Saturday, May 16, 2015

Cunnington Cola – publicidad esquizofrénica


Cada vez somos menos raros los bichos raros que elegimos Cunnington Cola”.
Propaganda que marca de alguna forma el ascenso de los nerds y los freaks al poder, que ya se venía perfilando a través de las remeras, de las referencias culturales, del éxito de las películas de ciencia-ficción y superhéroes, de las series como Freaks and Geeks o The Big Bang Theory, que retratan la vida de los que antes, y cada vez menos, eran outsiders, descastados, parias, motivo de burla y lástima. De mi gente.
Los bichos raros somos ahora una porción importante de la sociedad de consumo, y no sólo eso sino que además somos una meta a alcanzar, un ejemplo a seguir.
Pero no tanto.
Y de eso se trata la publicidad de Cunnington Cola.
Está bien ser un bicho raro pero hasta por ahí nomás.
La que va es ser un bicho raro que, gracias a la magia de la normalización por masividad, es cada vez menos raro.
Entonces esa propaganda, mediante un giro poco evidente, no le habla a los bichos raros. A un bicho raro la idea de normalización y masividad no puede sino revolverle el estómago. Le habla a los otros: a los normalitos que quieren ser freaks y nerds porque ahora está de moda. A los que se vieron las seis películas de Star Wars en una noche y se las dan de fans hardcore, con remera y sable láser y una alcancía de Dart Vader que grita “Yo soy tu padre” cada vez que entra una moneda. A los que aseguran que en el Sector 2814 hay un solo Green Lantern. A los que creen que Who es el apellido del Doctor y que se recibió de médico en Gallifrey. A los que se fijan en la MTV antes de decir qué bandas escuchan pero usan mucho las palabras indie y under.
Los bichos raros nunca vamos a ser menos raros, por configuración genética, por imposibilidad ontológica, y por una irrevocable decisión consciente. Harían bien en saber eso los publicistas.

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