que escuchar. Y si entendés inglés te vas a partir de risa con la letras (escuchen Fuck her gently, por favor).

http://www.youtube.com/watch?v=wCUa9jXWn6s

Lo mejor es que es tan básico y tan bueno que te dan ganas de aprender a tocar. Y ese es precisamente el efecto que tuvo en mí cuando lo escuché. Ya conseguí una guitarra y espero poder tomarme un tiempo y encontrar a alguien piola que me tire una punta de cómo empezar (probablemente acompañado de Kala, o “el poeta de la perca”, como le dicen en los blogs porteños). Si consigo tirar un par de riffs voy a cumplir mi principal deseo de año nuevo (aparte de los naturales: salud y bienestar para mi familia, de la que soy hijo y hermano y de la que soy padre y marido) que es subirme a un escenario con mis hermanos, aunque sea a tocar el triángulo... pero si es la guitarra, mejor.


Jack White, por su parte, es un grosso guitarrista que ha llegado más lejos que cualquiera con menos notas, cultivando el minimalismo a rajatabla con los White Stripes. Si tuviera que escribir la cantidad de temas de los White Stripes que figuran entre mis favoritos tendría que transcribir la mitad de su discografía (y conste que mis bandas preferidas con Pixies y Portishead, pero los White Stripes deben estar dentro de las cinco primeras seguro). Pero aparte se ha revelado como una fuerza creativa imparable con dos proyectos paralelos: The raconteurs y The dead Weather. Las tres bandas son más o menos parecidas pero tienen las diferencias suficientes como para construir una personalidad propia. Si tengo que elegir me sigo quedando con los White Stripes (temas como Fell in love whith a girl o Seven nation army ya son parte de la banda sonora de mi vida y si de algo estoy seguro en estas vacaciones es que un cd con un compilado de lo mejor de los White Stripes va a ir sonando de ida y de vuelta a donde sea que termine yendo).

http://www.youtube.com/watch?v=q27BfBkRHbs

http://www.youtube.com/watch?v=6j7huh5Egew

El punteo de bajo de Seven nation army es lo único que me salía más o menos bien en el bajo en el poco tiempo que traté de tocarlo más o menos seriamente (conmigo, las cosas que llevan práctica constante siempre están encabezadas por la frase “más o menos”). Por un lado eso significa que el punteo es fácil, pero lo importante es que aún así no pierde su fuerza ni su belleza. En ese punto me hace acordar al riff de Keith Richards en I can’t get no (satisfaction): son hallazgos, me da la sensación de que son sonidos básicos de la naturaleza que estaban en el aire esperando que alguien los pusiera en una canción. Algunos poemas son así también. Cuando algo es tan simple que la belleza refulge y se mezcla con una especie de pasmo que dice “a mí perfectamente se me podría haber ocurrido” junto con el alivio de que a alguien se le ocurriera y la admiración hacia la persona a la que se le ocurrió, creo que eso es un hallazgo. Y Jack White es un especialista en hallazgos.


La última banda es Muse. En especial su tema Uprising, que traduje para poder entenderlo mejor, y es lo más movilizante que he escuchado en mucho tiempo. En todo el año, creo. En el laburo cada vez que lo escucho termino coreando el estribillo y cantando con un puño alzado como si cantara entre una multitud de personas que pensáramos igual, y eso para mí, que solamente fui a un concierto y me di cuenta de que no son lo mío (al menos no desde abajo del escenario), es significativo.
Ahí les va la traducción:

Ascenso - Muse

La paranoia está en flor
los RRPP van a reasumir las transmisiones
van a tratar de meternos drogas, mantenernos a todos estupidazos
esperando que nunca veamos la verdad alrededor
(así que ¡vamos!)

Otra promesa, otra escena,
otro paquete armado para mantenernos atrapados en la codicia
y todos los cinturones verdes atados alrededor de nuestras mentes
y una interminable cinta adhesiva roja para mantener a la verdad confinada
(así que ¡vamos!)

Ellos no van a forzarnos
ellos van a parar de degradarnos
ellos no van a controlarnos
vamos resultar victoriosos
(así que ¡vamos!)

Intercambiando control mental
vení y dejá que la revolución nos afecte
si podés apretar el interruptor y abrir tu tercer ojo
verás que nunca debimos tener miedo de morir
(así que ¡vamos!)

Levantate y retomá el poder
es hora de que los gatos gordos tengan un ataque cardíaco
vos sabés que su tiempo se está terminando
tenemos que unirnos y ver nuestra bandera ascender
(así que ¡vamos!)

Ellos no van a forzarnos
ellos van a parar de degradarnos
ellos no van a controlarnos
vamos a resultar victoriosos
(así que ¡vamos!)

Ellos no van a forzarnos
ellos van a parar de degradarnos
ellos no van a controlarnos
vamos a resultar victoriosos

http://www.youtube.com/watch?v=w8KQmps-Sog

Leí en un sitio yanki que le echaban en cara a Muse haber escrito una letra política en esta canción. ¿Tan imbéciles pueden ser? Al parece los yankis no reconocerían una letra espiritual ni aunque les mordiera el culo. Ya durante la presidencia de Bush, con el tema de la guerra contra el “eje del mal” y todas las estupideces, me di cuenta (confirmé lo que ya sabía, en realidad) de que en norteamérica las únicas personas que valen la pena, los únicos que piensan por fuera de la caja de consumismo y patrioterismo en que están encerrados son los artistas. Y solamente algunos artistas.
Para mí esta letra es totalmente espiritual y está al nivel de Redemption song de Bob Marley o de cualquier canción de la última etapa de John Lennon, no sé, Across de Universe o Imagine. Para mí es altamente significativo que hablé del tercer ojo o que use la frase “flick the switch”, que es el título de una de las entrevistas más largas y copadas e influyentes (al menos en lo que a mí respecta) a Grant Morrison (que está traducida íntegra en los primeros post de este mísero blog que están leyendo).
Y la alusión a los “gatos gordos” la relaciono con lo que puse en el copete del blog, en las palabras que aparecen arriba del todo. Para mí es así, por más maniqueo y cabeza que suene: o viniste a crear o viniste a destruir o viniste a acaparar. O de última viniste a mirar sin hacer nada, pero ¡chabón! ¡eso ni siquiera es vivir!
Tengo amigos que aseguran que en el asado en que celebraba mis 29 años, en un estado alcoholico importante, improvisé un discurso que terminó conmigo gritando “¡Muerte a los ricos!”. Yo la verdad no me acuerdo. Aparte, yo no puedo desear la muerte de nadie, soy poeta, soy un alma sensible (esto último debe ser leído con la voz lánguida que siempre uso cuando digo tamaña boludez para zafar... y a veces me sirve, depende de a quién se lo largue).
Pero, hablando en serio, no se trata de que odie a los ricos porque sí, ni a todos. No se trata de algo económico-social tampoco. Es más filosófico que eso. Dudo que la gente que solamente piensa en la guita, y está dispuesta a hacer lo que sea para tener cada vez más guita, tenga siquiera la mínima posibilidad de ser una buena persona. A lo máximo que pueden llegar es a ser cajas registradoras bien aceitadas y precisas. Para mí una persona que solamente piensa en la guita está a esto (imagínense que separo el índice y el pulgar unos tres centímetros) de dejar de ser un ser humano.
Tengo dos acotaciones que hacer. Por un lado deberíamos ser ciegos para negar que la plata es necesaria, pero una vez que podés dormir bajo techo y comer caliente dos veces al día, ¿para qué más? Por otro, puede haber buena gente, gente talentosa y creativa y buena persona, que se llene de guita porque es buena en lo suyo y sabe hacérselo pagar, o alguien puede ganarse la lotería o reventar la banca en el casino y ser millonario sin necesidad de pisarle la cabeza a nadie, que es el método predilecto de los que tienen el signo pesos marcado en las pupilas (ahora que lo pienso, mi mujer me pregunta qué manía tengo últimamente de querer ir al casino y tal vez sea eso: que sería la única forma en que podría hacerme rico sin que me remuerda la conciencia... aunque en realidad den ser las mismas posibilidades de que me haga rico escribiendo y publicando... o sea, muy pero muy pocas).
Pero, bueno, creo que el enfrentamiento en este momento es ese, es espiritual, o mejor dicho, es el enfrentamiento entre las personas espirituales y las máquinas que sólo saben hacer “clínk!” cada vez que les cae una moneda en los bolsillos. Es un enfrentamiento no en el sentido de que terminemos haciendo la guerra. Eso es lo que pasó en la época capitalismo versus comunismo y no nos fue muy bien como planeta en ese entonces. El enfrentamiento es por quién termine dominando el mundo.
Grant Morrison decía que para hacer que las cosas cambien había que meterse dentro de los sistemas, que más útil que hacer una manifestación delante de una multimacional que contamina era hacerse presidente de esa multinacional, cambiar sus políticas internas y asegurarse de que dejen de contaminar. Y sí, es más útil, pero mucho más difícil, sobre todo para las personas que no nacimos para presidentes de multinacionales.
Pero algo hay que hacer. Dejar de quejarse. Actuar, a través de las palabras o de las obras artísticas o, por qué no, de la acción política. A mí cada vez me cierra más que mientras dejemos a las cajas registradora a cargo el mundo va a seguir siendo la mierda acaparadora y egoísta que es. Y una vez que te das cuenta ya no te podés hacer el boludo, una vez que te das cuenta lo que siga es enteramente culpa tuya.
Yo no sé si podré meterme en política o algo así, pero si logro componer o escribir o pintar o dibujar algo que le cause a los demás lo mismo que siento cada vez que escucho Uprising, me sentiría mejor. Al menos sabría que gracias a mí otra persona en guerra contra las cajas registradoras se siente menos sola.

Sunday, June 07, 2009

La caída fue larga


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Tus dos primeros discos me gustaron. Pero yo era joven e inocente y a lo mejor eran basura pero como en esa época me cabía Sabina y eras un pseudo-Sabina que a veces caía en rimas lamentables del estilo de Shakira (“suerte que mis pechos sean pequeños y no los confundas con montañas” es inigualable, inalcanzable), estabas dentro de mis parámetros de los escuchable.
“Historia de taxi”, “Animal nocturno”, esas cosas. Estaba bueno el personaje de bebedor mujeriego al que todo le importa un carajo. Como un escritor que conozco. Nadie cree realmente que ese personaje sea el intérprete, pero el personaje te cae bien porque es como el tipo que hubieras sido si te hubieran dado a elegir.
Después vinieron los temas sobre religión y las mujeres feas o viejas, para ir tantenado terreno. Y había quórum. Había mercado. Pasaste de machista que no deja títere con cabeza a hombre sensible que descubre las bellezas ocultas de cualquier mujer.
De ahí a la música de novelas había un paso.
Hoy sos el Paz Martínez de Centroamérica y das lástima.