Tuesday, September 18, 2012

Altazor (Canto II) - de Vicente Huidobro


CANTO II

Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma

Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro

¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños

Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez

El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento

Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio

Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche

Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño

En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta

Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte

Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire

Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?

Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío

Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta

Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas

Mí alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe

Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arcoiris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma

Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración

Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas

Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos

Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

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Ya había posteado este poema antes, pero lo borré cuando suprimí temporalmente el blog.
Me repito: es el mejor poema de amor escrito hasta el día de hoy en cualquier idioma. Si todos los demás poemas de amor se perdieran pero quedara el Canto II de Altazor, no pasaría nada.
Es en cierta forma inmovilizante, porque sabés que no vas a escribir nada mejor, así que lo lógico sería no intentarlo. Pero lo lógico, también, sería no escribir y dedicarse a otra cosa, más conveniente, social y económicamente hablando. Así que así estamos con las elecciones lógicas.


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Saturday, September 01, 2012

Un par de golpazos



1.-Las palmaditas en el hombro le son tan útiles a un artista como un par de anteojos a un ciego. Las verdaderas críticas son las despiadadas. Si sabés encajar el golpe, es lo único que sirve. Las críticas constructivas despiadadas, claro. No simplemente “eso que hiciste es un porquería”, ni siquiera con razones, “eso que hiciste es una porquería por X motivo”, sino con opciones y proyección, “eso que hiciste es un porquería, pero por ahí, en una de esas, si encarás por tal o cual lado, si probás tal o tal variante, puede andar”. Por suerte, he encontrado un grupo de gente que hace precisamente ese tipo de crítica útil y -si querés mejorar- necesaria.
Lo que he sacado en claro de las opiniones de los demás respecto a lo que escribo es que:
a) sobreexplico las cosas,
b) sermoneo o intento mostrar mi punto de vista personal en detrimento de los actos y las ideas de los personajes (me meto como autor, en una palabra), y
c) escribo de una forma hiperracional.
Las dos primeras son sin duda errores. La tercera, según mi opinión, es una inevitablidad: yo vivo de una forma hiperracional, vivo en mi cabeza, me interesa entender las cosas antes que experimentarlas, así que sería muy raro que pudiese escribir de otra manera. Pero, como ya dije, las dos primeras son gruesos errores.
El tema de la sobreexplicar se soluciona de manera por demás sencilla: lapicera roja, tecla de delete, elegir de todas las explicaciones repetidas la que sea más completa, reducir diez páginas a nueve u ocho, y a otra cosa. El segundo error es el que me molesta, me jode y me sorprende. Sobre todo porque lo veo mucho y lo critico mucho en otros y no tenía idea de que yo también lo cometía. Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, diría alguna persona religiosa.
Me lo marcaron con una frase de esas que, para transmitir la dureza justa, tienen que obviar los buenos modales. Fue, creo que textualmente: “Ese es el autor metiéndose, a nadie le importa un carajo lo que opina el autor, lo que importa es lo que piensan y lo que hacen los personajes”. Y mientras lo escuchaba me corría un frío por la médula espinal. Porque es totalmente cierto, sin pizca de duda o de atenuantes. Si, como autor, querés dar opiniones, escribí un ensayo o una carta de lectores al diario. Si estás escribiendo un relato, centrate en los personajes y borrate como autor, convertite en narrador, que no es más que la herramienta textual que el relato se ve obligada a utilizar para contarse a sí mismo. Porque cuando escribís un relato a nadie le importa un carajo cómo vos, autor, ves el mundo, lo que importa es cómo lo ven los personajes, cómo eso repercute ellos y cómo reaccionan frente a ese mundo al que sólo pueden conocer a través de la manera en que los afecta. Como en la vida.

2.-El segundo sacudón ocurrió hace unos meses pero lo estoy capitalizando ahora: estoy escribiendo sonetos. Así es: so-ne-tos. Dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos con rima consonante. Poesía medida y rimada. Algo que no hacía desde que el número que representa mi edad comenzaba con un uno en el lugar de la decena. Años y años. Lo consideraba algo pasado, algo adolescente. ¿Por qué volví a ese tipo de poesía? Porque era necesario. Y porque me dieron otro uppercut en el mentón y me dejaron de espalda en el suelo.
Tengo la teoría de que, para mi generación, la poesía con métrica y rima se siente como un emprendimiento adolescente porque hacemos una equiparación errónea entre lírica y poesía reglada. Es decir, asociamos la métrica y la rima con los poemas de amor, y a los poemas de amor con la adolescencia, entonces pasar al verso libre se siente como ponerse los pantalones largos y la poesía reglada queda relegada al pasado, como algo jocoso, como una burla que nos hacemos a nosotros mismos: “¿te acordás cuándo escribía esos poemas donde todos los versos terminaban en -ar o en -endo?”
El golpazo, el cimbronazo, fue en las clases de literatura española, donde se dejó muy claro que en la Edad Media y el renacimiento, a ningún artistas se le ocurría ponerse a escribir antes de dominar todas las herramientas de su arte. No se vale decir “escribir con métrica y rima es una boludez, entonces no lo hago”, lo que valdría sería decir “ya me harté de la métrica y la rima, ya lo manejo tanto que te puedo inventar un soneto mientras lo pronuncio, ya me aburrió por lo fácil que me resulta, entonces paso a otra cosa”. Y, por supuesto, eso no pasa para nada en mi caso. Escribir poesía según ciertas reglas se me hace trabajoso y me cuesta mucho, y por eso precisamente lo tengo que hacer.
Me hace acordar a la película Anónimo, cuando Ben Johnson y los demás escritores de Londres no pueden entender que alguien haya podido escribir toda una tragedia completa en pentámetro yámbico, y lo racionalizan diciendo “Yo podría hacerlo... pero nunca lo intenté”. Cuando llegás a ese punto, lo único que te queda es intentarlo o callarte la puta boca.

3.-Todo se relaciona en realidad con la música. Hace como un año, o más tal vez, que tengo que escribir letras para la banda de mi hermano (sea la que sea hoy en día). Y he encontrado que tal cosa me resulta casi imposible, porque no manejo las rimas y tengo apenas una noción mínima del ritmo y los procedimientos poéticos como la anáfora, la repetición, el paralelismo, que son básicas para estructurar el ritmo interno de la letra de una canción. Esa imposibilidad, esa carencia, sumada a la llamada de atención que fue compararme a mí mismo con artistas de tiempos pasados que a mi edad ya habían leído todo lo que había que leer y dominaban su arte con los ojos cerrados, fue lo que me llevó a revalorizar la poesía reglada. Sin esas cosas, ambas, seguiría riéndome de los sonetos. Pero el que daría risa sería yo.


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Monday, August 13, 2012

Copiar del original

Cuando fcf tenía 16 años y quería ser dibujante y estaba muy al pedo, se metía en el baño de su casa, se miraba en el espejo del botiquín y hacía cosas como estas:




Varias cosas (aparentemente) inconexas

1.-Hace unas semanas fui a un cumpleaños de quince de la nena de una familia conocida. Estuvo lindo, que sé yo. Se notó mucho que la música nos excluía a los mayores de, ponele, 20 años. Yo ya tengo 34 y los imperativos generacionales no se pueden soslayar. Uno trata de ponerle pilas (porque al fin y al cabo te invitan para ser parte de la fiesta, para llevar la fiesta adelante), participar, aplaudir, bailar. Y al principio pude. A mí, como a todos los de mi edad, me ponen cuarteto, me ponen a Rodrigo, y bailo. Y sin siquiera estar borracho. O me ponen los temas que bailaba a los 15 años en los asaltos con mis amigos y bailo. Pero con la cumbia de ahora, no hay caso. Detesto a los Wachiturros y a todos los que se les parecen. E incluso no son los peores. Y no sólo porque la música es mala sino porque las letras son nocivas. Se quejan cuando les llaman transmisores de apología (en el sentido legal, no hablo de Platón), pero es la verdad. Y lo peor es que tampoco se diferencia mucho del rock que se puede encontrar hoy en día. No sé cuál es realmente la diferencia entre la letra de un tema de cumbia villera y un tema de, ponele, Viejas Locas, Pier o La 25 (si es que siguen en activo, no sé, la verdad). ¿Dónde quedaron las buenas bandas de rock? ¿Cuál es el relevo de los Redondos, de Soda Stereo, de los Cadillacs, de A77aque cuando estaba Pertussi, de Los Violadores, de Sumo (y no digan en Las pelotas y Divididos porque me quedo seco de un ataque de risa acá mismo), de tipos que te podían contar una historia o poner en una letra sus lecturas, sus posturas filosóficas ante la vida, sus reinterpretaciones de otros géneros y cantar eso sobre un buen riff? ¿Dónde está le relevo de lo que eran y hacían Charly García, Andrés Calamaro y Fito Páez antes de empezar a dar pena? No existe. Y es una porquería no tener esa opción más que en el recuerdo. Siempre lo he dicho: me gusta el rock porque tiene ética y estética. Cando Cristian Aldana gritó en Contagiándonos... “La cumbia es una mierda” decía la verdad. Después el Inadi o algo por el estilo lo hizo retractarse pero ¿por qué tenés que retractarte de la verdad? ¿Estamos en la época de la inquisición? ¿O acaso la lógica de los diez mil millones de moscas es ley divina? La cumbia es una mierda y me violenta ver a chicos de 15 años bailándola y tocándola (porque, de yapa, al final del cumpleaños, hubo cumbia en vivo, porque decir música en vivo tratándose de cumbia sería ser inexacto como mínimo).

2.-Un par de días después hablé con un familiar de una paciente en el laburo. No suelo hacer eso porque suelo arrepentirme. Con en este mismísimo caso. El hombre, muy orgulloso, me contaba cómo, cuando otros nenes iban a buscar a sus hijos para jugar, los echaba y cómo enviaba a sus hijos los sábados a la mañana a una escuela de gendarmería, algo parecido a los boy-scouts pero militar. Yo debo estar mejorando mi cara de poker porque el señor seguía y seguía hablando sin reparar en mi desagrado respecto a lo que me contaba, a su idea de que ser padre es dejar a sus hijos en manos de milicos que les enseñen a “tener las uñas y el pelo corto, ser puntuales, obedecer, no andar tatuados o con aritos”, etc. Yo quiero que mis hijos sean felices, no que me hagan caso en todo, y menos que se cuadren en frente mío como si estuvieran en la colimba y mi papel como padre fuera hacerlos bailar. Y menos todavía me cabe que le entregues tus hijos a otro, quien sea, que les enseñe moral o normas de conducta: ¿cuál es tu puto papel como padre si le dejás eso a otro? Ser padre es llevar un balance (muy jodido de alcanzar con precisión) entre dar amor y enseñar conductas, entre dar confianza en la individualidad y enseñar a vivir en sociedad, ambas cosas, no podés dejar la mitad en manos de otro.

3.-Peeeeeeeeeeeeeeero... por más que quiera que mis hijos tomen sus propias decisiones, si el día de mañana uno de ellos se metiera en un grupo de cumbia en lugar de armarse una banda de rock o de punk, me sentiría muy mal. Conmigo. No me enojaría con ellos: me enojaría conmigo por haber fallado en algo y haber fallado muy feo. Porque uno quiere que sus hijos sean libres y felices peeeeeeeeeero eligiendo algo que nos gusta y que valoramos y que nos parece importante y constructivo (y ninguna de esas características se aplica a la cumbia desde mi punto de vista). Tampoco espero que todo el mundo lo entienda, tampoco espero que a todo el mundo un género musical le dispare ideas acerca de cómo criar a un hijo, pero yo, por lo general, parto del punto a y es muy difícil que termine en el punto b, por lo general me voy al carajo, mucho más lejos.

4.-Por ejemplo, tengo que decir que estoy de acuerdo con el padre del punto 2 en que estoy en contra de los tatuajes y los piercings pero no porque se vean mal o porque la gente decente no hace esas cosas, sino porque son conductas que están vaciadas de sentido. Hay culturas en las cuales los tatuajes y demás marcas corporales tienen, dicen o significan algo, acá, ahora, no sucede eso, los tatuajes y piercings son, como mucho, un intento de inscribirse dentro de un subgrupo social determinado, como tener tal peinado o tal ropa o escuchar tal música, o, si intentan darle un sentido, suele ser desde el desconocimiento casi absoluto (como cuando Sheldon de TBBT le pregunta a Penny por qué se tatuó el kanji de “sopa” en la cola y ella le responde que no, que esa letra -ese ideograma, en realidad- significa “valor”).

5.-Me pasa algo parecido con los nombres. Mis hijos se llaman Lucía Camila y Santiago Emanuel, sin haches, sin i-griegas, sin ese-haches o cualquier otra boludez. No son nombres yankis ni nombres inventados para hacerme el original. Tampoco nombres mapuches o de alguna otra vertiente autóctona. Odio todo eso. Odio que las personas de clase baja le pongan orgullosos nombres yankis a sus hijos como si eso los acercara la país que tiene tanta responsabilidad en el hecho de que ellos se caguen de hambre. Odio que tipos que si se cruzan a un mapuche por la calle se pasan a la otra vereda le pongan a sus hijos Nehuén o Ailín. Cuando creía que mi abuelo materno descendía de araucanos me planteé ponerle un nombre indígena a alguno de mis nenes, pero cuando me enteré que nada que ver lo descarté porque es otra forma de impostación, de moda o de ponerse del lado de los “buenos”, de los “nobles” (¿se nota que odio esas actitudes, no?), muy parecida a las frases del tipo “uno de mis mejores amigos es judío/negro/homosexual” o lo que sea: “está todo bien con los indígenas, de hecho, le puse un nombre mapuche a uno de mis hijos”; me imagino a alguien diciendo eso mientras recibe un mail confirmando su compra de un terrenito en la cordillera que antes era una reserva y ahora se lotea “para los amigos”.

6.-¿Estoy orgulloso de ser descendiente de españoles? No. Tampoco me avergüenzo. Es algo que no tiene nada que ver conmigo. Es algo que simplemente pasó, o pasa. ¿Estoy orgulloso de ser argentino? No, la verdad. Menos todavía en estas últimas semanas, cuando gracias a los Juegos Olímpicos tengo que aguantar ver por televisión a un ser despreciable como Maradona haciendo su negocio, llevando al rebaño de la nariz, vendiéndole cosas con la excusa de defender la nacionalidad y demostrando que nunca ha existido el patriotismo sino sólo el patrioterismo. ¿Qué siento acerca de Argentina? Una gran felicidad de vivir acá, pero por cuestiones fácticas, no saco ninguna conclusión moral o relacionada con mi propio valor como ser humano del lugar en que nací. Soy feliz por vivir en un lugar cuyos mayores peligros (al menos del '83 para acá) son la devaluación y la inseguridad, que, comparado con las hambrunas de ciertos países de África o las guerras permanentes de ciertos países de Medio Oriente, es un paraíso en la tierra. Nada más.

7.-Otra charla, con un médico, una persona mayor a la que le tengo mucho respeto intelectual, pero que está vez creo que se equivocó. Cuando le presenté mi teoría acerca de la argentinidad repitió esa famosa frase de que lo único malo de Argentina son los argentinos, cosa con la que tampoco estoy de acuerdo porque si tu lugar de nacimiento no te hace mejor que nadie, por simple lógica, tampoco puede hacerte peor que nadie. Además, y esa fue mi respuesta y con eso lo dejé sin réplica, tanto el hambre como las guerras son acciones humanas, decisiones humanas, no es que se juntan las nubes y llueve hambre o llueve guerra, hay seres humanos detrás de esas catástrofes y, si lo pensamos un poco, personas que se dedican a hambrear a sus congéneres y a desatar guerras por ego o codicia no deben ser mejores que nosotros y nuestros coterráneos.

8.-Y juntando todo (la música, la argentinidad, el arte en general, las ilusiones de pertenencia, etc.), hay muchas cosas que nos vemos casi obligados a valorar, artísticamente hablando, porque son, por ejemplo, una forma de expresión de las clases bajas, por intencionalidad moral o su finalidad social (como la murga, ponele), y está muy mal visto por la ¿mayoría? bienpensante que digas en voz alta que, en el arte lo malo es malo, que en el arte la intención no cuenta. Solamente un idiota podría decir que, artísticamente hablando, la murga es mejor o más bella que el ballet. Sus funciones sociales son totalmente distintas y hasta antagónicas, de hecho el ballet puede no tener función social alguna y puede ser usada como impostación, como ilusión de pertenencia a clases socioeconómicas superiores, pero como arte en sí, como actividad productora y comunicadora de belleza estética, no tienen comparación. Me hace recordar a un documental que vi en I-Sat (ojo con los documentales de I-Sat, que hay cosas buenísimas) que hablaba del ascenso y caída del brit-pop y decía que en Inglaterra la gente prefiere a Oasis sobre Blur porque los integrantes de Blur eran “nenes bien” y los de Oasis de clase trabajadora, cuando estéticamente tampoco hay comparación: Blur hace música (en el sentido en que los Beatles hacían música, sin ceñirse a un género específico), casi no tienen dos canciones parecidas, mientras Oasis tiene un solo tema largo cortado en cuatro discos. Es como si acá algún imbécil dijera que la Mancha de Rolando y la Bersuit son mejores que Soda Stereo y los Redondos por el solo hecho de alinearse en el palo de la argentinidad recalcitrante. Y de hecho debe haber algún imbécil que lo diga. O varios.


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Tuesday, July 31, 2012

Virales


Pasé todo el día con cosas que pusieron en mi cabeza y que no deberían estar ahí, al punto en que no pude dormir y tengo una sensación de inquietud cercana a la desesperación. Precisamente por eso voy a cortar la cadena acá y no seguir esparciendo esas imágenes. Tal vez las vean, pero no será mi responsabilidad.
Hay una enseñanza detrás de esto, sacada a medias con mi hermana Ariadna (o copiada de ella, en realidad): si de verdad hay un demonio, una fuerza del mal absoluta, un grupo de vampiros alienígenas que se alimentan de nuestras emociones negativas, como sea que lo nombres y cómo sea que lo imagines, lo mejor que podemos hacer es no tener emociones negativas (tristeza, rabia, envidia, codicia), eliminarlas en la medida de nuestras posibilidades. Eso es hacer guerra de guerrillas: herirlos con nuestra bondad y nuestra felicidad pequeñita, hacer todo lo posible para que nuestro círculo inmediato, nuestros seres queridos, sean felices y, aunque así esas “cosas” no sean menos poderosas, provocar al menos que la cuota de poder que podrían sacar de nosotros les falte, negársela.
Nuestras única arma, o tal vez nuestro único escudo, es la cantidad de bondad que podamos generar y de felicidad que podamos tener dentro. Así de pelotudo como puede sonar.
No sé si eso es la verdad, pero es la verdad que yo elijo.


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Va de películas


Como en estos últimos meses he leído muy poco, casi nada que no sea lo que me piden en la universidad, no hay mucho para comentar y criticar, pero he estado viendo muchas películas. Hago un recuento rápido:

50/50
Buenísima, una de las dos o tres mejores películas que vi en lo que va del año. Joseph-Gordon Levitt y Seth Rogen son una garantía (algún día voy a hablar de las pocas comedias que me gustan, un par de ellas con Seth Rogen). El guión es muy bueno y me hace acordar a lo que estoy estudiando en Literatura Española porque no es una tragedia ni una comedia, es una tragicomedia en toda regla, mezcla de ambas cosas (como diría Fernando de Rojas), o un retrato de lo que sucede en la vida misma (como diría Lope de Vega).
Párrafo aparte (por eso cambio de párrafo) para Anna Kendrick, que hace un personaje adorable en el sentido absoluto de la palabra. Ya a mitad de película lo único que te preguntás es si tendrá una hermana, porque querés que se quede con Joseph-Gordon Levitt pero al mismo tiempo querés una igualita para vos.
Es la historia de un chico de 27 años a quien le diagnostican cáncer, un cáncer jodido. Y te reís a carcajadas la mitad de la película. Lo dicho: una tragicomedia en toda regla.

Atando cabos (The shipping news)
Película rara. La vi en tres partes, cuando llegaba a la mañana del laburo. La tengo hace años pero nunca la había visto hasta ahora. Lo más parecido a una definición que puedo dar, a una de esas mezclas hollywoodenses que definen una trama uniendo dos conceptos (tal cosa meets tal otra) sería: Cien años de soledad en Alaska.
Acá también hay actores que son garantía de calidad: Kevin Spacey, Julianne Moore, Pete Posthelewite. Está Judi Dench, pero con Judi Dench me pasa algo raro: cuando la veo se me aparece en la mente la reina de Inglaterra de Shakespeare Apasionado y no puedo sacarmela de la cabeza, no le creo otro papel. No debe pasarle a todo el mundo, porque la señora ha hecho mil películas después de esa, pero a mí me la arruinó como actriz.

John Carter, entre dos mundos
Buenos efectos especiales. Buenas actuaciones; no descollantes, pero tampoco es para vomitar. Un par de conceptos copados. Pero muy dispersa, muy “en el aire”, o sea, sin una compenetración real con los personajes, a nivel humano, lo que provoca que, con tanto discurso explciativo, tanta referencia a ciudades marcianas con nombres raros y gobernantes con nombres raros peleándose entre sí, te lleve al borde de la falta total de interés.
Dos momentos copados: el final, que me hizo acordar mucho a Haz que el tiempo se detenga, película romántica de los 80s con Christopher Reeve, más conocido como el mejor Superman del cine (aunque en ese caso la amada estaba en el pasado y no en otro planeta); y cuando John Carter recuerda la muerte de su esposa e hija mientras usa esa rabia para destrozar un ejército marciano (aunque uno se pregunta para qué tanto recuerdo si al final se va a quedar con Dejah Toris).

Sherlock Holmes, Juego de sombras
Sigue la regla básica de las secuelas: más. Más personajes, más acción, más tiros, un plan maligno más ambicioso. Y, por desgracia, más humor. Es como Arma mortal 4, donde los chistes opacaban por completo a la acción. Y eso no me gusta mucho. Parece como si el argumento, los enigmas, todo, fueran meras excusas para mechar chistes. Y no demasiado buenos. El único “más” que le faltó a Guy Ritchie fue más efectividad a la hora de hacer reír, si es que lo que pretendió fue hacer una comedia. Y sino, debería haber bajado un cambio con el humor.
Para rescatar: muy buen uso del pensamiento anticipado de Holmes, que se mostraba un par de veces en la primera película. Acá se hace lo que se debe hacer en estos casos, cuando la fórmula ya está probada: torcerla, modificarla, mostrar otras aristas. Dos de los mejores momentos de la película se dan cuando sucede precisamente eso.
Jude Law la descose, y Robert Downey Jr. demuestra que ya no le queda dignidad por perder en lo que se refiere a compenetrarse con un personaje. Eso sí: el villano anterior, interpretado por Mark Strong, tenía diez veces más personalidad que este Moriarty. Una pena.


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Saturday, July 28, 2012

Batman: El caballero de la noche asciende - de Christopher Nolan


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Acabo de ver el cierre de la trilogía de Batman de Christopher Nolan.
Me emocionó a todos los niveles imaginables.
Estuve a punto de llorar un par de veces, pero ni de tristeza ni de felicidad sino de emoción.
Dudo que alguien que no ame a la idea del héroe (el super- es un agregado) lo entienda, pero igual les puede parecer una muy buena película.

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Saturday, July 21, 2012

El día del Jucio – de Alan Moore


Compré (bastante caro) un tomo de Recerca y Aleta que recopila la miniserie Jurgement Day de Alan Moore, Rob Liefeld y otros. Fue una decisión difícl, no sólo por el precio sino porque, por un lado, es un guión de Alan Moore y, por el otro, son dibujos de Rob Liefeld. Es como si te dieran a probar el vino más exquisito del mundo en una copa hecha de moco solidificado... si me perdonan la imagen mental.
Pero Alan Moore es Alan Moore y además en internet me fijé que ahora el tomo está todavía más caro que hace un mes, cuando lo vi por primera vez, así que era una de esas cosas de ahora-o-nunca.
Por ahora llevo leído sólo el primer capítulo y no es una genialidad ni nada parecido, pero lo que me pegó fue el título. Uno está acostumbrado que El Día del Juicio sea una metáfora que refiere al Juicio Final, al Fin del Mundo, pero Alan Moore pega el volantazo menos pensado y el Día del Jucio es simplemente el día del jucio, es el día en que se lleva a cabo el primer jucio por asesinato a un superhéroe del universo Awesome, el universo de una de tantas editoriales que Liefel llevó a la ruina. Y eso es buienísimo. Lo que Moore hace con el nombre, quiero decir. Y que las editoriales de Liefeld terminen en la ruina también, dicho sea de paso.
Me refiero a que las metáforas se fosilizan mucho más rápido que los huesos de dinosaurios, después de un par de lustros ya pierden su cualidad poética, son un signo lingüístico más, con la misma monovalencia que cualquier palabra del idioma. Entonces muchos pretender devolver al concepto su cualdiad poética y significante a fuerza de inventar nuevas metáforas, pero no, es caer en la misma trampa de nuevo. Lo mejor, lo más poderoso, lo más chocante (de una buena forma, de la manera correcta) es devolver a las palabras su significado original, desmetaforizar, en lugar de cubrir la idea con un manto de nuevas metáforas. Eso genera el mayor coeficiente de extrañamiento, que es precisamente lo que se busca.
Y no sirve sólo para los títulos de miniseries de comics, sirve para cualquier cosa que escribas.


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Anonymous – (o la redención) de Roland Emmerich


Shakespeare da para mucho. Por lo menos da para ser el tema central de dos de mis películas favoritas (ésta de la cual hablo y Shakespeare in love, o Shakespeare apasionado, como la tradujeron en Argentina) y es uno de los personajes recurrentes en uno de mis comics favoritos (Sandman). Y todos tratan más o menos el mismo tema: quién era Shakespeare, de dónde sacaba sus ideas y por qué un día dejo de escribir y volvió a su pueblo natal a vivir en el anonimato y morir.
Shakespeare es en sí mismo una paradoja: un vacío de datos biográficos sustentado en la masa más apabullante de genialidad literaria que se pueda imaginar. Shakespeare es un poco como Borges en el sentido de que casi todos saben quien es pero casi nadie lo leyó, y también es un poco como Borges porque leerlo es una mezcla de felicidad estética absoluta mezclada con la pena y la rabia de saberse incapaz de llegar nunca a esas alturas, a esos niveles de virtuosismo y a esa posibilidad de maravillar sólo con palabras. Y algo de esa sensación se expresa en la película, representada por el coro de escritores que, en el teatro, observan sus obras y las comentan.
La teoría de que el autor de las obras que se le endilgan a Shakespeare fue un noble, un erudito, es conocida y se presenta a pocos segundo de iniciado el metraje, así que no estoy destripando la trama ni adelantando sorpresas. Pero el guión da un par de giros más que entran en el terreno del melodrama y llevan la historia a lugares insospechados que es mejor preservar. Es un guión inteligente y similar a un rompecabezas, que entrelaza la política, el romance, la mera venganza por odios antiguos, el adulterio, las mentiras y secretos, y se debe estar bastante atento a la hora de verla para poder relacionar todo a la primera.
Después de melodramas de ciencia ficción (Stargate, Día de la Independencia), melodramas patrioteros yankis (El patriota) y melodramas obre el fin y el principio de la humanidad (10.000 AC, 2012, El día después de mañana), Roland Emmerich ha hecho por fin algo que requiere un poco más de atención, en varias acepciones de la palabra. La reconstrucción de época es maravillosa, aunque falla en los planos abiertos de las ciudades y castillos (se ve a la legua que es CGI) y en la única escena de “acción”, donde los varios fogonazos de mosquete parecen salidos de una película de tiroteos militares de Michael Bay, pero en general es un film de lo más digno.
Lo que sí es extraño y descoloca es la ambientación contemporánea del principio y el final: la película abre y cierra con las palabras de un actor/especialista o lo que sea, declamando acerca de la vida de Shakespeare dentro de un teatro. No es que esté mal. Al principio funciona. Al final es lo más anticlimático que he visto en mi vida, no tanto por las palabras de hombre sino porque la película, cabalmente, cierra con el público poniéndose de pie y yéndose, lo que queda horrible. Y el otro detalle negativo de ese marco contemporáneo es que no se sostiene a lo largo del relato: la película empieza y termina así pero en el transcurso de la película no se vuelve a tomar contacto con ese plano temporal moderno, no vuelve a aparecer, no hay nada, ni una voz en off siquiera, que nos  recuerde que supuestamente estamos viendo una representación mediatizada por la voz de un tipo canoso y barbudo con pinta de profesor de literatura jubilado que miraba con mayor atención a sus alumnos que a sus alumnas.
Pese a sus errores, el film suma muchos puntos por el tema, por tratarse de Shakespeare, y por dar una explicación inteligente de quién pudo haber sido y un pantallazo de sus obras y de la reacción del público ante ellas.
Shakespeare es un grande. También es algo así como un cliché y una marca registrada, pero no hay que dejar que eso empañe su grandeza. Quien lo lea va a conocer la diferencia entre un autor que merece su gloria y otro que la compró con favores o fue elevado por simpatizantes o amigotes con poder para imponer un canon.
Léanlo. Es imposible que se arrepientan.



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