Segunda colaboración con Marcelo Sinistri, para la revista digital Dibujando Comics número 3.
Literatura - Historietas - Etc.
Un nombre que elegís es una promesa que hacés.
Saturday, July 20, 2019
Wednesday, July 17, 2019
Iniciación - Historieta
Historieta guionizada por CFC y dibujada por Marcelo Sinistri, publicada en el número 2 de la revista digital Dibujando Comics.
Friday, June 15, 2018
Ars Combustia
La
idea del fuego es polisignificante. El fuego puede serlo todo, está
en el extremo más positivo y en el más negativo, en la chispa de
vida y en la más absoluta desaparición de todo lo que existe. El
Manifiesto de Ars Combustia, que se repite en cada número (¿hace
cuánto que nadie había escrito un manifiesto literario? ¿aunque
fuese en joda? ¿y estamos seguros de que el Manifiesto de Ars
Combustia fue escrito en joda?) utiliza muchos de esos significados
latentes y potentes: desde la
posibilidad de inflamar el corazón de los lectores hasta la
recomendación ¿irónica? de usar las hojas del fanzine para
encender el fuego del asado.
Me
críe entre fanzines. Fui adolescente a finales de los 80s-principios
de los 90s, y los fanzines estaban muy presentes en los círculos en
los que nos movíamos mis hermanos y yo.
En
esa época existían muchas formas de comunicación escrita en
formato papel que hoy languidecen a un paso de la extinción (modo
viejazo activado). Los flyers, por ejemplo. No se trataba de
volantes, que es en realidad la traducción literal: las propagandas
impresas entregadas por una rotisería, una distribuidora de ropa o
un parque de diversiones, para publicitarse y tentarte a comprar o
asistir con descuentos y promociones. Los flyers eran casi lo mismo
pero del palo del rock. Si tocaba alguna banda de la zona en un
sucucho medio escondido entre locales de tatuaje y bares, el papelito
que te lo comunicaba era el único con derecho a llamarse flyer. Como
un evento en facebook pero en papel.
También
había cuadernos en los que las chicas de secundaria le escribían
poemas, pensamientos, deseos, historias, a sus amigas o compañeras.
Como los estados de facebook o de whatsapp pero en papel.
Y
había fanzines.
Mis
hermanos menores tuvieron sus primeras bandas a los 13-14 años.
Bandas de punk. Resaca Crónica y Anda la Osa.
Obviamente, al menos una letra “A” de cada palabra eran una A
anarquista, con las líneas rectas extendidas hasta salir del círculo
que las contenía/realzaba. Y cada una de esas bandas vino acompañada
por un fanzine. En los recitales se podían conseguir fanzines de las
diferentes bandas, que hablaban de música, política, literatura.
Algunos con recortes de diarios, dibujos, poemas. En determinado
momento, uno de los cajones de ropa de la habitación que compartía
con mi hermano se llenó de fanzines provenientes de varias ciudades
del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, entregados en mano o
intercambiados. Creo recordar que también llegaron algunos por
correo.
Yo
estaba metido en las historietas, gracias al boom que generó la
aparición de varias series de DC en kioscos, publicadas por
editorial Perfil. Soy de la Generación Perfil, de eso no queda duda.
Estaba asociado al CDC - Club de Comiqueros de Rosario, quienes
publicaban su propio fanzine, que me llegaba a vuelta de correo.
También tenía amigos por carta. Como los mails o el messenger, pero
en papel.
Los
gustos musicales de mis hermanos evolucionaron a la par de su
capacidad musical, lo que les permitió tocar temas de más de tres
acordes. La casa se llenó de grunge y Kurt Cobain pasó a ser el
faro musical y vital. Pero los fanzines siguieron bastante tiempo
más. Hasta que un día desaparecieron.
Por
lo tanto, es mucho el cariño que le tengo a esas hojas fotocopiadas,
dobladas y engrapadas. No sólo por la nostalgia que despiertan y el
vínculo emocional que representan, sino también porque soy un
enfermo del papel y un enfermo de las cosas hechas a pulmón, así
que es lógico desde todo punto de vista.
Pasó
mucho tiempo sin que viera un fanzine, hasta que el año pasado
encontré en San Martín de los Andes un ejemplar de Ars
Combustia, que se autodefine como Fanzine de literatura breve
pero en realidad es un fanzine de humor y literatura. Lo de la
brevedad viene dado naturalmente por la escasa cantidad de hojas con
las que cuenta (lo que en las imprentas antiguas sería un pliego,
ocho carillas).
Ars
Combustia es una de las cosas más divertidas que he leído
últimamente. El fanzine está claramente dividido y organizado: las
páginas interiores contienen poemas y microrrelatos, algunos buenos,
otros no tanto, y las exteriores soportan (es decir, brindan soporte
a) todas las limaduras que se les ocurra incluir a Miguel Selser y
Matías Castro, pergeñadores y perpetradores de la criatura. A
través de la portada, los datos de edición, las propagandas, las
falsas cartas de lectores y los avisos clasificados apócrifos han
creado, como ellos mismos lo señalan en el número 3, un “pequeño
universo autorreferencial” que crece y se alimenta con el paso del
tiempo, y convierte a las secciones que deberían ser meramente
informativas, un empaque formal digno de ser pasado por alto en una
revista común, en la parte más atractiva, efectiva y casi diría
adictiva del fanzine.
El avance de las vías de comunicación, las quejas por las
propagandas del número anterior, la mención número a número de
Los que esperan el alba de Noemí Ulla, las puteadas a Rolo
Tomassi, los Retro-spoilers para millennials, todas las actividades
en las que dicen participar y en las que inexorablemente “se arma
quilombo”, la saga de Tengo miedo torero de Pedro Lemebel,
son chistes que funcionan por adición y se hacen cada vez más
efectivos. Me reí solo y a las carcajadas releyendo todos los
números para preparar esta reseña.
El
escritor y teórico del cyberpunk Douglas Rushkoff diferencia la
internet basada en el texto de la internet basada en la imagen (un
blog de instagram, hablando en plata). Lo que está apoyado en el
teclado de lo que está apoyado en el mouse. Lo que te lleva a leer y
sacar conclusiones propias de lo que te hace mirar imágenes que caen
dos segundo después en la intrascendencia. Para mí un fanzine,
mucho más un fanzine literario, con su superpoblación de letras en
relación a las imágenes, por otro lado grises sobre papel granualdo
y no de colores deslumbrantes en hojas satinadas que hieren los ojos
de brillo, son un blog pero en papel.
La
materialidad es en realidad lo que más me gusta de Ars Combustia,
y me da incluso un poco de pena que el fanzine se pueda leer en la
web e incluso descargar en pdf (en la página
https://arscombustia.wordpress.com/).
Preferiría que fuera algo irrepetible, anclado en un momento y un
lugar, algo que, si no se experimenta en su fugaz tiempo de
existencia, desaparece, se pierde. Algo bueno y efímero, que arde en
lugar de desvanecerse.
Tuesday, July 18, 2017
Wednesday, July 05, 2017
Tuesday, May 23, 2017
Que la piedra no haga ruido
Hace
unos días leí las declaraciones del sofista Alejandro Rozitchner,
insultando a Luis Alberto Spinetta y a los artistas en general,
llamándonos ilusos, resentidos, demagogos, estúpidos (de muchas
formas elípticas y laterales, como corresponde a un cagón) y
presentándose a él mismo y a sus secuaces (en el sentido jurídico)
de Cambiemos como los capos que entienden qué es y cómo funciona la
política.
De
todas las aristas de este suceso tragicómico elijo tres:
Primero:
los artistas son la consciencia de una sociedad, le muestran lo que
está mal, lo incómodo, lo incomprensible, lo que excede las
posibilidades o las ganas de la sociedad de conocerse, de mirarse en
un espejo. Lo mismo sucede con los filósofos.
Pero
hay que darse cuenta de que, por un lado, hay artistas y, por otro,
hay personas que son buenos artesanos en su rubro (gente que escribe,
gente que pinta, gente que aparea notas con cierto ritmo, que hace
“pop para divertirse”, como diría Capusotto) que no son
escritores ni pintores ni músicos porque les falta la dimensión
personal, álmica, espiritual de la creación. Son artesanos pagos
que se venden al mejor postor. Recuerdo hace unos años el asco que
me dio leer una entrevista a Marcelo Birmajer donde el tipo declaraba
que él prefería que el editor le dijera acerca de qué temática
tenía que escribir sus libros porque eso le sacaba una preocupación
de encima. ¿Pero qué mierda? ¿Un escritor de verdad, con todo lo
que significa la palabra, puede estar de acuerdo con que otro le diga
acerca de qué escribir? ¡Ni a palos! Pero un simple escriba a
sueldo sí, y he ahí la diferencia. Por supuesto, Birmajer apoya al
Pro.
De
la misma manera, en filosofía nos enseñan que, por un lado, están
los filósofos (los “amantes de la sabiduría” según la
etimología de la palabra) y, por otro lado, los sofistas, que
vendían su capacidad para generar entimemas (silogismos impuros) y,
a sueldo de sus clientes en juicios públicos, doblaban la verdad
para hacerla decir lo que les pagaban para hacerla decir. Así que,
por favor, no vuelvan a arrastrar por el barro la palabra “filósofo”
aplicándola a Rozitchner: ROZITCHNER ES UN SOFISTA, un tipo que
dobla la verdad para beneficiar a sus clientes. Por favor, quedemos
de acuerdo en eso.
Segundo:
los artistas son los primeros en ponerse en la línea de choque
contra las dictaduras y las políticas que van en contra del pueblo.
En nuestra época moderna, la oposición a los gobiernos de derecha
ha estado siempre encabezada por actores, actrices y cantantes. Los
escritores son censurados y obligados a exiliarse todo el tiempo por
decirle al poder lo que no quiere oír pero, sobre todo, por desnudar
para el entendimiento del pueblo lo que el poder pretender mantener
cubierto, escondido.
Aún
más: en Argentina la relación de los artistas con el poder político
está siempre bajo la sombra de la dictadura. Cuando alguien me
pregunta por qué estoy visceralmente en contra de los militares
(como si alguien con sangre en las venas en este país pudiera no
estarlo) mi respuesta es clara: “Soy escritor. Si los milicos toman
el poder esta noche, mañana a la mañana yo y casi todos mis amigos
estamos desnudos, atados a una cama de metal, siendo picaneados”.
Macri
es la dictadura porque la dictadura fue cívico-militar y Macri es el
emergente político de esa pata cívica que probó suerte en las
urnas antes de salir con los tanques a la calle y, desgraciadamente,
gracias a la mitad de nuestros compatriotas, metió un pleno en la
ruleta de la democracia.
Así
que la relación de los artistas con la política, con el poder, con
los medios que se utilizan para cumplir fines económicos, no es
fantasiosa o simbólica como dice el sofista Rozitchner: es un
mecanismo de defensa. Estar contra el Pro es estar contra el verdugo.
Tercero:
no le demos más bola a Rozitchner. Sí, es un pelotudo. Sí, es un
cínico hijo de puta que se nos ríe en la cara porque cree que su
título universitario le da superioridad intelectual. Y es cierto que
los pelotudos te pueden dar rabia, vergüenza ajena, una
incomprensión que descoloca, pero, y acá está el quid: este
pelotudo en particular no puede hacer nada que nos perjudique
realmente. Los que toman las decisiones que nos arruinan la vida y
que hipotecan el futuro de nuestros hijos, son otros.
Las
palabras del sofista nos indignan porque ataca a personas y a ideas
que sabe son sensibles, se dedica a darle letra a otros para que la
cagada de risa general en nuestras caras siga y siga, pero el tipo no
tiene ningún puesto con posibilidad real de decisión desde el cual
pueda perjudicarnos de verdad. Puede influenciar a otros pelotudos
que le crean pero, ¿acaso eso cambia mucho las cosas? ¿Realmente
son recuperables a nivel intelectual las personas que se hacen eco de
las palabras de gente como Rozitchner? ¿Si no existiera este
pelotudo, acaso no hay otros pelotudos a los que estarían más que
dispuestos a escuchar y cuyas ideas estarían dispuestos a repetir
como loros amaestrados?
En
casi todas las comedias de acción hay una escena en la que algún
personaje quiere entrar sin ser visto en un lugar vigilado y, para
despistar, arroja una piedra lejos, para que los guardias vayan hacia
el ruido y le dejen el paso libre. Rozitchner es esa piedra. No
seamos boludos nosotros y prestemos atención al lugar donde está el
peligro real. Si una piedra cae en medio del asfalto pero nadie la
escucha, ¿realmente hace ruido?
Tuesday, December 06, 2016
Saturday, December 03, 2016
Qué me voy a gastar en explicarte... de Carlos Blasco
Qué me voy a gastar en explicarte que hace un par de años estaba
en una esquina de Neuquén fumando faso con el propio Emir Kusturica y su banda, si vos sos fan de Arjona... para qué te voy a contar que cuando vos "venías de vuelta" de comprar bomboncitos de licor, yo ya había caído en cana un par de veces por traficar poesía y algo más
en una patagonia tan grande que no cabría en tu cabeza de "jefa" de armario. Para qué te voy a explicar que llenábamos bares de Neuquén a Comodoro Rivadavia, (pasando por Chile)
rockeando hasta la mañana de dos días después acusados de alterar el orden público
y de acosar mozas de bares que al final se iban con nosotros y todo eso "con un libro en la mano", cuando a esa hora vos recién te levantabas en camisón
a barrer la vereda y regar tus plantas amarillas. Para qué te voy a contar...mejor quedate con esa imagen de ratón de biblioteca
que hiciste de mí, mejor quedate
en el molde,
vieja.
Carlos Blasco
Tuesday, September 06, 2016
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