Wednesday, April 16, 2014

Los buscamuertes, de Pablo Yoiris

La flamante editorial La Letra Eme nos trae la tercera edición Los buscamuertes, novela de Pablo Yoiris que fue publicada previamente por el FEN tras resultar ganadora de la convocatoria 2008 (en una edición compartida, junto a Asuntos corrientes, Sánchez de Mariano Villegas) y tuvo luego una segunda edición a cargo de Tela de Rayón.
Los buscamuertes es la primera novela de ciencia-ficción patagónica que he leído, lo cual no equivale a decir que sea la primera que se ha escrito, pero sin lugar a dudas tal género no es el que cruza de forma automática por la mente de quien piensa en la narrativa producida en la Patagonia.
Para bien o para mal la literatura regional se asocia al pintoresquismo, a lo rural, a lo histórico, como si nuestro tiempo se hubiese detenido en la conquista del desierto, todos viviéramos en fortines, nos desplazáramos de acá para allá a lomo de caballo y nos juntáramos los fines de semana con los amigos en la pulpería para jugar a la taba. No condeno los relatos de base histórica, son una opción de lo más válida a la hora de escribir, pero si todo el espectro narrativo de la región se ve reducido a esa única posibilidad, se transforma en un problema. Por tal motivo toda nueva obra que ensanche el horizonte de la literatura regional debe ser celebrada, máxime cuando se trata de una obra de calidad.
Hay en Los buscamuertes destellos del mejor Phillip K. Dick, en la forma en que Yoiris normaliza los elementos fantacientíficos: no se los destaca, no se carga las tintas en ellos sino que forman parte de la vida diaria de los personajes involucrados en la trama, lo cual es el curso de acción más razonable a la hora de escribir este tipo de relatos, lo que más ayuda a la “momentánea suspensión de la incredulidad” de la que hablaba Coleridge.
Como todo buen relato de ciencia-ficción, hay un equilibrio entre lo conocido y lo nuevo, entre lo cotidiano para nosotros acá y ahora y ese mundo alterno o futuro que bien podría ser el nuestro si la historia, como diría Bugs Bunny, hubiese “girado a la izquierda en Albuquerque”. Yoiris construye un mundo al que una mala decisión, una mala jugada del destino, separa de éste en el que vivimos día a día. Los elementos conocidos son los necesarios para generar identificación y los que desentonan tienen la fuerza suficiente como para sorprender y la hondura filosófica como para levantar un par de dudas y generar un par de preguntas. No se le puede pedir más al género, pero todo eso no es poco para nada. La ciencia-ficción es polisignificante por definición, en ella pueden compartir espacio la alegoría, la crítica social y la moraleja sin molestarse ni opacarse sino, por el contrario, multiplicando los niveles de complejidad de la historia.
Yoiris, con esta novela, se coloca de lleno dentro del grupo de autores que más valoro, los que generan intranquilidad, los que pasan de largo la salida fácil de dar respuestas que dejen a todos o a una determinada parte del público contentos, los que saben que las respuestas son materia de fe, el opio de las religiones, y no el contenido con el que un escritor cabal rellena las hojas de sus libros.
La novela tiene momentos de intenso trip narrativo, con una fluidez inmejorable. Puedo citar el inicio del Capítulo 3, cuando el protagonista va en bicicleta bordeando la ruta 22 y la narración lleva el mismo impulso que el personaje en su recorrido, va a toda velocidad con el viento en la cara.
Y esa es otra razón por la que Los buscamuertes destaca, por su ambientación. La novela está ambientada en Neuquén, pero no como parte de un pintoresquismo forzado y direccionado a establecerla como un producto made in Patagonia, sino siguiendo la máxima inmortal del “escribe acerca de lo que conoces”. Y además porque ya es hora de empezar a seguir en serio ese camino.
Citando a Sasturain cuando alaba a Oesterheld y su decisión de ubicar la gesta del Eternauta en Buenos Aires y en el presente del autor, ya es de nuevo hora de “cambiar el domicilio de la aventura”. Del mismo modo en que Oesterheld no dudó en ir contra la convención de que todo lo que pasaba pasaba en norteamérica, hoy depende de nosotros impedir que todo lo que pasa pase en Buenos Aires. Los grandes temas, las grandes decisiones, los grandes personajes, pueden existir en cualquier ciudad o pueblo del país, y debemos centrarnos, vivamos en el punto de la Argentina en el cual vivamos, en hacer que eso ocurra.
Una de las pocas cosas que admiro de Estados Unidos en lo que se refiere al cine (también pasa en literatura, pero en las películas se lo ve de manera más patente) es el rol que tienen las ciudades: no es lo mismo ambientar un film en Nueva York que en Seattle que en Boston que en Washington, cada ciudad tiene su microcosmos, su clima social, intelectual y artístico determinado e identificable a primera vista. Y acá debería suceder lo mismo: deberíamos conocer Tucumán, Rosario, Comodoro Rivadavia, Bariloche, por películas que las tomen como un protagonista más de las historias que en ellas transcurren y no sólo como un decorado exótico, tal y como recuerdo que aparecían en esa racha de películas rodadas a fines de los 90s, donde los directores porteños venían cámara en mano a la Patagonia con la pretensión de explicarnos quiénes éramos y dónde vivíamos, lo cual es desde todo punto de vista inaceptable. ¿Quién sino nosotros debería escribir sobre nuestro lugar (sea cual sea ese lugar) y definirnos como la cruza entre vivencias y paisaje que todo ser humano de hecho es?
Pero más allá de cualquier consideración programática que lejos debe haber estado de la cabeza de Pablo Yoiris a la hora de escribir su novela, lo único que puedo señalar como negativo es que la trama me resulta inconclusa. No es culpa del texto: el final está ahí y es un buen final. Tal vez sea culpa mía, o culpa del cine de fantasía y ciencia-ficción que tan acostumbrado me tiene a las trilogías, pero creo que a esta historia le faltan dos libros más. El mundo creado bien los sostendría y bien los merece. Y tal vez en un futuro Pablo Yoiris los escriba.

Cristian Fernando Carrasco
Neuquén

Abril de 2014

Saturday, August 31, 2013

Boicot a las grapas de ECC

Como todo coleccionista de comic que se precie, prefiero las historietas en grapas. Por varios motivos. Sé que gente más afecta al comic europeo prefiere los tomos recopilatorios y llama a los comics mensuales comics en fetas u otras ingeniosidades parecidas, pero las grapas tienen una mística especial. Cada una trae una portada, que suele ser la ilustración más llamativa y espectacular del comic, se pueden abrir bien las páginas para ver los dibujos doble-splash y además, qué joder, los comics están hechos para disfrutarse en veinticuatro páginas mensuales, que después los guionistas se hayan tirado a chantas y te cuenten en seis meses lo que deberían contarte en uno o en dos no es culpa del formato sino de la vagancia y de la aceptación pasiva de esa vagancia.
Pero también incide el precio, y ese es un apartado en el que la gente de ECC, quienes envían a Argentina los comics de DC que editan en España, le vienen errando muy feo.
Yo tomo como parámetro los precios a los que publica Ovni Press, la editorial que tiene la licencia de Marvel en el país, y lo tomo como parámetro precisamente porque es la edición nacional, sus comics salen lo que debe salir una revista editada acá para permitir que la empresa gane plata. Es decir que cobrar más de lo que cobra Ovni Press por historietas del mismo tenor es lisa y llanamente robar. Y ECC nos roba de forma continua con sus grapas.
Los comics de Ovni Press editados en formato recopilatorio salen (haciendo cuentas rápidas) entre 12$ y 15$ por número, y lo último que han sacado en grapa (Vengadores Reunidos, patético tanto a nivel guión como a nivel dibujo, hay que admitirlo, pero acá estamos hablando de precios, no de calidad) salió en los kioscos a 18$ cada episodio de veinticuatro páginas. Esos son los precios que tomo como referencia.
En sus recopilatorios ECC no se va tan al carajo. Los últimos que compré fueron el Tomo Dos de la Batwoman de J. H. Williams III a 99$ (lo cual, dividido por los seis episodios del tomo da un total de 16,5$ por número) y el Tomo Tres de Nightwing a 65$ (lo que, dividido por cuatro, da 16,25$ por episodio), lo que no está mal.
Pero en las grapas nos afanan: un número de la aburrida y anticlimática JLA de Jim Lee sale 30 mangos, así como cualquiera de los episodios de Before Watchmen. Hay que reconocer que todas las miniseries de Before Watchemn son buenas, hay al menos una escena de antología en cada revista, pero igual es un afano.
Comparando con la misma ECC: mientras el tomo con seis números de Batwoman sale 99$, si completara los seis números de, pongámosle, Minutemen, me habría salido 180$; mientras el tomo con cuatro números de Nightwing sale 65$, su completara los cuatro números de, pongámosle, Rorschach, me habría salido 120$. Es prácticamente el doble, sea como sea.
Además, en Batman acaban de terminar con La noche de los Búhos, hasta donde venían separando las dos series de (Batman y Detective Comics), y ahí es donde me bajé de la serie porque a partir del próximo número te encajan media revista copada (de Snyder y Capullo) junto a media porquería sin sentido (de Tony Daniel) a 40$, como ya vienen haciendo con Green Lantern, donde desde el principio repartieron la serie entre el Green Lantern de Johns y Mahnke (que sigo sobre todo por el dibujo, aunque el guión no me ha emocionado para nada) y el New Guardians que es la intrascendencia misma.
Lo único que pienso terminar de comprar en grapas en el Sueprman de Grant Morrison. Después de eso, le doy de baja a las grapas de ECC y compraré en tomos sólo que valga la pena.
Y, para esas cosas que me voy a perder, siempre habrá recopilatorios futuros, si es alguna saga que valga la pena, o alguien se deshará de esos números cuando sea más grande y los compraré por internet.





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Thursday, August 22, 2013

Últimas Películas



Star Trek Into Darkness – de J.J.Abraham

He leído varias crítica acerca de esta película y la cuestión principal parece ser su relación con la anterior: si es mejor, peor o igual de buena que la Star Trek que recomenzó todo. Mi opinión es que están al mismo nivel de entretenimiento, y que funcionan también en la medida en que el espectador conoce lo que debería pasar (y de hecho pasó en la línea temporal original) y que en estas películas es modificado, alterado, llevado por otros caminos.
Yo, la verdad, conozco Star Trek II, La ira de Khan, más por referencias que de forma directa. He visto partes de la película pero nunca la vi entera. Y, por supuesto, he visto y leído parodias y homenajes en miles de lugares, y he leído la sinopsis varias veces, así que sé qué es lo que pasa en el film porque forma parte de mi cultura básica nerd y por eso disfruté las conexiones, a veces sutiles, a veces contundentes, pero la mayoría de las veces explicadas en misma trama o en los diálogos, por lo que no pueden haber pasado desapercibidas para nadie.
La película es muy buena, tiene un ritmo envidiable, mucha acción, buenas actuaciones y una construcción acertada de los personajes, que terminan siendo absolutamente queribles. Lástima por Anton Yelchin, que no hace casi nada y además pierde la particularidad que tiene en Star Trek de ser un genio adolescente porque nunca hacen referencia a eso, que pasa por ser la característica que lo hace destacarse del resto. En contrapartida, todos los demás personajes que vienen de la serie original tienen más diálogo y más tiempo en pantalla que en la película anterior, esta vez Scotty realmente se ve y suena como Scotty y la excusa para hacer aparecer a Leonard Nimoy es buenísima: pura lógica.

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Mirror Mirrorr – de Trsem Singh

Me dejó patidifuso. Es tierna, es graciosa, es colorida, es incoherente, es feminista, es autoconsciente, es confusa, es oscura, es ridícula. Todo eso por partes. No la ligué del todo hasta que al final empezó el númerito musical y vi el nombre del director, y entonces se encendió en mi consciencia un cartel de neón que decía: Bollywood!!!
Los hindúes son así, qué se le va a hacer.
¿La recomiendo? No sé, la verdad. Si sos una chica de entre 13 y 20 años y no hay nada más que ver en la tele, capaz.
Lo único que realmente me pareció un hallazgo es la idea de que la reina obsesionada por la belleza expulse del reino a los enanos porque los considera feos. Que yo sepa, eso no está en el cuento original y es de una lógica y una elegancia impecables.

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The Wolverine

No tengo idea porque le pusieron Wolverine Inmortal. Incluso debería ser al revés, porque el chiste del argumento está precisamente en que por un tiempo su factor de curación se va, puede ser herido y, por lo que sabemos, morir.
Me sirvió para darme cuenta de que he acentuado mal todos los nombres japonenes que he leído en comics de los X-Men desde los 14 años. Al parecer, la japonesa es una lengua con predominancia de palabras esdrújulas (esa es la conclusión que saco así, a vuelo de pájaro).
La Mariko fílmica es demasiado hermosa y demasiado joven comparada con su contrapartida en el comic, que fue dibujada por Frank Miller, Paul Smith y todos los que los siguieron como una cuarentona cachetona y no cómo la veinteañera de rasgos finos que aparece en la película. Tampoco es que me esté quejando.
Pasa un poco como en Star Trek: conocer la historia original sólo sirve si disfrutás las desviaciones, pero creo que, en este caso, si no tenés idea de nada es incluso mejor.

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Metegol – de Juan José Campanella

Fui a verla sin ganas. Y la primera parte, el primer acto, digamos, todas mis malas perspectivas estaban fundadas. Todo muy trillado, naif y tirado de los pelos, personajes sin vida, arquetipos que servían para apoyar sobre ellos la trama. Pero cuando los muñequitos de metegol cobran vida la película hace exactamente lo mismo.
Es cierto lo que dicen, que no es necesario que te guste el fútbol para que te guste la película. De hecho a mí no me gusta el fútbol y me gustó la película. Porque lo que importan son los chistes y muchos de ellos se hacen a costa de fútbol, no sólo a partir de sus idiosincrasias. Y los muñequitos sí, son arquetipos, pero ¿qué otra cosa podés esperar de unos muñequitos? Ese el chiste: el cliché queda mal cuando se lo aplica a seres humanos, pero aplicado a cosas que fueron hechas para ser de cierta manera y de una sola manera, funciona muy pero muy bien.
Recomendable casi a un 100%. Salvo ese primer acto, algunos chistes demasiado gruesos para mi gusto y el personaje femenino, cuyos parlamentos se basan en repetir cuatro o cinco veces la misma frase o el mismo monosílabo, la película es un golazo (cuac!).

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Pacific Rim – de Guillermo del Toro

Esperaba más. No es mala película pero yo esperaba más.
Leí por ahí que su principal cualidad es entregar nada más ni nada menos de que lo ofrece: robots gigantes contra monstruos gigantes. Pero, siendo un afano descarado a Evangelion que es, forzosamente se siente la falta de profundidad, de metafísica, de contenido simbólico o alegórico. Lo del lazo neuronal y compartir los recuerdos con el compañero piloto no alcanza, es trillado y melodramático o, como mínimo, no está bien aprovechado.
No me gustaron para nada los monstruos flúo. A lo mejor en 3D quedaban mejor, pero a mí me parecieron ridículos. Y, sobre todo, hubiese preferido que fueran animales instintivos atacando para comer o defendiendo su territorio, no clones aliens del espacio exterior creados por una raza inteligente. Los esperaba bien lovecraftianos, bien primordiales. Pero eso suele pasar cuando esperás cosas: terminás decepcionado.
Espero que en la segunda parte haga una de dos cosas: o que le agregan capas de significado o que reduzcan las escenas de interacción humana al mínimo y nos den dos horas de peleas robóticas sin respiro.

Monday, July 08, 2013

Corregir




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Para aquellos a quienes les interese la cocina de la escritura, eso es un cuento corregido.
Conviene (y eso me lo marcó Pablo Yoiris) imprimirlos en espaciado doble o 1,5 porque sino se hace todavías más incomprensible a la hora de interpretar los tachones y las sustituciones.
Leí ayer que Flaubert escribía con dos hojas en blanco: una para corregir encima en seguida, después de escribir lo que saliera, y la otra para pasar más o menos en limpio la versión más depurada. Claro que después igual estaba años corrigiendo. Tardó cuatro años y medio en escribir una novela y después la corrigió para cara reedición.
Rulfo escribió un solo libro de cuentos y una sola novela en su vida y las corrigió hasta morir.


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Saturday, June 29, 2013

Sunday, June 16, 2013

Man Of Steel - de Zach Snyder






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Todo bien con la guerra civil antes de la destrucción de Kripton, con el Kripton esteril y macánico (tomados de Wold of Kripton y The Man os Steel de Byrne), todo bien con que Lios Lane descubra todo en un ratito, todo bien con el Perry White negro, todo bien con el traje alienígena, todo bien con que los kriptonianos hayan venido antes a la Tierra, todo bien con que Metrópolis queda reducida a escombros, todo bien con las peleas interminables, pero SU-PER-MAN NO MA-TA!!!!!
Podés reinterpretar, actualizar y aggiornar todo lo que quieras, pero no podés cagarte tan completamente en la esencia de un personaje.Claro que, en una película norteamericana, después del show de la muerte de Bin Laden hasta Superman tiene que matar para ser un digno yanky post-Patriot Act.
Matar no es resolver un problema, es cortar el problema de raiz para no tomarte el tiempo de pensar como resolverlo. Y a mí, llámenme pelotudo infantiloide, pero veinitún años de leer comics de superhéroes me enseñaron eso.


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Wednesday, June 05, 2013

Encuesta - Feria del libro de Roca - 8 y 9 de junio de 2013



1.-¿Qué libros te hicieron feliz?

Si hablamos de felicidad estética, de esa sensación de “¡Qué bueno que alguien escribió esto!”, lo he sentido muchas veces: con Rayuela de Cortázar, Trilce de Vallejo, El palacio de la luna de Auster, tragedias de Sófocles o Eurípides, Las fuerzas extrañas de Lugones, American psycho de Brett Easton Ellis, Altazor de Huidobro (sobre todo el Canto II), El Gran Gatsby de Fitzgerald... ese fue un caso especial porque a lo largo de la lectura la novela me parecía un plomazo, pero cuando llegué a la última frase es como si todo hubiera cerrado, como si la totalidad fuera de verdad la suma de las partes, y eso me pareció muy logrado. Me hizo muy feliz leer Historia Argentina de Fresán porque ahí me di cuenta de que no era necesario ser Borges para que te publiquen, que podías se bueno hasta ahí nomás y encontrar editor igual. Me hizo feliz El templo etrusco de Wilcock porque en un capítulo una mujer a punto de morir le pasa toda la sabiduría que consiguió en vida a su hijo, que es lo que siempre pensé que deberíamos hacer antes de morir. Y si tengo que hablar de la felicidad de una buena frase, de una buena imagen, todos los buenos libros te hacen feliz al menos por el segundo en que percibís algo de belleza o de inteligencia o de sensibilidad en lo que está escrito.

2.-¿Qué te atrae de un libro?

Por lo general, lo que busco en un libro es una experiencia intelectual en el sentido amplio: buenas ideas, giros argumentales que me sorprendan, personajes bien construidos, frases o versos con belleza verbal y rítmica. Soy bastante clásico, no me atrae la innovación por la innovación misma. Tampoco una ideología determinada. No creo que la ideología política tenga nada que ver con la valoración de una obra de arte, ni a favor ni en contra, aunque sí tiene que ver, obviamente, con su génesis y su recepción inmediata.

3.-¿En qué momento te encontrás con el libro?

Leo siempre que tengo tiempo. Ahora, que volví a la universidad, mi tiempo lo ocupa básicamente lo que me dan como lectura en las materias, y suelo disfrutarlo más allá que sea una obligación, pero de vez en cuando hago espacio para algo más, algún libro de poesía o relatos cortos. O historietas.
Leo en todos lados: en la fila para pagar impuestos, caminando por la calle (lo que me ha reportado uno o dos golpes), en la plaza mientras mis hijos juegan, en el baño, antes de dormir, en el auto mientras espero que mi mujer compre algo, en el laburo cuando está tranquilo.

4.-La función que cumplió el libro durante siglos ¿la cumple hoy?

Lo que el libro no ha perdido, ni creo que pueda perder nunca, es la posibilidad de reflexionar frente a él. No se puede reflexionar tranquilamente frente a una pantalla con textos de colores, música de videojuegos y anuncios chillones saltando a cada rato en ventanas nuevas del navegador. El libro no viene con propagandas que te corten la lectura. Creo que el objeto/libro seguirá siendo el lugar privilegiado de reflexión y el lugar de la libertad, donde uno guía el ritmo de la lectura y puede tomarse su tiempo para asimilarla hasta llegar casi a una totalidad.

5.-¿Cómo hoy accedemos/relacionamos/interactuamos con el conocimiento?

Creo que como siempre. El conocimiento no es algo que esté dado en determinado soporte, es algo que se construye. Claro que mientras mejores sean los materiales con los que construís tu conocimiento, mejor va a ser el resultado, y es mejor un libro pensado, creado con tiempo, que un post de blog hecho en quince minutos o una entrada de wikipedia sin ningún contraste serio con la realidad.


6.-¿Qué rol tienen las bibliotecas populares?

Estoy seguro de que tienen un rol importante, pero desde mi experiencia no podría valorarlo. No recuerdo si he entrado alguna vez a una biblioteca popular. Sí, he pasado horas en las bibliotecas de mis colegios primario y secundario, y he sacado decenas de libros de la biblioteca de la universidad, pero, por lo general, los libros que leo están en mi casa porque trabajo desde los doce años y siempre he gastado el dinero en libros y revistas (además de Pattys finitas, Fantoches blancos y café, mi alimento básico de estudiante).


7.-¿Qué formato (cuentos, novelas, poesía, ensayo, narración, etc.) te atrae hoy? ¿Por qué?

Me atrae absolutamente todo. No tengo preferencias. Lo que sí tengo, tanto para leer como para escribir textos encuadrados dentro de determinado género, es la necesidad de estar de humor o “entrar en la zona”. No es lo mismo leer una obra de teatro que un libro de poemas que un cuento corto de ciencia ficción o una novela acerca de la Segunda Guerra Mundial. Lo bueno de la literatura es que siempre podés encontrar el libro que resuene con lo que sentís o querés sentir en cada momento (con las canciones de los Beatles pasa lo mismo, por ejemplo). El tema es acercarse a los distintos géneros y temáticas y aprender a reconocer lo que hay en ellos que sintoniza con vos.
Con lo que me he llevado una sorpresa, un par de años atrás, es con las biografías. Nunca pensé que me pudieran gustar pero, cuando están escritas con arte y sensibilidad y tratan acerca de personajes interesantes, pueden ser tan buenas como una buena novela.


8.-¿Qué soporte (libro digital, papel, etc.) te atrae hoy? ¿Por qué?

Me atrae el papel, porque soy un dinosaurio. No puedo leer en la computadora. Cuando tengo que corregir un texto, mío o de quién sea, no me queda otra que imprimirlo. Intenté escribir directamente en el teclado, pero me resulta antinatural y además da una sensación falsa de prolijidad, de obra más o menos terminada. Prefiero tener un primer borrador en papel, todo tachado, y después pasarlo a la computadora, lo que representa una segunda o tercera corrección, y desde ahí trabajar un texto un poco más pulido. Nunca he intentado siquiera leer en una tablet o algo así, y dudo que llegue a hacerlo.

Cristian Carrasco




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Tuesday, April 16, 2013

Sunday, February 24, 2013

Alien Duce 1 - historieta



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Los InROCKs - Especial Superhéroes





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Al parecer la Inrockuptibles ahora se llama inROCKs, y ha sacado un Especial #1 dedicado a los superhéroes. Se ve que están de moda.
Es una revista bastante recomendable para el neófito. No me ha dicho nada que no supiera pero tiene una excelente selección de personajes, autores y series, nombra a los que, según mi criterio, hay que nombrar (Moore, Morrison, J. H. Williams III, Mahnke, Alex Ross, Allred) y se mete con las adaptaciones cinematográficas.
Si ya sabés de comics, no te va a cambiar la vida, pero si recién estaś empezando, te tira buenas puntas para buscar material que vale la pena.

ACTUALIZACIÓN:
Leyendo la revista en profundidad me he dado cuenta de que mandan fruta de forma generosa. Equivocan nombres, referencias, hacen inferencias sociológicas que no tienen nada que ver. Pero sigo diciendo que nombran a la gente que hay que nombrar.


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Tuesday, February 19, 2013

Totem y tabú (fragmento) - de Sigmund Freud


Sabido es que incluso en los pueblos civilizados constituyen las relaciones entre yerno y suegra uno de los lados más espinosos de la organización familiar. No existe ciertamente entre los pueblos blancos de Europa y de América prohibición alguna relativa a estas relaciones; pero se evitarían muchos conflictos y molestias si tales prohibiciones existieran, aun a título de costumbres, sin que determinados individuos se vieran obligados a establecerlas para su uso personal. Más de un europeo se sentirá inclinado a ver un acto de alta sabiduría en las prohibiciones opuestas por los pueblos salvajes a la relación entre dichas dos personas de parentesco tan cercano. No puede dudarse de que la situación psicológica del yerno y la suegra entraña algo que favorece la hostilidad y hace muy difícil su vida en común. La generalidad con la que se hace objeto preferente de chistes y burlas a estas relaciones constituiría ya una prueba de que entrañan elementos decididamente opuestos. A mi juicio, trátase aquí de relaciones «ambivalentes», compuestas a la vez de elementos afectuosos y elementos hostiles.
Algunos de estos afectos resultan fácilmente explicables. Por parte de la suegra hay el sentimiento de separarse de su hija, la desconfianza hacia el extraño al que la misma se ha entregado y la tendencia a imponer, a pesar de todo, su autoridad, como lo hace en su propia casa. Por parte del yerno hay la decisión de no someterse más a ninguna voluntad ajena, los celos de aquellas personas que gozaron antes que él de la ternura de su mujer y -last but not least- el deseo de no dejarse turbar en la ilusión que le hace conceder un valor exagerado a las cualidades de su joven mujer. En la mayoría de los casos es la suegra la que disipa esta ilusión, pues le recuerda a su mujer por los numerosos rasgos que con ella tiene comunes, faltándole, en cambio, la belleza, la juventud y la espontaneidad de alma que le hace amar a la hija.


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Wednesday, February 06, 2013

Sugerencias para horóscopos

*Usted se cree muy vivo por lo que está haciendo pero no lo es.

*Esa mujer no le conviene pero usted es tan estúpido que va a seguir adelante.

*Hoy será el peor día de su vida.

*Una persona de su pasado compartirá información que a usted no le conviene que se sepa.

*Alguien de su entorno laboral intentará destruirlo y tendrá éxito.



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Sunday, January 27, 2013

Lecturas de verano

En las vacaciones leí a Burroughs, a Carver y a Eco.

Empiezo con Burroughs. Me gustó la idea que hay detrás del título de El almuerzo desnudo, título que nunca entendí y nunca podría haber entendido si Burroughs no lo explicara: es la imagen de un pedazo sangrante de carne pinchado en la punta del tenedor, la idea de ver que eso no es logro de la cultura o de la evolución sino que es lo que es, un pedazo de animal muerto, con su textura y color característicos (hay que recordar que, mientras acá en Argentina, nos gusta la carne bien hecha, en el resto del mundo se la come roja, sangrante).
En el libro, que es un selección de cuentos y no una novela, otro error en mi preconcepción antes de leerlo (creo que debido sobre todo al hecho de que Cronemberg hizo una película basada en el libro, y es más lógico que se adapte una novela o un cuento y no una compilación de relatos más o menos cortos), y tengo dos acotaciones para hacer:
Primero, hay dos clases de cuentos y es muy fácil reconocerlos: están los que tratan acerca de las drogas y los que tratan acerca de la homosexualidad; en ambos se hace mención a la sociedad represiva y a un estado de perpetua vigilancia, y esa atmósfera densa, cargada de simulación y sospecha, es la que le da unidad al libro. Los relatos que tratan acerca de las drogas me gustaron, me parecieron imaginativos y me hicieron ver por qué motivo se dice por ahí que Grant Morrison es el digno heredero de Burroughs. Los que tratan acerca de la homosexualidad... la verdad es que me causaron bastante rechazo. No es lo mío. Me refiero a que los temas están bastante mezclados: en los cuentos acerca de las drogas los personajes son homosexuales y en los cuentos acerca de la homosexualidad los personajes se drogan, pero hay dos relatos, bastante largos, que giran exclusivamente alrededor de “el olor rancio de anos siendo penetrados” (cita textual) y de efebos que eyaculan en el exacto momento en que los penetran y demás, y no son imágenes que me guste particularmente tener en la cabeza.
En segundo lugar, Burroughs habla de manera irónica, ácida, triste y lastimera de los condicionamientos culturales, de la sociedad policial, de los yonquis y los homosexuales, o sea, del mundo que lo rodea y también de él mismo. Si hay algo que tengo que rescatar de libro es eso, la sinceridad bien entendida. Porque la sinceridad, como el humor, puede ser verdadera, honesta, cuando empieza por ser aplicada a uno mismo, o puede ser una excusa para enmascarar ataques.
En la secundaria me quedó muy claro que el humor verdadero es el que cultivan las personas que, primero y con mayor frecuencia, se ríen de sí mismos y después le hacen algún chiste a los demás. Pero muchas personas tildadas de graciosos son en realidad violentos cobardes que para evitar un enfrentamiento real levantan a su alrededor una muralla de chistes degradantes y bromas que apuntan a las debilidades, los secretos, los traumas, los miedos o las miserias de los demás. Y hay gente que a eso le llama humor.
Con la sinceridad ocurre lo mismo: si no apunta en primer lugar a uno mismo, a la persona que enuncia un discurso, no es sinceridad sino sólo ataque. Si el sujeto de la enunciación reserva para sí las rosas y los golpecitos en la espalda y dirige las armas de destrucción masiva verbales hacia los que están en la vereda de enfrente, eso tampoco es honesto, es otra pared detrás de la cual esconderse. Pero hay gente que a eso le llama sinceridad.

En cuanto a Carver, a quien leí porque amigos me han prestado y vendido libros suyos, simplemente porque quería saber qué era eso llamado minimalismo, creo que su único logro es haber logrado el nivel más absoluto de desapasionamiento a la hora de narrar. A Carver no le importa un carajo lo que pueda pasarle a sus personajes y eso, como procedimiento narrativo, es muy rescatable. Lo malo es que a mí, como lector, tampoco me importa un carajo lo que pueda pasarle a sus personajes porque no cuenta nada interesante, y eso no puede ser bueno.
Carver te hace pensar en el por qué y el para qué de la escritura, ta hace cuestionarte “¿este tipo para qué escribe, para qué desperdicia tanto papel y tinta?”.
Toda escritura tiene un por qué y un para qué, un aspecto interno y otro externo, un origen y una dirección a la que se desea llegar o por lo menos a la que se apunta, pero en Carver no veo claro nada de eso. Me deja no sólo frío sino desconcertado. Como una persona a la que abandonaron debajo de la nieve en un cruce de caminos y, en ese cruce, las flechas con las direcciones no dan ninguna información, están en blanco.
Pero puede ser un problema mío.

Eco, como teórico, me sigue pareciendo un ladrón de una desfachatez flagrante. No pienso comprarme un maldito libro suyo más. El mes pasado hablaba con un amigo, Daniel Tucci, acerca de Auster, y él me decía que había leído la Trilogía de Nueva York y que con eso daba a Auster por conocido, que con eso se había presentado y despedido de Auster. Con Eco voy a hacer lo mismo: después de muchas oportunidades que le he dado voy a quedarme con el buen recuerdo de El nombre de la rosa y basta de Eco.
Creo que lo peor, lo más molesto, es la forma en que desperdicia un montón de páginas hilvanando elucubraciones que no requerirían más que una frase. Por ejemplo, cuando hablan de los aforismos y los divide en tres clases y después hace transitar al lector por diez o doce páginas en las que no hace más que repetir lo mismo y dar ejemplo ociosos. Yo lo dejaría ahí: los aforismos pueden ser de tres clases, tal, tal y tal, con tal, tal y tal característica distintiva, y punto. Buscar ejemplos para corroborar o refutar esa división es asunto de los demás, si es que dudan de lo que el autor ha dicho. El autor no duda porque, se supone, el hecho de haberlo publicado es señal de que lo investigó hasta su propia satisfacción y tiene todos los ejemplos necesarios en su cabeza o en sus apuntes.
En lo que estoy de acuerdo con Eco es en la idea de que una de las diferencias entre el texto histórico y el texto ficcional es que la historia está atada a la opinión y a la interpretación mientras que en el texto ficcional hay verdades de las que no se puede dudar, que no se pueden discutir, como que Clark Kent es Superman o que Madame Bovary murió al final de la novela.
Supongo que a primera vista muchas personas podrían querer refutar esa afirmación, pero a mí me convence. Tomo el ejemplo de Rayuela: al final de la primera parte, después de la muerte de Rocamadour, Oliveira lee en el diario que una mujer se ha suicidado tirándose al río, piensa que puede tratarse de la Maga pero después lo desestima. El lector puede tener su opinión y generar sus interpretaciones, pero la verdad textual es que el personaje Oliveira lee una noticia acerca de un suicidio, piensa que puede tratarse de la Maga y después lo desestima. Pasa lo mismo con el final de la novela: en las últimas líneas, Oliveira está encaramado en una ventana pensando en lo simple que sería acabar con todo. El lector (incluso el mismo Cortázar) puede tener sus opiniones y sus interpretaciones (se tiró, no se tiró, murió, no murió), pero la única verdad textual es que Oliveira está encaramado a una ventana pensando, y ninguna opinión ni interpretación puede cambiar eso.

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Thursday, December 13, 2012

Robo anticipado

Estoy corrigiendo una novela que empecé a escribir en el 2009. Voy por el tercer capítulo y aparece la idea de que uno de los mayores problemas de mi generación es el de ser varones criados por mujeres, por nuestras madres, quienes nos inculcaron como verdad la versión femenina del mundo y sobre todo del amor.

La semana pasada terminé de leer El Club de la Pelea y Chuck Palhaniuk escribió exactamente lo mismo.

Eso confirma mi hipótesis de que un escritor es una persona a quien le roban las ideas incluso antes de que se les ocurran.

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Tuesday, December 11, 2012

Zanjón de la aguada - de Pedro Lemebel


Zanjón de la Aguada (Crónica en tres actos)


Dedicado a Olga Marín, con mi cariñoso agradecimiento

Primer acto:
LA ARQUEOLOGÍA DE LA POBREZA
Y si uno cuenta que vio la primera luz del mundo en el Zanjón de la Aguada, ¿a quién le interesa? ¿A quién le importa? Menos a los que confunden ese nombre con el de una novela costumbrista. Más aún a los que no saben, ni sabrán nunca, qué fue ese piojal de la pobreza chilena. Seguramente incomparable con cualquier toma de terrenos, campamento o población picante de los alrededores del actual Gran Santiago. Pero el Zanjón, más que ser un mito de la sociología poblacional, fue un callejón aledaño al fatídico canal que lleva el mismo nombre. Una ribera de ciénaga donde a fines de los años cuarenta se fueron instalando unas tablas, unas fonolas, unos cartones, y de un día para otro las viviendas estaban listas. Como por arte de magia aparecía un ranchal en cualquier parte, como si fueran hongos que por milagro brotan después de la lluvia, florecían entre las basuras las precarias casuchas que recibieron el nombre de callampas por la instantánea forma de tomarse un sitio clandestino en el opaco lodazal de la patria.
Y como siempre el asunto de la vivienda ha sido una excursión aventurera para los desposeídos, aun más en ese tiempo, cuando emigraban familias enteras desde el norte y sur del país hasta la capital en busca de mejores horizontes, tratando de encontrar un pedazo de suelo donde plantar sus banderas de allegados. Pero ese no fue el caso de mi familia, que desde siempre habitó en Santiago, traficando su pellejo pasar en piezas de conventillo y barrios grises que rondan al antiguo centro. Pero un día cualquiera llegaba el desalojo; los pacos tiraban a la calle las cuatro mugres, el somier con patas, la mesa coja, la cocina a parafina y unas cuantas cajas que contenían mi herencia familiar. Y tal vez alguien nos dijo que existía el Zanjón y para no quedarnos a la intemperie, llegamos a esas playas inmundas donde los niños corrían junto a los perros persiguiendo guarenes. Y la cosa fue tan simple, tan rápida, que por unos pesos nos vendieron una muralla, ni siquiera un metro de terreno, solo era un muro de adobes que mi abuela compró en ese lugar. Y a partir de ese sólido barro, fue armando el nido garufa que en pleno invierno cobijó mi niñez y le dio alero a mi núcleo parental. A partir de esa muralla que como una bambalina cinematográfica se convirtió en el frontis de mi primer domicilio, mi abuela le puso un techo de fonolas y un encatrado de palos que confeccionaron la arquitectura piñufla de mi palacio infantil. Pero a diferencia de mis vecinos, la fachada entumida de mi casa tenía cara de casa, por lo menos desde el callejón parecía casa, con su ventana y su puerta, que al abrirla, mostraba un escampado, no tenía piezas, solamente el fondo abierto del eriazo donde el viento frío del amanecer entraba y salía como Pedro por su casa.
Pareciera que en la evocación de aquel ayer, la tiritona mañana infantil hubiera tatuado con hielo seco la piel de mis recuerdos. Aun así, bajo ese paraguas del alma proleta, me envolvió el arrullo tibio de la templanza materna. En ese revoltijo de olores podridos y humos de aserrín, «aprendí todo lo bueno y supe de todo lo malo», conocí la nobleza de la mano humilde y pinté mi Primera crónica con los colores del barro que arremolinaba la leche turbia de aquel Zanjón.

Segundo acto:
MI PRIMER EMBARAZO TUBARIO
Existe un eslogan que dice: «Pobre, pero limpio», y es verdad, en algunos casos donde existen los materiales básicos de la higiene. Pero en el Zanjón, el agua para beber, cocinar o lavarse había que traerla de lejos, donde un pilón siempre abierto abastecía el consumo de la población callampa. Así también la evacuación de las aguas servidas y el alcantarillado se resumían en una acequia hedionda que corría paralela al rancherío, donde las mujeres tiraban los caldos fétidos del mojoneo. En contraste a este sórdido barrial, el albo flamear de las sábanas y pañales, deslumbrantemente blancos a puro hervido de cloro, confirmaba el refregado pasional de las manos maternas, siempre pálidas, azulosas, sumergidas en lavaza espumante de remojo. Y quizás esa utopía blanqueadora era la única forma como las madres del Zanjón podían simbólicamente despegarse del lodo, y con racimos de chiquillos a cuestas, se encumbraban a las nubes agarradas del fulgor níveo de sus trapos, vaporosamente deshilachados, como banderas de tregua en esa guerra entintada por la supervivencia.
Mi niñez del Zanjón mariposeaba al mosquerío del sol que mi madre espantaba cuidadosa, pero al primer descuido, cuando ella atareada, en un minuto me perdía de vista, la aventura del gatear fuera de la callampa me conducía al borde de aquella acequia, donde metía mis pequeñas manos, donde mojaba mi cara y sorbía el lodo en la curiosidad infante de conocer mi medio a través del sabor. Y así fue como un día mi barriga se fue hinchando como si me hubiera embarazado un príncipe moscardón. Al correr los días, el tamboreo de la colitis permanente y el dolor abdominal eran un llanto sin tregua. Mi madre no sabía qué hacer, sobándome la guatita inflamada como un globo y dándome aguas de hierbas, azúcar quemada y cocciones de canela. Y allí entonces, no era tan simple como tomar el teléfono y llamar al médico de la familia. Sobre todo si había que levantarse a las cinco de la mañana y salir con la guagua colgando para alcanzar un número en el policlínico repleto. Así no más llegué a las manos de una doctora con lentes de acuario, quien me vio la panza pobre, pensando en la very tipical desnutrición de los niños africanos. Pero al tantear esa piel tensa de timbal y apoyar en ella su frío estetoscopio, un apagado latido la sobresaltó, retirándose espantada. «No es posible», dijo, mirando a mi madre y escribió nerviosa la receta de un purgante virulento. Esa misma noche se produjo el alumbramiento, después de tomar esa abortiva medicina, me desrajé en los calambres de una florida diarrea como agua de pantano. Y allí, en el negro espejo de la bacinica rebalsante, flotaba el minúsculo cuerpo de un pirigüín detenido en su metamorfosis. Era apenas una cabeza y una colita, pero sobresalían dos patitas verdes que el niño renacuajo había logrado formar en mi vientre desde que me tragué su larva en el micromundo de la vida que, a pesar de todo, se peleaba a codazos el breve espacio de su gestación.

Tercer acto:
LAS MEMORIAS DEL CARNE AMARGA
El Zanjón de la Aguada no sólo fue conocido por su extrema pobreza, donde se enjugaba sudor de pueblo y retraso social. También en los años cincuenta, ese pulguerío entintaba los diarios por las noticias delictuales y la conjunción de patos malos que se guarecían bajo sus latas. Por entonces, esa mafia punga recibía el apodo de «pelados», de seguro por el rapado de cabeza hecho a tijeretazos en Investigaciones, tal vez para hacerlos visibles ante la buena sociedad y que este look produjera rechazo de escarmiento. Pero esa estética de cabeza afeitada, en el Zanjón no provocaba discriminación: era costumbre ver a cabros piojentos rapados al cero para matar la plaga de bichos. Igual, en el caso de los «pelados», era natural verlos salir de la cana con esa apariencia de judíos flacuchentos, barbones y calvos, liberados del exterminio. Cierta familiaridad con el delito, producía esta sana convivencia. Porque como en toda microsociedad, por punga que sea, existen sus leyes de hermanaje y los «pelados» las tenían. Era una especie de catecismo moral no cogotear jamás a un vecino del sector. Y es más, era una obligación para ellos colaborar solidariamente en los desastres naturales que volaban las fonolas en las noches de ventolera. Así como sacar el agua negra que anegaba las casuchas en las inundaciones. O apagar ese gran incendio que consumió medio Zanjón de la Aguada, y allí los «pelados», a falta de bomberos, eran los ángeles salvadores, acarreando baldes con agua del grifo lejano, o rescatando guaguas chamuscadas por el fuego.
En este reducto social, donde las rucas encrespaban el cerco mísero de Santiago, confluía un zoológico delictivo que se nombraba según la especialidad del robo. Estaban los carteristas a chorro que despabilaban una billetera con dedos de terciopelo y rajaban como cohetes. También, las mujeres tenderas del centro, como la Ñata María, una vampiresa ratera que se vestía de gran dama y arrasaba las tiendas de lujo con su cartera de doble fondo. También el clan de los monreros, especialistas en desvalijar casas en el barrio alto. Y a veces llegaban de visita unos guantes internacionales que volvían de Europa donde exportaban el arte chileno del choreo con estilo. Como el Chute Mojón, por ejemplo, un esbelto dandy que regresaba a la vecindad fumando habanos, vistiendo terno blanco y sombrero al tono. Allí todo el Zanjón lo recibía con gran fiesta y zandunga mafiosa que duraba tres días. Los más felices eran los cabros chicos, agarrando los puñados de monedas que el Chute Mojón les tiraba como padrino cacho. Pero también había algunos más siniestros, como el Carne Amarga, oscuro y perverso como pupila de chacal. Era un mago para saquear los camiones que pasaban por Santa Rosa. El Carne Amarga era padre soltero, tipo Kramer versus Kramer, y había ideado un truco para detener los camiones, que conociendo los peligros del lugar, pasaban rajados por la calle. Entonces, cuando se divisaba un vehículo cargado con mercaderías, el Carne Amarga tiraba a su hijo de siete años al medio de Santa Rosa y el camión se detenía con un chirrido de frenos, ocasión que aprovechaba el delincuente para treparse por atrás y desvalijarlo.
Y pudo ser que en alguna oportunidad el vehículo no alcanzó a frenar y las ruedas reventaron al mocoso. Pero esto era pan de cada día en el Zanjón de la Aguada, morían tantos niños como perros vagos atropellados en el sector. Como también en los allanamientos, en mitad de la noche, en la madrugada, por las balas zumbantes que atravesaban limpiamente las mediaguas. Y al otro día, todos los vecinos comentaban el resultado del arreo hecho por la Brigada de Homicidios. Que anoche cayó el Chiflín, que le dieron al Caca Negra, que por un pelo se escapó la Ñata María, que al Tirifa, al Chicoco y al Cara de Luto se los llevaron esposados, que al Fonola le pegaron un tunazo en la pata, pero igual arrancó por los techos, que los ratis ladrones se llevaron un montón de cosas y las achacaron como recuperación de especies. Y después de estas redadas, venían semanas de vigilancia en que el Zanjón entero dormía a sobresaltos por el temor de que volvieran los tiras con su prepotente balacera. Los «pelados» se hacían humo por un tiempo y algunos emigraban a La Legua o a La Victoria, donde seguían perfeccionando delicadamente las artes malandras de su oficio.

Epílogo:
LA NOSTALGIA DE UNA DIGNIDAD TERRITORIAL
Actualmente, cuando los alcaldes hacen alarde en sus campañas con nuevos métodos policiales para prevenir asaltos y choreos. En estos tiempos donde la delincuencia perdió su aventura romántica de quitarle al rico para darle al más pobre, al estilo Robin Hood o Jesse James, quizás porque los protagonistas del robo social son apenas unos mocosos que les arrancan la jubilación a los abuelos cuando salen del banco. Más bien parecen lauchas ladronas, quitándoles bicicletas a los cabros chicos y mochilas a los escolares, ni parecidos a los chicos malos de antaño, los choros rapiña del Zanjón, que novelaban su vida transgrediendo la brutal desigualdad económica que retrataba sin color la radiografía humana de aquel desnutrido paisaje.
Ahora, cuando la pobreza disfrazada por la ropa americana ya no quiere llamarse pueblo y prefiere ocultarse bajo la globalidad del término «gente», más plural, más despolitizada en las encuestas que suman electrodomésticos para evaluar la repartija del gasto social en las capas de menos ingresos. Y todo es así, para un mejor vivir están las líneas de crédito que permiten soñar en colores, mirando el catálogo endeudado de un bienestar a plazo. Para mejor pasar estos tiempos, mejor rematar neuronas como espectador de la pantalla donde el jet-set piojo se abanica con remuneraciones millonarias, pasándolo regio, mascando una aceituna en el desfile de modas con su ocio fashion, sacándole la lengua a la teleaudiencia sonámbula y roticuaja que pone una olla sobre el aparato de tevé para recibir la gotera que cae del techo roto, que suena como monedas, que en su tintineo reiterado se confunde con el campanilleo de las alhajas que los personajes top hacen sonar en la pantalla. Pero al apagar el aparato, la gotera de la pobreza sigue sonando como gotera en el eco de la cacerola vacía. Para mejor vivir la escarcha indiferente de estos tiempos, vale dormirse soñando que el Tercer Mundo pasó por un zapatito roto, que naufragó en la corriente del Zanjón de la Aguada, donde un niño guarisapo nunca llegó a ser princesa narrando la crónica de su interrumpido croar.

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Siempre he sido un enemigo del panfleto. Pero también siempre he sostenido que la política y la crítica social tienen su lugar en el arte mientras sean componentes, importantes pero no fundamentales, de la obra: lo fundamental,en una obra de arte es, indiscutiblemente, el componente estético.
De todas los autores que leí este cuatrimestre en Literatura Hispanoamericana, el que más me gustó fue Lemebel. Se trata de un escritor que hace algo muy pero muy complicado: lograr que la validez estética de su prosa equipare la intencionalidad político-social de lo que escribe y que ambos elementos, en lugar de entorpecerse uno al otro, se conjuguen y brillen con igual resplandor.

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