
Muy buenos deseos para todos, y nos vemos durante el 2009.
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Las historietas se hacen por ensayo y error. En todas las entrevistas a dibujantes que he leído, los artistas hacen hincapié en la necesidad de hacer varios bocetos previos de las páginas o portadas para ver qué funciona mejor y recién después atacar la página definitiva. No sólo eso sino que (como demuestran las imágenes de arriba) una vez hechos los dibujos definitivos, muchas cosas se pueden añadir, ocultar o mejorar, cortando, pegando, cubriendo con corrector o lo que sea.
En marzo del año que viene, para mis 31, planeo empezar a postear una miniserie de 5 números, mi primera incursión de largo aliento en los comics, más allá de historias cortas que he hecho esporádicamente y que están en los posts iniciales del blog. Y en ellas va a haber bastante papel cortado y corrector, de eso estoy seguro.
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Una de las cosas que más admiro de mis guionistas de comics favoritos (Alan Moore y Grant Morrison, sobre todo) es la facilidad con la que dejan fluir las ideas, sin guardar nada para después. No sólo es admirable por el solo hecho de la productividad de su mente sino, lo que me suele caer bien de las personas en general, de la actitud que hay detrás: los tipos no tienen el más mínimo miedo de quedarse sin ideas, saben que si hoy desperdician una geniliadad, manaña se les va a ocurrir otra mejor. Creo que esa seguridad es lo que te lleva a seguir escribiendo. Si pensás que mañana no se te va a ocurrir nada mejor que lo que escribiste hoy, tenés dos opciones, o guardas tu "obra magna" y no la mostrás a nadie para que no te la roben, o la publicás y dejás de escribir.
Yo me decantaría por dejar de escribir.
Abajo de pestas líneas, les transcribo la descripción de Alan Moore para el primer cuadro de la página que está al principio del post, como para ilustrar mi posición.
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“En cuanto al detallamiento de los guiones de Moore, te pondré un ejemplo con su descripción “parcial” de la primera viñeta de la página 17 de este número.
“Más allá de los pájaros vemos la parte de atrás de un típico banco de parque inglés, situado a un lado de un camino y mirando justo frente a nosotros. Está hecho de madera y hierro forjado, y está pintado de verde oscuro. Parte de la pintura está desconchándose y hay graffitis por todo el banco... No podemos verlas ahora, porque probablemente el banco está situado bastante lejos, pero tené en cuneta para futuras referencias que hay pintadas como Arsenal are wankers (“Los de Arsenal son unos pajeros”), nombres de chicas como Debbie, Tracy, Jackie y Sue, a veces unidos a nombre de un chico (Kevin, Troy, Sean, etc.) por un númoer 4, como por ejemplo “Debbie 4 Kevin”. También hay pintadas políticas... una simple cruz en un círculo, a veces con las letras B.M. o las palabras “British Movement” al lado, o el casi ubicuo símbolo del National Front, el Frente Nacional, que consiste en la unión de las iniciales N y F de tal modo que las barras horizontales de la F surgen directamente de la segunda línea vertical de la N, convirtiéndolo en un símbolo que cualquiera de esos descerebrados racistas víctimas de la falta de educación y recortes similares en los presupuestos del estado puede dibujar hasta con los ojos cerrados. Las palabras I.R.A. o “Provos” también suelen abundar. El caso es que, sentados en el banco, tenemos a los dos personajes de negro, el hombre y la mujer, y los dos nos dan la espalda, por lo que no les vemos la cara. Están sentados de forma muy rígida, anormalmente rígida. Parecen demasiado estirados y formales, como para que sean dos personas sentadas de forma casual en un banco, y en todas las viñetas producirán una sensación de rareza.”
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FUENTE: Miraceman n° 7 – Editorial Forum – 1990(Se han adaptado algunas palabras al español rioplatense)
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A medida que vas excavando en las influencias de los autores que te gustan (músicos, cineastas, dibujantes, lo que sea) llegás a conocer y valorar a aquellos de quienes tomaron su inspiración y sus ganas de dedicarse a eso que al final fue su carrera. Hablando de dibujantes de comics, uno de los artistas a los cuales llegué por recomendación de otros artistas de Joe Kubert. Fundador de la primera escuela de historietistas en norteamérica, Kubert es una leyenda en su campo. Aparte, se nota en seguida que es un genio, alguien dotado desde el nacimiento con una facilidad extraordinaria para dibujar.
Tengo un libro suyo en el cual enseña a dibujar, y una de sus lecciones es hacer varias veces la mísma página o la misma portada, para ver qué elementos funcionan y cuáles no. Pero es obvio queuna vez que ha decidido la composición y repartido el peso de la página, dibuja a mano alzada, sin boceto previo sobre la hoja. No sé cuántas personas pueden hacer eso.
Lo único que me molesta esque gran parte de su carrera la ha dedicado a dibujar comics bélicos (como el de la imagen más arriba), y me pregunto si el tema en el cual se ejercita el arte de un genio que admirás te permite criticarlo de forma negativa o si hay que valorar el arte por encima de la historia a la cual sirve.
Tal vez él ni siquiera quería dibujar comics de guerra, tal vez era lo que se vendía en esa época y no había otra opción. No sé. Debería averiguar.
Como el libro me pareció muy bueno, compré todo lo de Wilcock que fui encontrando, y en las vacaciones me llevé para leer El templo etrusco. De nuevo la primera impresión fue decisiva. Un libro que comienza: “Como la plaza era redonda, el Concejo Municipal había decidido construirle en el medio un pequeño templo etrusco” no puede ser malo.
A partir de ese inicio tan simple, absurdo y prometedor, la trama nos lleva por decenas de catástrofes que ocurren en una cuidad donde todas las personas responsables se han ido de vacaciones, dejando a un hombre inexperto, idealista y decidido con la misión de construir un templo y al mando de tres negros en estado de salvajismo preadánico, que sólo siguen sus instintos para olvidar al segundo, entre risas, las barbaridades que cometen.
En el libro, las escenas están repletas de tierra y agua, de excavaciones e inundaciones. Así también quedó el libro, después de que Lucía le reventara encima un globo de agua y lo tirase repetidamente al suelo. Pensé en prenderle fuego alguna esquina para que tuviera el honor de haber sido vapuleado por los tres elementos (el aire mucho no le hace a un libro, creo).
El libro es excelente en sus extremos. En la mitad decae. Sube hasta alturas inimaginables en un capítulo que cuenta la excavación con el lenguaje y los procedimientos orales de las epopeyas antiguas, y después se torna de lo más aburrido en unas postales fumadas que pretenden ser una especie de descenso a los infiernos, sin demasiada gracia. Al llegar a ese punto estaba ya decepcionado, pero entonces volvió sorprenderme con el siguiente fragmento:
Cuando sintió que estaba a punto de morir, la señora mandó a llamar a su hijo y le dijo sus últimas palabras:
“Quiero transmitirte mi sabiduría, tal como me fue transmitida por mis padres.
“Debes darle una forma a tu vida, y para darle una forma debes seguir las reglas.
“Las reglas cambian de un lugar a otro, pero una vez que has elegido un conjunto coherente, el conjunto vale en todos los lugares.
“Estos conjuntos de reglas tendrán validez mientras existan hombres sobre la tierra; no porque detrás de ellas haya algo que las gobierne, sino porque se gobiernan solas.
“Quien no da forma a su vida es como un animal, y es tratado como tal, con la desventaja de que no es un animal; pero las formas conocidas son muchas, y no nos corresponde a nosotros juzgarlas.
“Las reglas se gobiernan en la lengua, que es común a todos, y por lo tanto también son comunes las reglas; solamente cuando cambia la lengua, cambian las reglas.
“Debes decir siempre la verdad, o sea llamar agua al agua, y de las cosas que no se ven ni se tocan hablar los menos posible. El hombre que miente ha renegado de la propia lengua y por eso vive entre tinieblas, acosado por los espectros y los dragones de las lenguas inventadas. Tampoco debes darles a los nombres abstractos una realidad concreta.
“No debes tratar de imponer tu opinión –por más natural que sea el querer imponer el propio criterio– porque todas las opiniones son combinaciones de palabras, elegidas al azar en el libro de las palabras, y frente al diccionario tienen todas el mismo peso.
“La belleza y el bien no existen por sí solos, sino que son los hombres los que deciden en cada época y lugar qué es lo bello y qué es lo bueno, y no nos cabe a nosotros refutarlos: si quieres llamar noche al día deberás emigrar a una región donde llaman noche al día.
“El hombre y la mujer son diferentes, según las costumbres de cada lugar.
“Cuando esté muerta aún podrás encontrarme, pero sólo en los labios de los otros y en el desordenado libro de tu memoria.
“Nada sabes ni puedes saber de los vivos si no es a través de sus señales, y con mayor razón digo lo mismo de los muertos.
“No pidas amor a quién no lo recibe de ti, ni regalos a quien nada has regalado.
“Nuestra única posesión es nuestro cuerpo con su intelecto, y todas las demás posesiones son agregados incómodos y pérdidas de tiempo.
“No creas que si dos veces una legua suma dos leguas, doscientas veces una legua suma doscientas leguas, porque no puedes medirlas con tus pasos, y lo mismo vale para todas las cosas que no podemos medir directamente.
“No te alejes demasiado de la tierra, que es tu madre, ni de la sociedad de los hombres y de las mujeres, que son hijos de tu madre.
“Desprecia todo honor que no sea el de haber dicho siempre la verdad, y si la suerte hace de ti un esclavo, sé un esclavo alegre y veraz, y serás la envidia de tu amo.
“No busques el dolor físico, que puede mellar tu intelecto, pero no temas a la muerte, que no puede mellar tu intelecto.
“Tu muerte es una palabra que pronunciarán los demás, como la mía ahora.”
Hace unos años murieron, con diferencia de dos meses, mi abuelo y mi viejo. Uno, incluso en momentos así (o, tal vez, precisamente en momento así) se pone a pensar en cómo lo afectan las vidas de los demás, y lo que yo le reprochaba a mis mayores que habían muerto era el hecho de no haberme dejado pistas, al menos sus hallazgos provisionales (equivocados o no) de qué era la vida. Yo creo que eso es una construcción de generaciones, que dejándonos nuestras pobres seguridades vamos a ir haciendo que nuestros descendientes entiendan cada vez mejor qué carajo es esto de vivir y ser humano.
Parece que no soy el único que piensa eso, y los escritores solemos poner en el papel lo que no hemos tenido, no hemos recibido o no hemos dado en la vida real.
Y le agradezco a Wilcock por eso.
Foto excelentemente encuadrada tomada por Lucía (que tiene sólo 3 años) de CFC leyendo a Wilcock en un camping de Junín de los Andes.