Saturday, April 18, 2009

No sólo de saldos vive el hombre (pero ayudan)













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De nuevo nos están bombardeando con saldos españoles. Pasa cíclicamente. De forma tímida empiezan a mandar sus sobras para ver qué onda, después mandan algunas series que están saliendo en el momento en España, dura un tiempo en el cual los kioscos están llenos de revistas nuevecitas, y después se corta.
Empezó Planeta con sus Coleccionables de Batman, de los cuales, al menos acá a Neuquén, llegaron unos 33 números de los 40 de la colección, y de yapa no publicaron casi nada del Batman de Kelley Jones, que es lo que más quería conseguir. Ahora empezó a salir el Coleccionable de Superman, que al menos empieza con la etapa de Byrne, de lo mejor que he leído sobre el personaje, de cuando Byrne era un grande de verdad.
Pero ahora también Norma nos está mandando cosas a los kioscos sin avisar, o al menos sin que lo hubiera leído antes en ninguna parte. Parece que se les dio por cobrar todo entre 20 y 30 mangos, sin fijarse la cantidad de páginas o si es en color o en blanco y negro.
Por ahora he comprado Billi ’99, con dibujos de un muy primerizo Tim Sale, con un arte bien low-fi (no sé si a propósito o no, pero incluso en los negros plenos se pueden ver claramente las distintas pinceladas de tinta china). 200 páginas en blanco y negro a 25 mangos.
También compré Vampi: Amor sangriento. Me da un poco de vergüenza decirlo, pero bueno... el dibujo amerimangoso está bueno, el color está excelente, hay una vampira con cara de ponja peleando con un loco vestido de Tío Sam, así que hasta puede haber alguna clase de mensaje alegórico acerca de la guerra manga/comic americano... o no, o nada que ver. Como sea, son 140 páginas, a color, a 28 mangos.
Hoy vi un tomito de Freshmen, la serie que creó, supuestamente, Seth Green (el hijo del Dr. Evil en Austin Powers... yeah, baby!), a 24 pesos, pero por el grueso deben ser menos de 100 páginas, así que no sé que criterio tienen para poner los precios. Esa no la compré. Tampoco creo perderme demasiado. Lo mejor de esa serie son las portadas de Rodolfo Migliari, pero no creo que una sola (y no de las mejores) valga tirar 24 mangos en un comic que puede ser malo y que no pude ojear porque está dentro de una bolsita.

También volvieron los Simpsons. Las mismas revistas que sacó en el 2006 Sticker Design (de la que supe tener el primer número) y al mismo precio. Se ve que en esa época no las compró nadie, por eso cerraron en el número 10, pero ahora 5 mangos es un vuelto. Desgraciadamente no sé si van a sacar el número 1 porque ese vino con la revista Genios. Estaba bueno, pero como no pensaba seguir comprando la colección y el tamaño jodía para guardar la revista sola por ahí, se la di a Lucía, que con suerte tendría dos añitos, y así quedó.
Pero la revista es buena. Tiene chistes distintos a la serie de televisión, por obvias razones del cambio de medio, y precisamente eso es lo que está bueno, que el humor cambia. Debería haberlas comprado la primera vez... pero bueno...

Y en Blockbuster rescaté los dvds de Ultimate Avengers y El Invencible Iron Man a 10 pesos. Un regalo. La de Iron Man todavía no la veo, pero la de los Ultimates está muy buena, es todo lo fiel al comic que puede ser (sin que Pym faje a su mujer o Hulk se coma extraterrestres crudos, por otras obvias razones, pero ahora de target marketinero) y tiene un muy buen ritmo narrativo. Se extraña un poco a Ojo de Halcón, pero tampoco tanto.

Y no sé si se dará en otros lados, pero en un par de kioscos de Neuquén han aparecido cosas viejas de Vid a 8,50, nuevitas a pesar de los tres o cuatro años que tienen las revistas, así que no sé si alguna distribuidora las tendría acovachadas y ahora está viendo si se hace unos mangos antes de tirarlas a un incinerador. Como sea, ya compré cuatro tomitos y veré qué sigue apareciendo.

Thursday, April 02, 2009

La culpa es de la altura

Más allá de que (como sabe cualquiera que me conozca) detesto el fútbol y fanatismo hasta asesino que genera, y no creo que 11 tipos corriendo una pelota nos representen como país, me queda algo en claro del partido de ayer:

6 a 1 es de mala persona.

Porque podés meterle 3 o 4 goles a un rival y quedar bien, y golear... pero 6... es como pegarle a un nene de cinco años y patearlo en el piso. Eso no se hace.

Wednesday, April 01, 2009

Albricias!!!!!!!!!!!

El fin de marzo ha sido especialmente bueno para mí. Estos dos días he estado con una felicidad casi infantil, pero en el fondo sé que siempre voy a seguir siendo un chico en cierto sentido, y eso está muy bien.
No quiero contar nada para no quemarlo, pero pronto pueden haber noticias importantes.

Wednesday, March 18, 2009

Lo no cumplido



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Había dicho que éste mes posteaba una miniserie, pero no la dibujé. No me da el cuero, esa es la dura realidad. Ahí quedan un par de potadas a medio hacer, a ver si el fervor popular me fuerza a ponerme las pilas "a pedido del público".

El artista no es la obra

Esa máxima tan sencilla y tan fácil de entender a mí me está haciendo mella recién ahora, comenzando la treintena (creo que ya lo he dicho: suelo hacer de taquito las cosas más difíciles, pero la sencillez se me complica sobremanera), ya que últimamente me he estado sorprendiendo con la genialidad de obras con cuyos creadores me habían predispuesto mal por diversos motivos, tanto es así que se trata de libros que había comprando hace mucho pero tenía pospuesta su lectura porque el escritor me caía mal.

No es de ahora esa actitud. Cuando era adolescente me pasaba con la música. No escuchaba a los Doors porque era la banda favorita de un primo al que consideraba especialmente estúpido. No escuché a los Redondos hasta los 23 años porque en la secundaria, en mi colegio, para ser copado tenías que escuchar a los Redondos y no tenía ganas de ser copado (creo que más bien no concebía la posibilidad de serlo, entonces, para no herir mi autoestima aún más, disfrazaba la imposibilidad por negación electiva). En los otros dos colegios de Regina, lo que se debía escuchar para ser copado era Metallica en uno y Pink Floyd en el otro, bandas que, por supuesto, también hice llegar tarde a mis oídos.

Pero volviendo a la literatura: opino que Gabriel García Márquez es un imbécil insoportable, con esa sonrisa lasciva que pone siempre que se deja homenajear y esa actitud perdonavidas de “yo invento géneros literarios”. Pero Cien años de soledad es una maravilla de novela. Creo que la compré hace unos diez años, y varias veces la tuve en las manos pensando si leerla o no, y no empezaba con la lectura porque la había escrito “García Marketing”, como dijo alguien por ahí. En octubre del año pasado despaché en dos noches Crónica de una muerte anunciada, en mis mini-vacaciones antes de que naciera Santiago. Había comprado el libro solamente porque cuando lo sacó Clarín, en una de esas colecciones que se suelen inventar, mi hermana menor lo necesitaba para el colegio, y cuando lo leí me sorprendió la fluidez narrativa: el libro no cuesta absolutamente nada de leer (en ese sentido es una muy buena elección para la escuela), te lleva. No identifiqué bien las técnicas narrativas sino solamente el resultado de su puesta en texto, y el resultado es positivo. Pero en Cien años de soledad estuve más atento, y la cantidad de herramientas narrativas que usa García Márquez conforman un compendio de todo lo que se puede hacer en la novela para captar la atención de lector y mantenerlo leyendo. Es una novela que no se puede dejar. Y la cantidad de emociones que genera, la mezcla, es brillante. Me pasó estar sonriendo mientras leía muertes y cosas así. Al final de por lo menos tres capítulos estaba cerca de llorar... pero estoy medio maricón últimamente así que no sé si eso es mérito del libro.
En el sentido de las posibilidades narrativas, creo que se debería leer Cien años de soledad justo antes que Rayuela: en una tenés todo lo que se puede hacer en una novela y en la otra el paso siguiente.

Volviendo: otro que no soporto es Sábato, el autoproclamado juez moral de la nación, que no podía rebajarse a hablar coloquialmente siquiera en las entrevistas e iba desperdigando mala poesía por las secciones culturales de los diarios. Hace varios años leí una entrevista, creo que en el Río Negro, donde le preguntaban de, pongámosle, el precio de las papas, y salía con algo así como “siempre he sido oscuramente conciente de la nocturnal belleza de la muerte” y qué se yo, así que no pude seguir leyendo. Porque, no jodamos, la literatura es arte, es composición destinada a la belleza formal sobre el soporte de una historia o una idea, y el habla es comunicación puesta en práctica. Ni se habla como se escribe ni se escribe como se habla (a menos que estés escribiendo un diálogo, donde sí opino que debe entrar lo coloquial por la puerta grande, para que no quede forzado o irreal).
Pero, a pesar de cualquier consideración, Sobre héroes y tumbas es buenísimo. Tengo que reconocer que entendí la mitad, no porque fuera difícil de leer sino porque entre la belleza de las frases muchas veces no lograba ver un sentido, pero esa belleza literaria es innegable y con la mitad que entendí me alcanzó.
El túnel es un bostezo de proporciones cósmicas, eso sí.

Otro contra el que estaba mal predispuesto era Alejo Carpentier. Primero, porque lo recomendaba una profesora de la universidad francamente repelente. Segundo, porque es un escritor barroco y relaciono al barroquismo con la impericia a la hora de escribir: todos somos barrocos hasta que nos damos cuenta de que escribir bien no es escribir mucho sino escribir lo justo y necesario, de que tres adjetivos pueden decir menos que uno solo bien usado, de que no tenés que enterrarte en el diccionario si con las palabras que pronunciás todos los días podés expresar tus ideas lo más bien.
Empecé a leer Los pasos perdidos en noviembre y lo dejé. No me gustó. Lo retomé dos veces, creo, en las sesiones de lectura más desprestigiadas: las que se realizan en el retiro espiritual del baño. Y no había caso. Hasta que llegué al capítulo 9 y el libro despegó, para mí al menos, con unas reflexiones del personaje/narrador acerca de la Segunda Guerra Mundial. Se ve que lo anterior, la descripción de la vida aburrida y burguesa de un emigrado en Francia, me tenían muy sin cuidado, pero cuando el foco pasó al exterior, pasó de la autodescripción a la descripción del mundo, la cosa cambió y se me hizo interesante. En definitiva, del capítulo 9 en adelante, me pareció una muy buena novela. No una maravilla, pero sí mucho mejor de lo que esperaba.

Ahora, el último escritor que detesto que se me venga a la mente, es Saramago. Tendré que comprarme algo suyo que encuentre barato y ver cómo resulta eso.

Habrán notado que no nombré a Cohelo, pero no pienso dignificar a ese ladrón hijo de puta con el mote de escritor. Y me banqué un engendro suyo solamente para poder hablar con conocimiento de causa. Fueron las 100 páginas más largas de mi vida. Tardé dos semanas en leerlas, mientras las 500 de Cien años de soledad las quemé en tres o cuatro días, dependiendo de cómo haga la cuenta. Pero es que era una tortura oriental.
Antes que volver a leer algo de Cohelo me lavo los ojos con soda cáustica y una esponja Patito.

Monday, March 02, 2009

La solución...


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...para los que no sabemos dibujar pero copiamos bien.
No sólo lo hace Chris Weston, sino gente como Alex Ross, Stuart Immonen o Brian Hitch.
Sólo necesitás una cámara digital, amigos con tiempo para posar y capacidad para plantar la página para que las fotos queden como cuadros de comic y cuenten una histria.
No es difícil.

Monday, February 09, 2009

Agradecimiento

Es raro lo personal, y hasta cierto punto íntimo, que se está volviendo este blog para mí, siendo que la intención que tenía cuando lo abrí era sobre todo, y casi exclusivamente, colgar reseñas acerca de artistas de comics y escritores que me gustan, y también obras mías, para compartirlas. Nada más.

Una vez dicho eso, anoche falleció alguien a quien le debía un favor, un agradecimiento. La persona que de alguna forma fue la que habló para permitir que entrara a trabajar en el lugar que me da de comer hace casi trece años. Y lo hizo no por mí sino por mi viejo.

Mi papá era una persona muy simple. Estoy leyendo a Dostoievski y la misma simpleza que él veía en el pueblo ruso y que según él estaba destinada a salvar al mundo, es el tipo de simpleza que tenía mi viejo. No era ignorancia o lentitud para pensar, tampoco candidez estúpida. Además, el simple hecho de haber tenido una enfermedad mental como la depresión implica que su mente no era algo estático y fácil de comprender sino todo lo contrario, que en su cabeza existían abismos y complejidades importantes. Creo que a lo que voy es a que mi viejo (como mi mamá) no vivía para la maldad, no pensaba en esa clave, en ese registro. Si hay algo que quiero aprehender y conservar de mis viejos es eso. Pero además, mi viejo no salía de su lugar social, no esperaba escalar sobre las cabezas de otros. Ya ni siquiera esperaba mejoras para él sino para nosotros, sus hijos.
Me acuerdo que el día en que hice mi entrevista de trabajo y me dijeron que empezaba el lunes siguiente, papá estaba feliz. Siempre repetía que no quería que sus hijos trabajaran en el aserradero o el galpón, a la intemperie, muriéndose de frío en invierno y de calor en verano. Trabajar bajo techo era una especie de paraíso para él. Que su hijo laburara bajo techo era tocar el cielo. A eso me refiero con simpleza, creo.

El tema es que esa felicidad de papá se la debo a alguien que acaba de morir y a quién nunca se lo agradecí. Pensaba hacerlo el día que dejara de trabajar en la clínica (la idea fue siempre que se trataba de un trabajo temporal, para mantenerme cuatro años mientras terminaba mi carrera, pero acá estoy, más de una década después), charlar, llevarle un buen vino de regalo, algo así. Hace un par de meses, cuando le dio un ataque y le descubrieron un tumor, pensé en ir a verlo cuando se mejorara, pero fue en picada demasiado pronto. Las tres últimas veces que lo vi (lo llevé en silla de ruedas hasta la guardia) creo que ni siquiera pudo fijar la vista en mí, que ni siquiera sabía quién o qué era yo. Y ahora ya no habrán más oportunidades.
Una culpa más. Estoy acostumbrado a cargarlas, por errores que cometí o por aciertos que dejé de lado. Ya casi no me pesan. Me las coloco una por vez sobre cada hombro para balancearlas.
No tiene sentido que ahora le agradezca a su familia. Era a él o a nadie.
¿Por qué lo cuelgo en el blog? Porque internet es lo más parecido que tenemos a un dios: está en todos lados y en ninguno, lo contiene todo, lo sabe todo, pero no hace nada para ayudarnos, atesora cosas que tenemos que ir directamente a buscar, sabiendo exactamente lo que buscamos, de otra forma no nos sirve de nada.
Este post es una plegaria que le dirijo a lo más parecido a dios que puedo encontrar.

Thursday, February 05, 2009

Si Freud lo dice...

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Ilustración del genio de Neal Adams para una revista de psicología.
Traducido por un servidor.

Teorías

I

Una clínica es un lugar maravilloso para conocer al ser humano. No para conocer a personas individuales sino para tener un conocimiento del ser humano en sí, con todas sus miserias: enfermedades, estados de ánimo alterados (por la felicidad de un nacimiento o la tristeza de una muerte, por ejemplo). Pero, más allá del hecho puntual que los haga llegar a la clínica, lo que más revela del ser humano es la creencia de que, por estar pasando por una enfermedad o acompañando a un enfermo, tienen una suerte de vía libre para la falta de respeto, tienen la posibilidad de gritarle, basurear o incluso golpear a cualquiera que no se comporte para con ellos como creen que deberían hacerlo en esas circunstancias.
Sí, hay gente que puede ponerse irritable a causa de los síntomas de una enfermedad (de la fiebre, el malestar, el dolor franco a veces), pero creo que no me equivoco al decir que las personas que son insoportables, mal educadas, basuras, cuando entran a un hospital o a una clínica, lo son también en su vida real, todos los días del año.
Las situaciones hospitalarias son en cierta medida como el alcohol o las drogas: no modifican lo que la persona sea en su esencia, simplemente lo muestran sin barreras que lo restrinjan o lo sacan a la luz. Eso justifica el uso que hacían de las drogas los shamanes, cuando las drogas eran un sacramento que se utilizaba contadas veces, o a lo mejor una sola vez en la vida, en un momento vital cargado de sentido y no como una forma de recreación o de escapismo vacía: lo que hacía la planta alucinógena (porque no existían drogas sintéticas) era mostrar quién eras, de una vez y para siempre, quién estaba escondido debajo del maquillaje que la costumbre y la cultura, por primitiva que fuera, te había impuesto y habías acatado.
Las drogas mostraban tu verdaderos colores, como las enfermedades.

II

Llevo tiempo intentando no sentir nada hacia le gente, dejándoles ver solamente una máscara de plástico sonriente. Pero a veces no puedo esconder mi humanidad, a veces soy sinceramente amable y a veces las personas me retribuyen esa amabilidad, con un gracias, o un gesto (un caramelo, una galleta, cosas así de mínimas) que me desarman.
Anoche interné a un señor que se llamaba Orlando, como mi viejo, y cuando fui a tomarle los datos (porque no podía acercarse él) me agradeció con esa sencillez, con esa, no buena onda, porque mi viejo no era “buena onda”, pero con esa humildad tan genuina, que cuando volví de la guardia a la recepción estaba casi llorando.
Últimamente me pasa mucho. Al menos una vez por semana. Parece que mientras más querés esconder algo que es parte constitutiva de tu persona, más busca las grietas para salir. Al parecer en algún momento (en mi Edad de Oro, supongo) me importó mucho la gente. Pero ya no quiero que me importe.
Cortázar decía (no tengo la cita exacta, pero creo que es de Rayuela) que un pesimista es siempre un optimista arrepentido, que para detestar sinceramente al mundo tenés que haber creído en él antes con toda tu ilusión y haber sido decepcionado, traicionado.
Está bien, lo mío no es tan dramático. No fui traicionado por el mundo. Simplemente, personas en las que confiaba demasiado me demostraron que confiar no es la salida más inteligente, que estás mejor si no lo hacés. Que involucrarte, preocuparte, ayudar, interesarte y de hecho trabajar por el otro, es una pérdida casi criminal de tiempo que podrías estar ocupando en vos, en mejorar tu propia situación en el mundo, en alcanzar tus propias metas.
Ya no quiero ser más un boludo. Ya no quiero que me importe ninguna otra persona, salvo mi familia y algunos amigos. Pero a veces no puedo evitarlo.

III

Por ahí el tema principal, o la clave para decodificar esas ideas, es que mi evolución como persona me ha llevado hasta ser (al menos por ahora) absolutamente maniqueo. No respecto a dios (no tiene sentido formarte una opinión clara acerca de algo que ni siquiera sabés si existe), sino respecto a la gente.
Para mí es simple: hay gente buena y gente mala. La gente buena trata de actuar bien, pero puede cometer errores que perjudiquen a los demás, ya sea por debilidad o por idiotez. La gente mala vive para hacer el mal, pero puede beneficiar a alguien con sus acciones, de forma premeditada, si es que eso le gana un aliado para hundir a otro o le reporta alguna clase de beneficio. Por logística o por interés, en definitiva. Observando bien sus comportamientos podés deducir, con extremada facilidad y con una tasa de error que tiende a cero, a qué clase de persona pertenece la gente que te rodea o que te cruzás en el camino.
Yo no suelo tener teorías duras. Reviso mis ideas permanentemente. Leí por ahí que se citaba a Lugones diciendo que él no confiaba en nadie que sostuviera la misma idea por más de seis meses. Si se lo mira como signo de diletantismo o de falta de convicción, es algo negativo. Si, en cambio, se lo toma como índice de que las ideas no están esculpidas en mármol y pueden ser cambiadas, modificadas, acercadas a la realidad, es algo muy positivo.
Sea como sea, aún no ha llegado el hecho, el comportamiento o la reflexión, que me haga pensar que está equivocada esta seguridad de que hay dos clases de personas, de que los ángeles y demonios no están en algún limbo metafísico sino acá.

IV

Tal vez también sea relevante, ya que estoy hablando de la relación con los otros y de la verificación de teorías, el hecho de que para mí la confrontación no sirve, siempre que se la vea como un partido en el cual uno tiene que ganar y el otro debe perder. Las ideas no se pueden manejar así, porque lo gracioso de las ideas es que no suele haber ninguna que sea absolutamente errada, sino que todas tiene su parte de verdad, entendiendo como verdad la perfecta adaptación a los hechos reales. O sea, algo reviste una mayor verdad mientras más refleje lo que en realidad pasa. Por eso hay grados de verdad y hay escuelas filosóficas: si la verdad fuera una, sólo habría una forma de ver el mundo a la cual todos acataríamos, porque el ser humano no se regocija en el error, más bien lo acepta como un resultado de su cortedad intelectual o espiritual, pero si a todos nos dieran la Verdad Absoluta (con rabiosas mayúsculas) creo que todos, salvo algún enfermo mental que nunca falta, la abrazaríamos y aceptaríamos con toda la felicidad que cupiese en nuestras almas.
Entonces, las discusiones no son un partido de fútbol, lo que importa no es quién golea a quién, sino que a partir del intercambio de puntos de vista cada uno pueda cotejar sus verdades, ver en qué sectores son fuertes, resistentes, y qué sectores débiles deben o bien ser fortalecidos o bien derribados y sustituidos por ideas nuevas, que se ajusten más a lo real.
Y machaco tanto con lo real porque es muy fácil hacer teorías y teorías encerrado en una habitación pensando que el mundo te odia o no te comprende o no reverencia tu aún desconocida genialidad. Yo de chico era tan pelotudo que hacía precisamente eso. Pero una vez que tenés todo ese andamiaje de ideas, para prevenir que se osifiquen en armoniosos prejuicios sin sentido, plenos de lógica interna pero sin significado alguno, con el mecanismo perfecto y la inutilidad también perfecta de un reloj suizo con todos sus engranajes pero sin manecillas, hay que salir a la calle y patearla y respirar el aire y conocer a la gente y ver si tus teorías valen dos mangos o tenés que tirar todo y empezar de nuevo.

Monday, January 26, 2009

El diablo viste a la moda

Ayer vi por enésima vez partes de The devil wears Prada en FOX. Nunca la he podido ver entera (ni ganas que tengo), pero cuando salta en el zaping la miro un rato, sobre todo porque el actor que hace de chef me cae simpático y porque Anne Hathaway me parece la mujer más hermosa sobre la tierra.
Cuando era más joven tenía la idea de que algunas mujeres eran universales, o sea que no podía haber ser humano de género masculino y orientación heterosexual con las hormonas funcionando correctamente a quien no le gustaran. En esa época mi mujer universal era Nicole Kidman. Pero después me dejó de parecer bonita a mí, así que yo mismo me destrocé la teoría. Pero si siguiera pensando de esa forma, hoy en día, acá y ahora, la mujer universal sería para mí Anne Hathaway.
Pero me fui de tema.
La razón por la que no puedo resistir mucho mirando la película es que dentro de los discursos de la mayoría de los personajes está la idea de que la moda es de hecho algo IMPORTANTE. Esa sola noción me repugna.
Hay cosas con mayor y menor grado de importancia en la vida. Hay cosas que importan mucho, cosas que importan poco y cosas que no importan para nada. Y la moda NO IMPORTA ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Bajo ningún punto de vista.
Tampoco es arte, que es otra de las ideas propugnadas por personajes de la película. Que me disculpen los diseñadores pero, cuando mucho, son artesanos. Lo que no está mal ni es vergonzoso. Simplemente están un escalón más abajo del verdadero arte. Crean cosas útiles, no significativas.
El arte encarna (en el sentido de que da carnadura, da realidad material) una cosmovisión, una forma de ver y extraerle significados al mundo. Por eso la ropa no es arte como el tunning no es arte: si tomamos la definición de que hacer arte es moldear materias primas para crear algo que no hubiese existido sin la acción creadora, entonces sí, los diseños de moda y la customización de autos pueden ser arte, pero esa es la definición más básica (por no decir más baja) de la labor de un artista. No hay nada de espiritual en eso. Por ese motivo la rechazo. Para mí, esa es la definición de un artesano, no de un artista.
El arte es, para mí de nuevo, moldear materias primas conforme a la visión del mundo del artista, para crear algo que no hubiese existido sin esa acción creadora; pero además está la condición de que esa obra apunte a generar en el receptor un cambio, una reestructuración, un cuestionamiento de sus supuestos respecto a la propia vida y/o a lo que lo rodea.
La artesanía (los utensilios y las herramientas) son útiles.
El arte genera significados o los cuestiona, y por eso es importante.
Importancia no es igual a utilidad e incluso, por lo general (y más todavía en la esfera del consumismo y el utilitarismo en el que vivimos inmersos, en el sentido más oceánico del término), son antagónicas, llevan adelante desde hace siglos una de las tantas guerras silenciosas por definir qué es y qué debe ser un ser humano, qué debe y qué no debe ocupar el cerebro y el alma de un ser humano cabal.
Pero, volviendo al tópico: la moda no es importante. Si mañana desapareciera la noción de moda el mundo no sería un peor lugar. Probablemente lo contrario. Al menos no tendría miedo de que mi hija, cuando crezca y vea que las modelos ganan un montón de plata sólo por caminar y verse lindas, me plantee la posibilidad de “trabajar” como percha humana.
Detesto la moda, detesto la inutilidad inflada del mundo de la moda, la vacuidad de las personas que acatan la moda.
Si te cagás en la moda, casi seguro te importa lo que de verdad importa.
Si te cagás en la moda casi seguro que, de conocernos, seríamos colegas, amigos, hermanos de armas.

Sunday, January 25, 2009

Duda razonable

Con todo el respeto que me merece La Serenìsima... ¿Alguien cree que de verdad exista algo llamado actirregularis, o L cassei defensis?
¿Ehh?

Saturday, January 10, 2009

Más de lo mismo

Hace un par de días se desató en Neuquén la fiebre del Dakar. A mí no me causó ninguna emoción, solamente retraso y molestia. Tenía a Lucía enferma y no podía salir de casa en el auto porque justo por mi calle volvían todos los giles de sacar fotos con el celular a nada más remarcable que un auto. Además, el constante ruido toda la noche no dejó dormir a Santiago. Cartón lleno. Sin embargo, me sorprendí con la noticia de que el ganador de la primera etapa había sido el príncipe de algún paisito petrolero.
La sorpresa duró dos segundos nomás, porque en seguida me di cuenta de que me estaba quedando con la imagen superficial, literaria, de un príncipe y no con la esencia de lo que ser uno significa: un príncipe no es el tipo que viste una armadura y monta sobre un caballo blanco, rescatando princesas con las que casarse para acrecentar las tierras que le dejen sus padres; un príncipe siempre ha sido un tipo rico, que no sólo ha vivido desde el momento de nacer entre lujos sino que ha visto cumplido y otorgado cada uno de sus caprichos y ha podido hacer las cosas más peligrosas, costosas, emocionantes e inútiles que podían imaginarse en su tiempo, en cualquier tierra extraña del ancho mundo. Matar dragones, ir a las cruzadas, correr el Dakar. Bien mirado, en esencia, es lo mismo.
Tal vez a primera vista que tenga nada que ver, pero mi cabeza no suele ser lineal, así que esa noticia acerca del príncipe me hizo pensar en los floggers. No sé por qué, honestamente. Y llegué a la conclusión de que los floggers tampoco son nada nuevo y ni siquiera son una tribu urbana: creo que ya dije antes que ese término es una mierda, porque la palabra tribu no tiene nada que ver con estas colectividades, que más que compartir una cultura y una cosmovisión comparten la franja etaria y la exteriorización de su “originalidad”, la moda, en dos palabras.
¿Qué son los floggers?
Adolescentes. Ni más ni menos.
Lo típico de la adolescencia es carecer de imagen propia, de autoconciencia. Están en la edad en la que sus padres dejan de conformar el mundo para ellos, pero sin que ellos mismos sean todavía capaces de generar una consmovisión centrada, balanceada y sustentada en teorías acerca del mundo y de las personas que hayan testeado en la vida real. Salen de la ley de otros con ciertos prejuicios que deberán poner a prueba hasta que formen una personalidad. Y mientras hacen eso, ya que no están maduros para decirse a ellos mismos quiénes son, delegan tan vital trabajo en la mirada del otro. Craso error. El error más grande que todos hemos cometido alguna vez.
La diferencia entre un adolescente flogger y un adolescente de hace veinte años es que hace veinte años no habían fotologs. Casi no había internet. O la había, pero el acceso a ella era muy restringido. Era la red científico/militar que nació para ser. Transmitía órdenes y conocimientos en lugar de banalidades (estoy de acuerdo con la parte del conocimiento, obviamente). Ahora es una herramienta más para que los adolescentes que no saben quiénes son les pregunten a desconocidos “¿Qué te parezco? ¿Soy como vos? ¿Sos como yo? ¿Te doy miedo? ¿Te excito? ¿Tengo las tetas grandes? ¿Te gusta mi peinado?” (me hace acordar al tema “Caries” de El otro yo, con esa vocesita impostada ridícula que pregunta “¿Te gustan mis dientes? ¿Te gustan mis dientes?”).
Hace unos meses veía uno de esos informes patéticos y desinformados de los noticieros sobre el “mundo de los jóvenes”, que suelen ser un compendio de fobias y miedos de adultos que se olvidaron hace rato de cómo ser jóvenes, con algo de amarillismo y opiniones trasnochadas de psicólogos o sociólogos que esperan ser el próximo doctor Spock o el próximo Bucay, donde, pese a todo, decían algo interesante: según la opinión de estudiosos extranjeros (ya que, al parecer, el movimiento flogger es casi exclusivamente porteño), los floggers van a dejar de ser floggers cuando crezcan y tengan problemas y responsabilidades reales. O sea, cuando dejen de ser adolescentes (era más corto decirlo así, me parece).
Mi hermana menor tiene un fotolog. Cuando le pregunté si era una flogger se ofendió, y me dijo que no, que era solamente una joven que tenía un fotolog. “¿Qué más hace falta para ser una flogger?”, le pregunté. Y su respuesta fue “Tener la cabeza llena de aire”.
Adhiero a eso.
Todos los adolescentes tienen la cabeza llena de aire. Lo que más me acuerdo de esa edad es la forma de preocuparme infinitamente por cosas sin el menor sentido y sin la menor importancia real. Por detalles estúpidos. Por si una chica que me gustaba no me había saludado. Por las peleas de mis amigos con sus eventuales noviecitas. Por si mi pantalón no tenía una etiqueta que dijera Motor Oil (sí, tan viejo soy).
Por suerte mi adolescencia duró poco. A los 12 ya estaba trabajando. A los 17 vivía solo (con dos compañeros de departamento) a kilómetros de mis padres, me mantenía e intentaba estudiar. Aún si mi vida se hubiese repetido exactamente igual unos años más tarde y hoy tuviera 15-17 años, no tendría tiempo para perder sacándome fotos, colgándolas en internet y entrando a los comentarios a cada rato para ver qué dijeron, cómo me puntuaron, cómo (o peor, “qué” o “quién”) dicen que soy. Ya tenía responsabilidades y problemas reales.
Ellos también ya los tendrán.
O no.

Santiago Emanuel Carrasco

CFC con Lucía y Santiago.


Sandra y Santiago, después del baño.


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El 15 de diciembre del 2008, a las 20:44 horas, nació Santiago, mi segundo hijo (frase que no implica que vaya haber un tercero... o sí, quién sabe). Pesó 3,400 kilogramos, midió 50 centímetros, y otros datos estadísticos más.
Tiene dos nombres con resonancias religiosas, como yo, que según mi primer nombre debería ser un soldado de Cristo, lo que demuestra que los nombres no determinan nada.
Los que tengan un habano al alcance, enciéndanlo en su honor!!!!!

Wednesday, January 07, 2009

Periodistas y opinólogos

¿Por qué alguien puede decir que los inútiles que trabajan en programas de chismes son periodistas?
Creo que en la única definición que pueden entrar sería en "persona que se dedica a contar cosas que pueden o no haber ocurrido, cuya importancia real es nula y que no deberían interesarle a nadie". No me suena que eso defina a un verdadero periodista.
Por eso, por la similitud intrínseca entre ellos, estos "periodistas" (junto con otros impresentables como Viale o Gelblung) hicieron surgir hace unos años a los opinólogos, tipos que por 200 mangos iban a cualquier programa a decir la primera boludez que se les ocurría sobre el tema que le tiraran.
¿Los que mantenemos un blog somos algo así como opinólogos?
¡Mierda, espero que no!

Wednesday, December 31, 2008

Feliz Año Nuevo para todos


Hace màs de un mes que no posteo. Estoy de vacaciones hasta el 2 de enero, tuve mi segundo hijo (Santiago, del que ya subirè alguna foto) y recibì la noticia de que me van a publicar en una antología de poetas patagónicos (aunque poco y nada le hago a la poesía ahora).
Muy buenos deseos para todos, y nos vemos durante el 2009.
Hay cosas que me joden, por ejemplo, uqe estèn en guerra en Medio Oriente, que estemos en el siglo 21 y haya gente que se quedò conla forma de hacer las cosas del siglo 15, con sus conquistas y derramamiento de sangre, como si la fuerza fuera todavìa lo que importa.
Como recomendaciòn para este año, les dejo:
-Lean Los hermanos Karamazov y Viaje al final de la noche.
-Vean The dark night, Iron Man y El laberinto del fauno.
-Escuchen a Pixies, Portishead, Duffy y los Redondos.
-Lean Miracleman y Planetary (aunque sea vìa e-mule).
-Y VIVAN, mierda!!!!!!!!!!

Monday, November 24, 2008

All Star Superman de Grant Morrison


La razón de que no postee tan seguido ahora es que me sacaron internet en el laburo. Eso debería estar penado por las asociaciones de derechos humanos. Pero, bueno...

Hoy les quiero hablar de All Star Superman, una de las pocas series (junto con Planetary, de Warren Ellis y Promethea, de Alan Moore), que he seguido en formato escaneado y bajado del e-mule. En inglés, de yapa. Pero la molestia de las palabras que no entiendo se compensa y se sobrepasa por la genialidades que sí puedo captar.

All Star Superman es la serie donde Grant Morrison creó a su Superman definitivo, donde se propuso destilar la esencia del superhéroe (de todos los superhéroes, ya que Superman es el primero y el que encarna la quintaesencia del género completo), volviendo a las raíces de versiones anteriores pero siendo fiel también a esa costumbre tan morrisoniana de poner diez ideas copadas por página, que tranquilamente podrían dar pie a arcos argumentales o incluso a series enteras. Lo mejor de lo clásico y de la vanguardia en un misma maxiserie de 12 números.
Grant Morrison es uno de mis ídolos, no sólo por su trabajo sino también por sus ideas y declaraciones. Ya sabía que All Star Superman iba a ser genial. Al parecer algunas personas quedaron sorprendidas por la calidad de la serie, pero para mí era muy claro que, si querés una historia icónica donde los superhéroes sean una metáfora de los dioses que representan lo mejor de la humanidad, él era el indicado para guionizarla. Estamos hablando de un tipo que hace magia, que tomó miles de drogas para expandir su conciencia, se recreó a sí mismo como la mayor estrella-pop del mundillo de la historieta y no le tiene miedo al ridículo, por lo cual puede decir lo que se le ocurra.
Les quería hablar sobre todo de una idea que aparece en el capítulo final de la serie, una idea que ya había leído en boca de Morrison en una larga entrevista que está en otra parte del blog: una vez él dijo “estamos todos dibujados sobre la misma hoja, ¿por qué querríamos prenderle fuego al papel?”. Y acá, en el climax de la historia, Lex Luthor cae víctima de esa noción. Le ha robado los poderes a Superman y trata de matarlo, pero resulta abrumado por la forma en que ve el mundo su enemigo. Morrison nos muestra que la esencia de Superman (del héroe de nuestros tiempos) no está en la verdad, la justicia y el american way of life, como muchos otros guionistas puntualizan con mayor o menor suerte, con mayor o menor patrioterismo. La esencia de este héroe/dios bondadoso está en que ve la tela de la realidad, donde todos somos hilos que forman una misma trama. No se trata de un extraterrestre estupidizado por la crianza de los campesinos chapados a la antigua que lo encontraron. No es naive ni su resistencia a dominar el mundo es falta de ambición. Es simplemente que él ve por qué esa forma de pensar no tiene sentido, ve que no podés dominar nada si no te dominás a vos mismo, si no dominás tus pensamientos (ya que todo está hecho de pensamiento, una de las doctrinas fundamentales del hermetismo, la teosofía y otras ramas de espiritualidad silenciadas por el cristianismo).
Superman ve y sabe que somos todos la misma cosa y que, por eso, actuar contra los demás es autodestruirnos.
No creo que en ninguna otra obra literaria actual haya un mensaje tan significativo y esperanzador. Morrison nos dice que, cuando logremos ser dioses, no va a quedarnos otra opción que la bondad. Y si después de leer ese mensaje alguien puede decir que la historieta de superhéroes es estúpida y superficial, puede irse a mirar Showmatch, Intrusos y El muro infernal, y atragantarse con su propia imbecilidad.

Wednesday, September 24, 2008

Liniers


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Tengo que rectificarme de algo que al final no dije.
Durante meses leí artículos y críticas sobre Liniers y la verdad es que las pocas tiras que había visto no le llamaban la atención y estaba siempre a punto de escribir un post para dejar asentado que no entendía a qué venían tantas alabanzas.
Hoy compré Macanudo 2 y no me queda otra que caer en el lugar común de decir que Liniers es un capo.
Algunos lugares comunes tienen su razón de ser.

Los superhéroes también votan


Sunday, September 14, 2008

Me voy a vender

Sumé dos series a las que veo regularmente: Bones y Justicia ciega (que en realidad se llama Boston legal, lo que me hace preguntarme, ¿si hubiesen traducido Boston public, cómo se hubiera llamado en castellano, Educación ciega?). Miro mucha tele porque dejé de cursar letras. De nuevo.
Ya desperdicié doce años de mi vida tratando de terminar esa carrera, así que he tomado la decisión de de dejar de intentarlo. Me voy a vender. Voy a estudiar algo que dé guita.
Siempre supe que una de las consecuencias de tener hijos era poner su bienestar por encima de tus ideales, y la verdad es que Lucía y Santiago (el bebé que viene en camino) necesitan una casa, necesitan seguridad financiera, necesitan tener su educación asegurada. Así que me toca venderme. Estoy estudiando el terreno, porque ya que me voy a vender, no me voy a vender por poco.
Tiene que ver también con un cambio en mi punto de vista acerca de la educación. Más allá de que mi mujer me diga que no sirvo para enseñar, que cuando intento explicar algo no se me entiende (las mujeres de mi vida siempre me han inflado la autoestima), pasa que yo estudiaba letras por vocación. O sea, no entré a la carrera porque quería aprender a escribir, a ser un escritor: ya sabía desde antes que para eso no sirve. Tampoco porque lea mucho: leo más historietas que libros. Tampoco porque me interese la teoría literaria: prefiero leer lo que los escritores dicen acerca de su propia praxis que leer lo que diga un crítico. Tampoco me interesa la historia literaria: una buena obra se sostiene más allá de los hechos históricos que la generen o rodeen.
Quería se profesor de letras porque, entre otras cosas, había comprado la idea de La sociedad de los poetas muertos, creía que desde una clase podía abrirle la cabeza a los chicos, podía generar un cambio, llevarlos un poco por el camino de lo que creo es convertirse en un ser humano, enseñarles a ver la realidad con sus propios ojos, a pensar en los demás, a saber que todo se construye, que la vida no tiene sentido y por eso tenés que inventarte uno, que somos los mismos a pesar del tiempo y los cambios porque nos contamos una historia en nuestra cabeza que dice que somos los mismos. De las cosas que hice con el grupo de poesía lo que más me llenaba era leer en los colegios, ver cómo un poema podía llegarle a los alumnos, a algunos, obviamente, aunque la mayoría se riera por lo bajo.
Pero ya no creo en poder cambiarle la cabeza a nadie. Ya no creo poder generarles nada a pibes que le queman el pelo a una profesora y lo cuelgan en internet. Perdí la fe en la enseñanza, y así sería una mierda como profesor.
Al menos me queda la fe en mis hijos. Al menos creo poder enseñarle eso a ellos, sin timbres y sin calificaciones.

Tuesday, September 09, 2008

Tribus urbanas y la puta madre que las parió

La pelea de grupitos en el Abasto porteño me da la excusa para hablar de algo que me está dando vueltas en la cabeza hace rato, y es la estupidez de creer que por las demostraciones exteriores (el peinado, la ropa, el maquillaje, los piercings) podés conectarte con otra persona, que son elementos de identidad.
La verdad es que si pensás que tu peinado y tu remera te definen como ser humano, disculpame pero sos un pelotudo y me das lástima.
Siempre estuve en contra de usar ropa que remita a otra cosa. Lo que te define tenés que ser vos, lo que pensás, pero sobre todo lo que hacés.
En vez de ponerte ropa estampada con un revolucionario o una banda de música o una marca que creés que identifica al grupo al que pertenecés por inseguridad e inmadurez, hacé algo propio y con eso estampate una remera. Algo propio. Lo que sea. Si te cabe, hacete una remera de tu familia, de tu grupo de amigos, del equipo de fútbol en el que juegues los fines de semana. O mejor todavía, formá una banda y estampá una remera con el nombre de tu banda y autopromocionate por la calle. Cualquier cosa menos definirte por actos, palabras o canciones de otros, ya sea de una persona individual o de un grupo.
Basta de desaparecer en la masa, del "soy diferente siendo igual a cientos de miles de giles que tampoco saben cómo ser ellos mismos". Quien sabe lo que es no necesita exteriorizarlo para que la mirada y el reconocimiento de los demás lo corroboren: lo sabe y punto; lo sabe y si los demás se dan cuenta, bien... y sino, también.

Aparte: no te agarrás a piñas con alguien porque no te gusta cómo se viste, lo que dice su remera o si se delinea más o menos los ojos. Te agarrás a piñas por una mujer o porque te putean o se meten con los tuyos. Hay varias razones para irse a las manos, pero no creo que la ropita (remeras de equipos de fútbol incluídas) o la pose sean motivos válidos.
Pero a lo mejor me quedé en el siglo XX.

Friday, August 29, 2008

Acerca de Héctor Kalamicoy

Dos cosas para empezar: primero, no conozco demasiado a Héctor Kalamicoy, pero sí lo suficiente como para saber que es un buen tipo y un talentosísimo poeta y narrador; segundo, formé parte del jurado que seleccionó sus textos, y me hago cargo.
Cuando leí los poemas que conforman Introducción a un feo lugar, conocía el apellido Kalamicoy de oídas. Sabía que se trataba de dos hermanos que frecuentaban las lecturas poéticas y que su estilo era directo y visceral, por eso no me sorprendió lo que leí. Conocí a Héctor alrededor del día en que mataron a Carlos Fuentealba, en una lectura frente a la gobernación donde varios poetas se habían reunido para apoyar a los docentes en lucha. Llegué tarde a la lectura, pero me dijeron que la performance musicalizada de los Hermanos Kalamicoy había sido de las más celebradas. Después lo vi un par de veces hasta que tuve la suerte de escucharlo leer en los Villancicos Vrutales. Cerca de doscientas personas lo aplaudieron y ovacionaron sus poemas. Leyó un texto sobre una docente embarazada que se había suicidado en el colegio en el que él se desempeñaba como ordenanza años atrás. Cuando terminó de leer me corrió un latigazo de rigidez helada por toda la columna. Kalamicoy sabe lo que quiere generar con sus textos. Y lo logra. Y está perfecto.
Y si comienzo con este relato es para refutar a las personas que aseguran que a Kalamicoy nadie lo conoce y que saltó a la notoriedad con el escándalo de hace unos días. Gran parte de las personas que escriben o están en la movida literaria neuquina sabe quién es Héctor. Obviamente que para las señoras que sólo leen a Cohelo o Bucay buscando iluminación, o para quienes no salgan del Olé o la revista Caras, fue una novedad entrar en contacto con su forma de escribir.

En cuanto a la decisión tomada en el concurso de seleccionar los textos de Héctor, por supuesto se basó en parte en el criterio y el gusto personal, pero además en la calidad y en el tono paródico y desacartonado que creo debe imperar en la poesía de mi generación. Solamente una persona muy acostumbrada a tomarse todo en serio (y por lo tanto, que se toma a sí misma y a sus ideas demasiado en serio) puede obviar la evidente ironía y el humor que subyacen en los versos de Introducción a un feo lugar.
Además, la idea era publicar textos característicos de la idiosincrasia neuquina, no necesariamente elegir lo más pintoresco sino tratar de mostrar un rango de interpretaciones lo más variado posible. Dentro de los textos que se seleccionaron, y en cuya publicación tuvo la última palabra el Ministerio de Educación, Ciencia y tecnología de la Nación, hubo cuentos costumbristas, relatos infantiles, poemas de otra índole, que reflejan variadas formas de concebir el hecho poético, textos confeccionados por la comunidad mapuche, etc. Se dio cabida a todas las voces que tuvieran un mínimo de calidad y, al menos en mi caso, se valoró también la sinceridad. Es decir: valoro más poemas furiosos acerca de una cotidianeidad que muchos compartimos y escritos en un lenguaje directo, frente a textos rimados en infinitivo o que construyen, a fuerza de frases hechas y nombres autóctonos sacados del Libro de Nombres para el Bebé, un supuesto color local.
Kalamicoy se define como escritor satírico, en lo que se refiere a esta clase de textos al menos. Lo he escuchado en algunas entrevistas compararse con un boxeador que, parafraseándolo, baja la cabeza y le da a lo que tiene en frente, a su rival momentáneo, con toda la fuerza que pueda hasta hacerlo caer. Desde ese contexto hay que entender Introducción a un feo lugar, desde la furia desatada, desde la válvula de escape, no desde la incitación a la violencia.

Lo interesante del affair Kalamicoy es que toca tantos puntos fundamentales del pensamiento retrógrado que es imposible reducirlos y contestar a todo de una sola vez. En ese sentido, es muy bueno que los diarios tengan una zona de comentarios en sus respectivas páginas web, porque en esos comentarios quedarán por mucho tiempo patentizadas las dos posiciones opuestas. O más de dos, debería decir, ya que quienes están de acuerdo con la expresión de Kalamicoy o con el hecho de que sus textos sean publicados, lo están por varias razones (libertad de expresión, el hecho de que gran parte de lo que dice es absoluta y dolorosamente cierto, la discusión, el debate que se suscitó a causa de los textos, ya que debatir, intercambiar ideas, es algo positivo si no tenés la cabeza cerrada ni te creés el dueño de la verdad), y quienes lo censuran también lo hacen por diversos motivos (se lo llama mediocre, indigno del mote de poeta, maleducado, extranjero en la provincia, desagradecido con la misma provincia, violento, fascista, y un más o menos largo etcétera, expresado desde el punto de vista de personas de bien, educadas, que SABEN lo que se DEBE escribir y leer, motivos que en resumen forman un fresco bastante diversificado de la intolerancia neuquina). Una mujer llegó al extremo de mandarlo a trabajar para salir de esa realidad llena de colectivos con mal servicio y cucarachas (siendo que cuando lo conocí Héctor tenía tres trabajos e intentaba salir adelante con ellos) poniendo en evidencia el pensamiento infantil de que si dejás de ver algo eso deja de existir, como los bebés que se tapan los ojos para que no los encuentren. Es bastante urticante leer los comentarios de esa mujer en particular, que se jacta de no depender del transporte público y tener “gente que se agacha por mí”, pero pasen por las webs de los diarios y veánlo ustedes mismos.
Y me perdí la entrevista en Canal 7, donde seguramente habría también tela para cortar.
Porque, sea dicho de una buena vez, Neuquén es la provincia más chauvinista que conozco. No sé si habrá otra peor en el extremo norte, no he recorrido más allá de Córdoba, pero conozco bastante bien la Patagonia y no he encontrado en otros lugares esa carga de provincialismo, esa reacción espontánea hacia el que desagrada o molesta que dejan salir en un: “Seguro que es mendocino”... “seguro que es porteño”, como si no ser neuquino fuera un pecado conciente del cual el otro debe arrepentirse y evitar reincidir en él.
¿Ser neuquino es un valor positivo, una elección deseable? No. Ser neuquino es como ser cordobés o chubutense o pampeano: es simplemente algo que pasa. Depende de el lugar en el que se encuentren tus padres en el momento de tu nacimiento, nada más. ¿Eso es estructurante? ¿Eso determina la clase de persona que seas? Si mis viejos hubieran salido de Villa Regina el 6 de marzo del 78 y viajado 100 kilómetros para que yo naciera en Neuquén al día siguiente, ¿sería mejor persona? ¿querría más a la tierra? ¿me expresaría mejor? ¿sería apto para todo público?
No sé si se justifica sentirse orgulloso de Neuquén como provincia. No me refiero a la geografía, porque lo que se aprecia de un espacio geográfico es su comodidad o su belleza, cosas que son subjetivas. Me refiero a que desde lo histórico-social no es otra cosa que un espacio vacío quitado a los habitantes autóctonos sólo en virtud de la extensión territorial, rellenado con gendarmes y presos; y más cerca en el tiempo se convirtió en un paraíso sirio-libanés, poblado por su parecido al desierto bíblico y por la presencia de petróleo. ¿De eso tenemos que estar orgullosos? Sin siquiera meternos con el tema de la relegación de los mapuches y la cantidad de tierra en manos extranjeras, o los recursos regalados a las multinacionales, se ve que identificar una identidad y un orgullo neuquino es más bien difícil, si se quiere ser plural y alejarse del chauvinismo ciego.
Neuquen no es una entidad conciente que pueda sentirse ofendida por lo que nadie escriba acerca de ella. Neuquen, como cualquier territorio o cualquier institución, es un constructo psíquico que cada uno genera en su mente y que puede tener más o menos características comunes con los que sean generados por las mentes de otras personas. Quienes atacan a Kalamicoy en nombre de Neuquén mienten. Neuquén no se siente ofendida y no necesita que la defiendan: ellos se sienten ofendidos pero necesitan un escudo, por eso se protegen detrás del “bien común”, del orgullo provincial o las buenas costumbres que supimos conseguir.
Tampoco sé si es posible defender el servicio del Ko-Ko. Todavía recuerdo que hace unos años, cuando mi hija era una bebé de cuatro meses, viajamos a Villa Regina desde Neuquén, en una de esas unidades urbanas puestas como colectivos de media distancia obviando todos los reglamentos de transporte, unidades con asientos de plástico resbaladizos, sin apoyabrazos, donde mi mujer iba tratando de sostenerse con una mano e intentando aferrar a la bebé con el otro brazo mientras el chofer viajaba a 110 por hora, dando giros y tomando curvas sin rebajar, tanto así que Lucía estuvo tres veces a punto de caer al piso; y yo iba al lado, cargado de bolsos, puteando por dentro. Esa tarde yo también quise matar al chofer y tranquilamente podría haber escrito uno de los poemas que tanto conflicto le generan a Héctor. Con menos puteadas, tal vez, pero es una diferencia de forma, no de fondo.
Es interesante también ver cómo se puede ser tendencioso desde los medios de comunicación, cuando por ejemplo, se renombra “Matemos al chofer” a un poema que se llama “Cómo te quiero Ko-Ko”, cuando se coloca una foto de archivo del poeta riéndose, tomada con motivo de la presentación de su libro, un momento feliz que justificaba la sonrisa pero que colocada en medio de la polémica da a quien la mira la impresión de que Kalamicoy está loco o es un perverso, que arma semejante lío y de yapa lo disfruta. Y en cuanto a lo textual, es también una inexactitud tendenciosa obviar que la frase “matemos al chofer” está dentro de una cláusula introducida por un “si” condicional (“Y yo pienso que si vamos a revelarnos hagámoslo ahora...”), lo que coloca todo lo que pueda seguirla en el plano de la irrealidad; no se trata de una arenga, de una frase asertiva o imperativa, sino de una posibilidad en la mente del yo poético invadido por la furia. Pero eso es teoría literaria y pocos de los defensores de la neuquinidad recalcitrante pueden entenderlo, porque no viene impreso en las sábanas de votos que reparten en los actos partidarios.
En cuanto a la acusación de fascismo (una de las mayores incorrecciones que ha deparado el affair Kalamicoy), es mucho más fascista el discurso de los detractores del poeta que la que puede desprende de una lectura simplista de sus textos. En el diario Crítica alguien que no tiene la menor idea de qué significa fascista, calificó con ese término los poemas que integran Introducción a un feo lugar. Y ¿qué es el fascismo?
Según wikipedia (la fuente de más fácil consulta, para que vean que no falseo los conceptos, por eso la utilizo):

El fascismo (del italiano fascio, haz, fasces, a su vez del latín fasces, pl. de fascis) es una ideología y un movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918–1939) cuyo proyecto central era el corporativismo estatal, en oposición tanto a la democracia liberal en crisis (la forma de gobierno que representaba los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial, como Inglaterra, Francia o Estados Unidos, a los que considera «decadentes») como al movimiento obrero tradicional en ascenso (anarquista o marxista, este último escindido a su vez entre la socialdemocracia y el comunismo, que desde 1917 tenía como referente al proyecto de estado socialista que se estaba desarrollando en la Unión Soviética). Radicalmente contrario a ambos, se presentó como una tercera vía o tercera posición,[] aunque el número de las ideologías contra las que se afirma es más amplio.

Uso extendido del epíteto fascista: El epíteto fascista se aplica con fines peyorativos de forma muy extendida el lenguaje coloquial, y muy frecuentemente también en todo tipo de literatura, sobre todo a efectos polémicos o descriptivos, más allá de su adecuación o no a una estricta correspondencia con la ideología o los regímenes políticos fascistas. Se asocia con las posturas políticas de extrema derecha y las ideas y actitudes racistas, intolerantes o autoritarias; y al desprecio por el diferente, el marginado, el que no que piensa del mismo modo o las minorías.

Como ven, nada más lejos de Kalamicoy que el fascismo. De hecho, Héctor no podría vivir en un régimen fascista: estaría autoexiliado o lo habrían torturado durante días, antes de fusilarlo, para que confesara donde se esconden los zurditos como él. Los escritores, los artistas en general, tienen la capacidad de pensar más allá del molde y dar su opinión de forma coherente para llegar a un público que lo comprenda y vea otro lado de la realidad, por eso son peligrosos para todos los regímenes, y más para los totalitarios, entre los cuales se encuentra el fascismo. Con más razón, un poeta que se autodenomina proletario, y que aparte lo es de verdad, que hace uso de la libertad de expresión (libertad fundamental de todo régimen democrático), que habla desde el lugar del diferente, del marginado, nunca podría ser tachado de fascista por alguien que tenga media idea de lo que está diciendo.
Y, en el caso de que lo último parezca exagerado, es por lo menos innegable que todos los que usaron los comentario de las páginas-web de los diarios y llamaron por teléfono a Kalamicoy para insultar, amenazar y advertirle que le iría mejor fuera de la provincia, reaccionaron de una forma que resulta bastante similar a lo que critican: lo que te hace enojar provoca reacciones airadas, provoca puteadas que se largan al aire sin pensar. Sólo que Héctor no las larga al aire sino al papel. ¿Eso está mal? Cada quien puede tener su opinión, pero la mía es que no, no está mal para nada. Incluso es una salida externa a la violencia. Puedo creer perfectamente que los fundamentalistas del neuquinismo y el buen gusto tomen medidas violentas contra Héctor, aunque espero que no sea el caso. No lo veo a él matando a un chofer ni arengando a otros a hacerlo. Perro que ladra no muerde y hombre que escribe no actúa con violencia.
¿La violencia viene de la literatura? Yo no sé, pero no recuerdo que nunca dos facciones se atacaran o mataran por defender cada una un libro. A no ser claro, que se trate de un libro sagrado, pero entonces estaríamos en el terreno de la religión, y se sabe que la religión, como cualquier otra actividad humana que genere bandos (la política, el deporte) lo distorsiona todo con su dogmatismo.
¿Los chicos aprenden a ser violentos leyendo libros? No creo, pero no es raro que ciertos padres culpen a quien tengan más cerca de los problemas de sus hijos. Quieren dejarlos la mayor cantidad del tiempo posible en una guardería o en un colegio y que de ahí se los devuelvan milagrosamente educados. Quieren negar el mundo que se revuelve afuera de sus casas. Para ellos la violencia, el sexo, las drogas, no deben existir en la cabeza de sus hijos como realidad ni como posibilidad. Con lo segundo puedo estar de acuerdo, pero no entiendo cómo negarle a un hijo la visión de toda una parte de lo que innegablemente existe puede ser criarlo correctamente.

Por último, hablando ahora como escritor, debo decir que a lo largo de la práctica uno va cambiando su forma de concebir la literatura. Al principio pensaba que lo que merecía ser llamado literatura era la expresión de sentimientos, una idea netamente romántica y típica de un adolescente.
Después me obsesioné con el concepto de belleza y creí que la razón de ser de la literatura era encontrar, generar o retratar la belleza. Pero cuando utilizo la realidad para generar belleza en un texto, no estoy siendo veraz, estoy, en otras palabras, mintiendo. Se lo llama efecto poético, pero es en el fondo una mentira. Y mucha gente piensa que a esas mentiras, y sólo a ellas, se reduce la literatura. Puedo hablar románticamente de la arena y los dinosaurios y las grandes distancias, pero la verdad es que la arena jode, la soledad deprime, los dinosaurios no existen más, el petróleo contamina, la actividad petrolera destruye las economías regionales (a ella tenemos que agradecerle los alquileres de 1500 pesos, a ella y los políticos que nunca van a bajar las tasas porque parte de sus ingresos provienen de alquileres. Y, desviándome aún más del tema: estoy seguro de que debe haber más violencia y perversión en la cabeza del petrolero promedio, tan en contacto con la neuquina madre tierra, alienado en medio del llano, rodeado de cabarets y casinos, que en la de Héctor Kalamicoy).
En una nueva evolución, me di cuenta de que hacer poesía es buscar la palabra exacta para serle fiel a aquello que se quiere expresar y, desgraciadamente tal vez, en ciertos casos, la palabra exacta no es otra que una puteada.
Héctor Kalamicoy llegó hace rato a esa epifanía. Sabe que la verdad duele, ya sea al vivirla, al escribirla o al leerla. Eso no quita que pueda generar textos de índole diferente. He leído otra clase de poesía escrita pro él, contemplativa y casi diría lírica. He leído relatos donde despliega una atención milimétrica por el detalle, donde utiliza metáforas nuevas y perfectas, diálogos creíbles, comprensión de la psique de personajes de distintas edades y diferentes estratos sociales. Su rango literario es tan amplio que puede estar tranquilo, si es que los que profesan la neuquinidad al palo no toman medidas directas en su contra. Ni siquiera va a tener que esperar a que la historia lo justifique: él mismo se va a justificar cuando más aristas y estilos de su obra se vayan conociendo y se revele, más allá de polémicas y los quince minutos de exposición mediática que generan, como el gran escritor que puede ser.

Cristian Fernando Carrasco
DNI 26347782

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Para quienes no sepan de qué estoy hablando, o quieran indagar en los comentarios a los que se hace referencia, dejo los links:

http://www.lmneuquen.com.ar/noticias/2008/8/22/2509.php
http://www.rionegro.com.ar/diario/2008/08/23/20088v23s01.php?nc=1
http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=10526

Tuesday, August 19, 2008

Más libros

Acabo de linkear dos "libros" (por decirlo de alguna forma) de relatos, escritos por quien ésto suscribe entre los 19 y 25 años, más o menos, contando reescrituras y correcciones.
Una serie pretendía ser una novela, pero terminó siendo un compilado llamado Aceptar la derrota, por razones que se explicitan en el epílogo de dicho combo de relatos.
El otro pretendía ser una saga familiar de asesinos, algo así como el padrino pero con muchos menos lazos con el mundo real.
No creo que vaya a trabajar más en ellos, así que ahí quedan, como escritos de juventud de los cuales rescatar algo pero avergonzarse en su mayoría.
Los textos que corregís más de lo necesario, a los que les dedicás demasiado de tu tiempo, son como el monstruo de Frankenstein: cosas hechas de pedazos de distintas épocas (lo cual, en un escritor, es lo mismo que decir distintas personas) que al final acaban por asesinar otros relatos con vida propia a los cuales podrías llegar a querer y hacer crecer, si dejás de lado la obsesión por el monstruo.
Así que, ahí quedan los monstruitos.

Monday, August 18, 2008

No tiene que salir bien a la primera







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Las historietas se hacen por ensayo y error. En todas las entrevistas a dibujantes que he leído, los artistas hacen hincapié en la necesidad de hacer varios bocetos previos de las páginas o portadas para ver qué funciona mejor y recién después atacar la página definitiva. No sólo eso sino que (como demuestran las imágenes de arriba) una vez hechos los dibujos definitivos, muchas cosas se pueden añadir, ocultar o mejorar, cortando, pegando, cubriendo con corrector o lo que sea.

En marzo del año que viene, para mis 31, planeo empezar a postear una miniserie de 5 números, mi primera incursión de largo aliento en los comics, más allá de historias cortas que he hecho esporádicamente y que están en los posts iniciales del blog. Y en ellas va a haber bastante papel cortado y corrector, de eso estoy seguro.

Tuesday, August 12, 2008

Demasiadas muertes


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Cuando fui a ver The Dark Knight, fui con mi mujer. Estuve pegado a la butaca las dos horas y media que duró la película. Desde la mitad hacia el final, ya me había compenetrado tanto que me olvidé que estaba mirando una película, lo cual, dicho sea de paso, es lo que se supone que toda película tiene que generar en el público.
Al salir del cine, manejando hasta la casa, le pregunté a ella si le había gustado y me contestó que no sabía si le había gustado o no, que el Guasón era demasiado malo y que en la película habían demasiadas muertes.
Llegamos, me puse a comer una porción de torta que me quedaba de la cena en el patio de comidas, y en la tele estaba Crónica TV dando un flash informativo: habían encontrado a los dos nenitos de la denominada Masacre de Campana, muertos a mazasos o hachazos en la cabeza, y la primera hipótesis (que después se demintió) era que los habían matado primero a ellos, delante de los padres, para hacerlos sufrir.
¿Y en la película habían demasiadas muertes? ¿Y el Joker era demasiado malo, demasiado lunático?
Mi mujer se puso a llorar y estuvo llorando callada más de media hora, y yo no sabía qué hacer. Tenemos una beba de tres años y ella está además embarazada y es obvio que cualquier cosa que tenga que ver con nenes chiquitos le pegan el doble. Y yo en esas circunstancias no tengo cosas muy positivas para decir. Mi idea de la humanidad no es la mejor precisamente. En las noticias hablaban del final menos esperado, pero yo lo esperaba. No lo deseaba, por supuesto, no soy un enfermo mental, lo esperaba en el sentido de que sabía que era altamente probable que los hechos se terminaran desarrollando así. Eso es lo que la gente hace, o lo que cierta clase de gente hace: destruye, mata, sin importarle a quién o de qué manera.
Al menos en el mundo de los superhéroes alguien los atrapa y los manda al manicomio, o el destino hace que se tropiecen en la azotea de un edificio y mueran. Acá, en el mundo real, van unos años a la cárcel, salen con una tobillera de mierda y vuelven a matar.
Creo que esa es una de las razones por las que algunos preferimos sumergirnos en los mundos de ficción. Escapismo le dicen, para denostar. Pero ¿quién puede elegir vivir las veinticuatro horas en el mundo real si tiene la opción de escaparse, aunque sea un rato?

Monday, August 11, 2008

The Dark Knight (dos) - cine


Había dicho que no iba a decir nada acerca de TDK pero, como es usual, se ha desatado la polémica entre los lectores de comics acerca de qué es una adaptación fiel, que por qué Alfred no es flaco, pelado y con bigotes, porque el origen de Two Face tiene que ver con el Joker, por qué parece más una películas de gangsters que una de superhéroes.

A mí lo que me importa es la fidelidad al concepto, cosa que TDK cumple con creces, desde mi perspectiva. Como lo señalé por ahí, en TDK el personaje de Batman es un cruzado, alguien que se pone en segundo plano para seguir con devoción religiosa una causa, que en su caso no es un dogma ni la ley como un conjunto de reglas escritas, sino la justicia como él la concibe. Después de todo, eso es un héroe, alguien que impone sus ideales pasando por encima a las reglas sociales aceptadas en su tiempo y lugar. Es alguien que está por encima, un nivel más arriba que un humano corriente pero uno por debajo que un dios. De ahí viene la acepción original del término. Como después adoptamos la idea de que no había varios dioses (que eran los padres o antepasados de los héroes clásicos) sino un solo dios, y que ese dios es todo bondad, se siguió la relación mutua del héroe con la bondad, pero al principio era sólo un ser no del todo atado por la moral de los seres humanos comunes.

Ahora, siendo un cruzado, Batman pone por encima de sí mismo su causa. Al final de la película se ve claramente como, aparte de caricaturizarse en su personalidad de Bruce Wayne para poder actuar como Batman sin que se sospeche de él, también está dispuesto a ensuciar la reputación de su propia máscara. Se quita a sí mismo todo en pos de su ideal. No le queda nada. Bruce Wayne es visto como un ricachón imbécil y vacío y Batman como un asesino. Él mismo se deja sin nada que los demás puedan amar o respetar.

Más allá de la calidad de la película, del ritmo imparable y las excelentes actuaciones, creo que los muchos detalles que muestran un respeto absoluto por la esencia de los personajes (más allá de cambios en los orígenes y personalidades), son las que hacen de TDK la mejor película sobre Batman hasta el momento. Lo malo es que con las dos partes Christopher Nolan dejó todo tan bien atado que dudo que se haga cargo de una tercera.

Sunday, August 03, 2008

The Dark Knight - cine


La película perfecta de Batman existe y se llama The Dark Knight.
Y es todo lo que tengo que decir acerca del tema.

Tuesday, July 29, 2008

Batman Año Uno y el color






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Hace poco apareció en los kioscos el tomo de Planeta de Agostini conteniendo la miniserie Batman Año Uno. En los 90s ya la había comprado cuando la publicó la Editorial Perfil, pero dado el precio y dado que nunca está de más tener un tomo en la biblioteca (que es mucho más fácil de buscar que las revistas individuales) lo compré. La calidad del papel es muy buena, los diálogos está ajustados a los globos y los cuadros de diálogo, cosa es que es buena y mala al mismo tiempo, porque por un lado es más placentero de leer así, sin tener que ir a otro globo para completar una frase, pero por otro lado, la traducción de Perfil quedaba demasiado larga por ser puntillosamente literal, o sea que lo que leemos ahí está más cerca de lo que el guionista original escribió. Una de cal y una de arena, como siempre pasa con las traducciones. No existe la traducción perfecta.
Pero lo que sí me genera algo de rechazo en los dos tomos (Año Uno y Año Dos) es el color. No hay casi colores puros, sino que las páginas está teñidas en su totalida de azul, gris o marrón, con lo que se pierden detalles que son importantes, o que al menos hacen que a la vista la edición de Perfil (en papel barato y al día de hoy amarillento, al menos en mis copias) sea más fiel, más significativa, si cabe el adjetivo.
Por ejemplo, los cuatro capítulos de la saga comienzan con una página de presentación, un par de frases demoledoras, marca de la casa de Frank Miller, con una imagen en fondo blanco (como la de la primera imagen). En el tomo, el fondo blanco de las cuatro ha sido reemplazado por un marrón oscuro que no tiene nada que ver y que no transmite la misma sensación, no hace destacar las figuras como el fondo blanco. Un error.
Escenas importantes como la de la segunda imagen, con Bruce Wayne arrodillado frente a la tumba de sus padres (toda una escena que se presenta larga, interminable en la mente del lector, aunque sólo dura una viñeta en la página, otra de las genialidades que generaba Miller cuando era genial), se arruina al ensuciar el blanco y negro puros con una estúpida aura azul que circunda la escena. Otro error, grave.
Con las otras tres imágenes pasa casi lo mismo: las calles con sus neones y colores chillones se convierten en el tomo en una oscura calle amarronada que no tiene nada que ver con la zona roja de una ciudad como Gotham; toda la fuerza simbólica contenida en el acto de Batman de tapar ese fuego de reflejos rojos furiosos queda anulada al pintar la página completa del mismo color de la viñeta inicial; y en la última, la deseperación del grito con fondo rojo también se diluye por culpa del color.
Lo que no sé es si se trata de un error de la edición de Planeta de Agostini o si ya en los tomos norteamericanos hicieron ese cambio de color para darle a las historias un aire más "oscuro".
Sea de quien haya sido la decisión, Año Dos tiene los mismos problemas con el color.

Sunday, July 13, 2008

The Host - dvd



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Estamos malamente acostumbrados a las películas norteamericanas de monstruos, que son esquemáticas (como las películas norteamericanas de lo que sea), predecibles y, hasta cierto punto, son la misma película repetida y cambia un poco el monstruo dependiendo del presupuesto que tengan o de si hay alguna nueva tecnología que aplicar.
Por suerte no solamente en norteamérica se hacen películas. La macana es que rara vez vemos nada que venga de otro lado. Por suerte, de nuevo, ha llegado a los videoclubs (¿o son devedéclubs ahora?) The host, película coreana del 2006 que, como lo dicen los afiches, probablemente sea la mejor película con mostruo de la historia. Y no precisamente por el monstruo, que está perfectamente hecho, sino por los personajes humanos y la trama en sí.
Lejos de la costumbre de ir mostrando el bicho de a pedacitos y recién dedicarle un plano de cuerpo entero al final (exacerbada en Alien, por ejemplo) acá el monstruo empieza a comer gente a los cinco minutos, en una larga escena que podría ser a este género lo que fueron los veinte minutos iniciales de Rescatando al soldado Ryan para las películas de guerra.
Los protagonistas son una familia disfuncional (un hombre viejo y sus tres hijos) que intentan rescatar a la hija de uno de los hermanos, atrapada por el engendro. No hay ningún marine, ni militar, ni ex-policía como en todas las películas yankees de este estilo, sino sólo una familia que no tiene la más mínima idea de lo que está haciendo, pero igual lo hace.
Hay escenas sublimes, como la cena imaginaria (ya van a ver a lo que me refiero) y, aunque a algunos les puede parecer una nota negativa, a mí me gustó mucho el hecho de que la película, más allá de centrarse en la cacería del mosntruo, tiene varios registros y por momentos en un drama, por momentos una comedia, por momentos es de suspenso y en otros de horror.
Las actores están muy bien dirigidos, sin hacer gala de la sobreactuación típica de los films orientales. En ciertos pasajes la película engresa en el género grotesco, pero de forma muy medida y con una clara intencionalidad.
Hay quien ve una lectura política. Tal vez la haya pero, incluso sin ella, es una gran película, la mejor que he visto en el año y la mejor película oriental (dejando de lado el animé) que he visto en mi vida.
Alquílenla.
O bájenla de internet, lo que más les guste.

Thursday, June 26, 2008

Series de televisión

Ya que no tengo plata para ir al cine, estoy adquiriendo mi dosis de ficción audiovisual del cable. Sigo cinco series excelentes que recomiendo a todo el mundo y de las cuales voy a hablar con más detalle después: Son:
-Lost
-Veronica Mars
-Doctor House
-The big-bang theory
-Numb3rs
Son series muy diferentes entre sí pero todas altamente recomendables por sus buenos guiones. Observándolas detenidamente he sacado varias conclusiones acerca de cómo contar una historia que no aburra y mantenga el factor sorpresa constantemente al máximo. Ahora me falta incluir eso en mis textos, si es que puedo.
Obviamente, queda afuera de esa caracterización The big-bang theory, de la que simplemente saco el humor más inteligente (y nerd, por otro lado) que he visto en años.

Friday, June 20, 2008

Gente que ya no está

Anoche tuve la extraña experiencia de seguir la muerte de la primera amiga que tuve en Neuquén por el Google.
Me habían dicho hace unos meses que había muerto, pero la verdad que no lo creí demasiado porque la persona que me lo comunicó no es de mi entera confianza. De hecho fue una de las causas de que ella y yo dejarámos de ser amigos.
Pero anoche me acordé de eso y busqué su nombre en el Google y, de a pedazos, fui consiguiendo detalles de su enfermedad y muerte. Fue hace dos años y unos pocos días, a finales de junio del 2006.
Iba a colgar lo que encontré, pero me parece una morbosa falta de respeto.
Fue muy raro hacer una especie de luto virtual, digital, tanto tiempo después.
Leer la muerte de alguien de tu pasado en una pantalla es más impersonal incluso que escucharla por teléfono. No es siquiera una noticia: es un texto, es historia.
Hacía mucho había perdido el contacto con ella. Yo soy así: las personas que salen de mi rango de acción, que dejo de ver todos los días, caen muy rápido en el olvido, casi en la inexistencia. En la secundaria no me quedaban amigos de la primaria; en la universidad perdí todo rastro de mis compañeros de secundaria, y así sigue. Pero a todos nos pasa lo mismo, creo.
Definitivamente, la amistad requiere trabajo, un trabajo que al parecer no estoy dispuesto a tomarme.

Wednesday, June 18, 2008

Tuesday, June 10, 2008

Equilibrio

No hay que ser rencoroso ni vengativo, pero siempre es bueno asegurarse de que la balanza kármica recupere su equilibrio

Monday, June 09, 2008

Cielo e infierno


Cuando murió mi viejo me di cuenta de que la noción de cielo no la inventamos para nosotros. En realidad, creo que no nos importa demasiado a dónde vamos después de morir: lo que nos importa es seguir viviendo. Así que el cielo, para mí, es el lugar que inventamos para poder creer que las personas amadas que se han ido puedan estar todavía existiendo pero de otra forma, en forma de alma, de esencia, de lo que sea, donde tengan la posibilidad de apartar las nubes y echarnos una mirada.
Paralelamente, el infierno es el lugar que repararía las injusticias que acá es imposible castigar. No tanto como una forma de asustarnos a nosotros mismos y forzarnos a actuar bien (¿qué es actuar mal y qué es actuar bien, después de todo?), sino para mandar ahí a los que merecerían sufrir un infierno en vida y sabemos que no será así.
Esa idea la tuve ayer a la mañana, no recuerdo por qué, pensando en Bush. El tipo dejó que estrellaran aviones contra dos edificios porque eso servía a sus propósitos, mandó a asesinar y a morir a miles de personas escudándose en mentiras, para robar fuentes de energía y consolidar un poder político que con suerte será el suyo y en el peor de los casos de alguna sociedad secreta empeñada en que nos muramos de hambre y nos matemos entre nosotros para que ellos vivan cada vez mejor. Y no va a pasarle nada. No va a pagarlo nunca.
Para ese tipo de gente inventamos el infierno.

Tuesday, May 27, 2008

Publicidad

Tenemos bebidas con ingredientes desconocidos que nos permiten ser una familia feliz. Tenemos máquinas de afeitar que nos proporcionan el triple de mujeres. Tenemos cremas que actúan al nivel del ADN.
Ya pasamos de largo el Primer Mundo. Estamos en el Mundo Cero.
Y si no fuera por los comerciales, ni siquiera nos enteraríamos.

Tuesday, May 20, 2008

Tarot de Buffy, la Cazavampiros



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Como para demostrar que estamos en la época de la multimedia, varias series que de televisión que han sido canceladas están teniendo sus continuaciones en otros formatos: películas, historietas, juegos de video, etc. No sólo eso, sino que los productos asociados dejaron de ser sólo muñecos, llaveros, tazas decoradas, adornos para fiestas de cumpleaños y cosas así. Una prueba de eso es el recién juego de cartas de Tarot de la serie Buffy la Cazavampiros, recién salido a la venta. Una forma bastante interesante de aprovechar la veta esotérica de la serie.
Arriba dejo algunas imágenes, para que salgan rumbo a una gráfica y se hagan un par de posters.

Wednesday, May 14, 2008

Mike Wieringo


Hace unos meses murió el dibujante norteamericano Mike Wieringo. No era de mis dibujantes preferidos, pero me gustaba. Ví sus dibujos por primera vez como a los 17 años, cuando le di plata a una amiga (que también murió, por lo que me contaron) y me trajo un tomo de Flash de Buenos Aires.
Lo que me sorprendió de las noticias acerca de su muerte fue que no se centraran en lo prolífico de su carrera (aunque era prolífico), ni en sus apariciones en la web (terminaba al menos un dibujo a lápiz por día, cosa poco usual, y solía postear casi todo), ni en su influencia en otros artistas (que también la hubo, y bastante). No, nada de eso. Esas características aparecían siempre como una acotación, como algo secundario. Lo que recalcaba todo el mundo (colegas y fans que lo conocieron en firmas de autógrafos y convenciones) es que era un BUEN TIPO.
Los dos o tres días en que la noticia apareció en todas las páginas web o lo blogs que visito asiduamente, me conmovió leer siempre lo mismo: todos se lamentaban no de la pérdida de un dibujante original y cumplidor con sus encargos de laburo, sino de la pérdida de un tipazo. Es lo que todos queremos que pase el día que ya no estemos supongo.
Hoy, en un canje, encontré un comic de Wieringo y después de comprarlo me di cuenta de algo más: ya entró en el terreno de la Obra Completa, ya nunca va a volver a dibujar nada, lo que hay es todo lo que habrá, y los lectores tenemos la posibilidad de conseguir toda su obra y formarnos un juicio acerca de ella como totalidad.
Es otra cosa que también creo que todos, al menos los que hacemos algo creativo, aspiramos que pase el día en que ya no estemos.

Sunday, May 04, 2008

Nada te impide no estar


El viernes pasado fui a ver tocar a Senderos, la banda de mi hermano Damián. Precisamente el estribillo del tema que le dio nombre a la banda dice eso de "Nada te impide no estar", y me puse a pensar cómo se nos hace creer permanentemente que tenemos que tomar partido siempre, que tenemos que estar en un lado de cualquier confrontación, bajo la pena de sentirnos unos traidores o de no ser seres humanos o artistas "comprometidos".
Yo trato de estar en el lado de afuera. Como decía un escritor argentino, el lado de afuera no es un lado ni es otro, es el lado de afuera, donde experimentás la más eufórica de las soledades. Pero no es por eso, no es por estar solo, sino por tener una perspectiva más amplia. El que está dentro de la diálectica del enfrentamiento no ve los motivos (ni los propios ni los ajenos), está demasiado ocupado luchando como para ver otra cosa que no sea el enemigo frente a él. Y hay que ver y saber más que eso. Hay que saber que la mayoría de las veces, cuando entramos en una turba ciega que sólo quiere arrancarle los ojos a otra turba ciega, estamos haciéndole el caldo gordo a algún hijo de puta que se beneficia de nuestro sufrimiento.
Yo trato de no caer en eso. No pertenezco a ninguna religión, ningún partido político, ningún cuadro de fútbol, y en general trato de estar fuera de cualquier polarización pelotuda que sólo sirva para dividir. Lo cual no quiere decir que no tenga ideas religiosas ni políticas, sino que me reservo el derecho de usar los dogmas políticos y religiosos que otro quiera imponerme como el más suave papel higiénico.
Así que ya sabés: cuando traten de enfrentarte a otro bando para que alguien recoja las migajas y baile sobre tu sangre, acordate de que nada te impide no estar.